Por Elisa García Bautista

Diego Enrique Osorno (Monterrey, 1980) es uno de los autores del México contemporáneos que se han dedicado a escribir libros que tratan la situación que prevalece en hoy en el país.
Es autor de Oaxaca Sitiada: la primera insurrección del siglo XXI, El cartel de Sinaloa, Nosotros somos los culpables: la tragedia de la guardería ABC, por mencionar algunas de sus obras. Sus textos han sido incluidos en antologías de Cuba, Estados Unidos, México, España y Venezuela, siendo traducidos al inglés, italiano, francés y portugués. Osorno ha sido nominado al premio Gabriel García Márquez, y recibió el Premio Latinoamericano de Periodismo Sobre Drogas.


La guerra contra las drogas en Estados Unidos fue diseñada y desarrollada con el objetivo de oprimir y controlar a las comunidades afroamericanas, dando paso al cierre de la frontera con México durante la administración de Gustavo Díaz Ordaz. México fue la primera nación en sufrir las ambiciones neoimperialistas de Estados Unidos, acentuando más el sufrimiento de la gente sencilla, la gente trabajadora, la gente más necesitada.


Es por eso que a partir de la supuesta guerra contra las drogas se consumen narcóticos en grandes cantidades, a una escala mucho mayor que cuando inicio la producción de la misma.
La frontera entre Estados Unidos y México no es una línea divisoria; es una marca que despacha el valor de las drogas, el desprecio y la muerte de la gente, siendo México el principal productor de víctimas inocentes.


En Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas se dan a conocer relatos de familiares que fueron víctimas de la guerra sin cuartel que se libró en México contra las drogas. Ante esta situación, se vieron en la necesidad de emprender una caravana que recorrió más de 11 mil kilómetros a través de 14 estados de la Unión American, haciendo escalas en 27 de sus ciudades que a su paso gritaron de dolor ante la situación tan desesperada que prevalece en la lucha contra las drogas, construyendo lazos con organizaciones de sobrevivientes y familiares de personas asesinadas, queriendo ayudar a detener tanta violencia.


Diego Osorno nos relata el viaje de la caravana, cómo ha tenido que sobrevivir tanto económica como emocionalmente y la manera en que han sido recibidos en los diferentes lugares, con la esperanza de sobrellevar todo el dolor que llevan a cuestas. Las marchas que se emprendieron por cada uno de los lugares recorridos fueron manifestaciones de dolor, de rabia, de impotencia ante la muerte injusta de personas inocentes, sentimientos sufridos sobre todo por los familiares que iban en busca de sus seres queridos y de una respuesta que les diera paz ante la impunidad de las autoridades encargadas de buscar a los culpables.
Eso buscaba la Caravana por la Paz, como fue llamada por las personas que en ella participaron. Buscaba una paz que mire a la vida en donde todos se respeten. Esa paz que se ha perdido en México, la que todos anhelan para vivir sin injusticias.


Javier Sicilia (poeta, activista y promotor de la caravana) retoma y explica la palabra paz: habla de la paz imperial, en la que predomina el más fuerte; la paz económica, que se convierte en violencia del despojo, alimentando la guerra; la paz del arrasamiento de la tierra.
Las crónicas de Diego Osorno llevan al lector a reafirmar lo que ya sabe, aquello sobre lo que nadie hace nada. Buscan un aliento de paz, haciendo énfasis en la lucha contra la guerra de las drogas, pero sobre todo en cómo se tiene que pelear contra la impunidad del mismo gobierno.


La gente más vulnerable es la menos beneficiada. Es gente que nunca iba a tener la oportunidad de ser escuchada; un pueblo pisoteado, herido, que vive con la incertidumbre del qué pasará más adelante; víctimas que viven en condiciones precarias, carentes de oportunidades para salir adelante .
Estas crónicas desamparadas reúnen experiencias y anécdotas de personas de diferentes orígenes pero con un mismo fin: dar a conocer las desgracias por las cuales fueron arrastradas por culpa de los arquitectos de la guerra contra el narcotráfico. ¿Cómo luchar ante el gran problema de las drogas?


Javier Sicilia (padre que también sufrió en carne propia la desaparición de su hijo, que fue devorado por la injusticia cometida) se convirtió en una figura emblemática y esperanzadora por su extraordinario trabajo con las personas que se han sumado hambrientas de justicia, constructoras esperanza para cambiar las cosas y que no se resignan, que dejaron de llorar en sus casas y salieron a la calle a reclamar justicia pasando por un proceso de construcción de estrategias que ayuden a luchar contra las injusticias del país.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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