¿Puede la trova ser un arma para defender a un bar de la barbarie?

En una noche de noviembre de 1994, en el interior de La Tumba, alrededor de 200 personas observan a una banda musical de cuatros chavos que tocan con armónica, dos guitarras y un bote de cartón a modo de tambor. El grupo, que fusiona rock, cumbia, raggamuffin y hip hop se llama El Gran Silencio. Casi nadie los conoce, pero calientan el escenario para luego dar paso a Jaime López, trovador de Tamaulipas que presenta su segundo concierto en Monterrey. Al terminar el show de los cuatro jóvenes, parte del público -al igual que López- quedan confundidos no sólo por la novedosa música, sino porque Tony Hernández, uno de los guitarristas de la banda, desocupa su instrumento y comienza a servir como mesero en el bar propiedad de Sergio Treviño. El lugar en el que El Gran Silencio hace sus primeros ruidos se llama La Tumba no por alguna ocurrencia funeraria, sino en honor al instrumento musical alto y ovalado de origen cubano que toca el dueño del sitio, un percusionista-rockero de cabellera larga y oscura, con un lunar en la frente al que se refiere como su tercer ojo.

Al dueño de La Tumba todos le dicen el Pájaro y existen dos versiones sobre el origen de su apodo. La primera es a causa de su enredada melena que asemeja un nido. La otra se remonta al tiempo en que estudiaba biología en la Escuela Normal Superior: un día, mientras estaba con sus amigos, vio volar un ave a través del plantel y dijo “mira, un pajaro”, sin acentuar la primera letra “a” y produciendo esa palabra rara cuyo sonido causó gracia. Superado el bullying, el “pájaro” consiguió la tilde que le faltaba. Como quiera, la metáfora es implícita: el Pájaro vigila La Tumba de El Barrio Antiguo, el único bar establecido en los 90 que en 2013 sigue abriendo sus puertas en el herido corazón de Monterrey.

Además de atender las mesas de La Tumba, el vocalista de El Gran Silencio fue cajero, barman y una especie de administrador que organizó tocadas con el Pájaro, a quien conoció años atrás en un taller de percusiones. Con el dinero de la venta de una combi y el préstamo de un amigo, entre los dos rentaron y arreglaron el lugar. La Tumba fue una segunda casa para El Gran Silencio: fungió como cuarto de ensayo, foro y sede de la presentación en 1998 de su primer álbum con la disquera EMI: el exitoso Libres y Lokos. Esa tocada rompió el récord de asistencia, por lo que abrieron una fecha más para los que no alcanzaron a entrar. En el lugar también trabajaron como cocineras la mamá y la hermana de Tony. Dicen que su especialidad eran los tacos de cochinita pibil.

Cuando se le pregunta a Tony por qué cree que el local que los vio nacer sí sobrevivió a la violencia que azotó a la ciudad, responde: “La Tumba nunca se envolvió en esa nebulosa de soberbia y egolatría que invadió a Monterrey durante años. No era un lugar para ir a perder el sentido, siempre fue más cultural, pero nunca elitista, podía ir gente de todos los estratos sociales y era muy libre. En sus 19 años de existencia nunca hubo sucesos turbios ni peleas”.

II

Hace 19 años, el 24 de junio de 1994, día del cumpleaños de Tony Hernández, se inauguró por primera vez La Tumba en un local que antes ocuparon el Mesón del Gallo y el OK. Tres años después, el Pájaro decidió mudarse definitivamente a la casa contigua, al número 927 de la calle Padre Mier en El Barrio Antiguo. El sitio, antes de ser la sede actual de La Tumba, era una funeraria.

Los bares de El Barrio Antiguo no son los únicos lugares que se han visto afectados por la inseguridad en Monterrey: el negocio de las funerarias tradicionales ha disminuido, a pesar del incremento de muertes en los últimos años. Los buitres, personas que ofrecen servicios funerarios mucho más económicos les han ganado gran parte del mercado. Marcos, un buitre que ronda cerca del Servicio Médico Forense del Hospital Universitario, cobra siete mil pesos por un combo que incluye el transporte del cuerpo del difunto con su respectivo arreglo y maquillaje, un velorio en casa y un ataúd de metal particularmente simple. Los buitres no cuentan con estructura ni laboratorio pero llevan a los cuerpos a otras funerarias donde se encargan de embalsamarlos.

Instrumentos musicales, máscaras de figuras africanas y mexicanas colocadas en las paredes principales son parte de la decoración de La Tumba que luce un color ocre en la fachada. La primera habitación es conocida como “El Alebrije de Omar”, en homenaje a Omar Rivas, un cliente habitual de La Tumba que se hizo amigo del Pájaro y falleció en un accidente de carro en el 2003. Un día, mientras Omar conducía por la veloz avenida Constitución para dar vuelta en Revolución, perdió el control y se estrelló contra una columna. Su coche quedó dividido en dos. Murió al instante. Luego de su deceso, su mesa favorita quedó reservada durante un año sin que nadie pudiera sentarse en las sillas correspondientes, aunque el lugar estuviera lleno. Así concibe la amistad el Pájaro: nunca fue bueno para los negocios.

En la entrada se pueden apreciar posters de conciertos realizados en el lugar. Son de artistas como Lila Downs y Astrid Hadad, trovadores como Luis Eduardo Aute, Arturo Meza, El Mastuerzo, Alejandro Filio, El Grupo Pionero, Edgar Oceransky, Lazcano Malo, Armando Palomas y grupos de rock como Jumbo, Zurdok, Cabrito Vudú, Prófuga del Metate y La Última de Lucas. El cantautor Nicho Hinojosa, antes de ser famoso, amenizó durante mucho tiempo las noches en La Tumba.

Pese a su exitosa historia, durante los cuatro años recientes de la Guerra las cifras de La Tumba han estado en rojo continuo. Para ahorrar costos, el Pájaro se fue a vivir en 2011 a un pequeño cuarto situado en el segundo piso de su bar. Durante un tiempo, incluso durmió en la barra, en las sillas del salón o en el sillón de la entrada, hasta que consiguió un colchón inflable en el que pernocta a diario cuando se cierra la cortina metálica de su nido. Hace poco se inscribió en un gimnasio para ejercitarse pero sobre todo para bañarse. No hay regaderas en La Tumba.

Aunque la propietaria del local no le ha aumentado la renta, La Tumba sobrevive de milagro con la poca afluencia de personas que aún se atreven a salir en El Barrio Antiguo de noche. En realidad, sobrevive sobre todo gracias a la resistencia de su dueño que no cede en su afán de seguir promoviendo la cultura en la ciudad, albergar nuevas propuestas musicales y darle un espacio a la trova, ese género musical que algunos creen que ya se encuentra en peligro de extinción.

III

Sobre el escenario ubicado al fondo de La Tumba, en el patio, ataviada con un traje de monja se encuentra una mujer que roza los 40 años de edad. Jesusa Rodríguez, activista y performancera mexicana recita el poema Primero Sueño, considerado como una de las obras más importantes de Sor Juana Inés de la Cruz. Mientras pronuncia de memoria los 975 versos que componen el poema, comienza a quitarse las prendas hasta quedar completamente desnuda. El público, desconcertado y sorprendido a la vez, la observa con atención durante la hora y media que dura su presentación. Es el 13 de octubre de 2002. La Tumba, cuya leyenda es MusicAntro CultuBar, derivada de música, canto, antro, cultura y bar, sigue siendo un importante espacio para las diversas expresiones artísticas. En sus inicios, José Eugenio Sánchez  Chepe, poeta nacido en Guadalajara que reside en Monterrey, organizaba lecturas de poesía los martes en la sala principal del local. Exposiciones de artes visuales, presentaciones de libros, obras de teatro y performances también sucedieron ahí.

La cultura es parte importante de La Tumba. El Pájaro fungió durante nueve años como una especie de director artístico en el Festival del Barrio Antiguo organizado desde 1997 por Roberta Sada, hasta que el entonces gobernador Natividad González Parás trajo a Monterrey el cuestionado y polémico Forum Internacional de las Culturas en el 2007 y todo se fue al carajo.

La cultura como actividad persiste en Monterrey, sobre todo por los artistas y promotores independientes. Con la llegada en 2009 del actual gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, disminuyó aún más el presupuesto de Consejo para la cultura y las artes de Nuevo León (Conarte), institución encargada de impulsar el arte y la cultura en la entidad. Recientemente, Hugo del Río, escritor y ex jefe de prensa de esa institución, explicó que en la ciudad hay más interés por temas como el futbol y los espectáculos que por el arte. Cuando la violencia alcanzó su punto más álgido, en el periódico El Norte, el medio impreso más importante de la ciudad, se redujeron varias secciones entre las que destacó la sección cultural “Vida”, que ahora cuenta tan sólo con dos páginas, mientras que el suplemento deportivo “Cancha” tiene 20 de información, principalmente de Tigres y Rayados, el duopolio de la cultura local.

En televisión abundan los programas de telebasura: shows de baja calidad pero con alto rating que muestran a jóvenes atractivas con poca ropa, bromas y comentarios vulgares y despectivos, personas dispuestas a denigrarse y ridiculizarse en la pantalla. Entre otros, se pueden ver en la televisión local las Noches de Futbol conducidas por un ex comentarista deportivo de los partidos de los Tigres, Ernesto Chavana, quien tiene el más alto rating de la ciudad, junto con el programa Pura Gente Bien, conducido por el actor Poncho DeNigris, hermano de un afamado delantero de los Rayados.

Estos fenómenos mediáticos hacen pensar que en Monterrey predomina un público reticente a la crítica social y al activismo político. Pero fuera de la oficialidad, debajo de la superficie, hay todo un inframundo libre e independiente. El local de trova es un ejemplo de ello, aunque como todo en la ciudad, redujo al mínimo sus eventos culturales debido a la falta de asistencia y de presupuesto, durante estos años de guerra en los que pese a todo, La Tumba logró mantenerse en paz.

IV

A pesar de la lluvia que remató los últimos días del huracán Alex, el 6 de Julio de 2010 se llevó a cabo en La Tumba el festival Diez guitarras, diez voces. Fue la primera vez que diez destacados trovadores de México se reunían en un mismo lugar, en el centro de Monterrey. Aunque era poca la asistencia debido a la tormenta repentina de la tarde, los diez músicos, Edgar Oceransky, Jaime López, Paco Barrios El Mastuerzo, Lazcano Malo, Armando Palomas, Fernando Delgadillo, Alejandro Filio, Raúl Ornelas, Alejandro Santiago y Arturo Meza, fueron parte de uno de los mejores conciertos de trova de la historia.

La trova siempre ha sido fundamental en La Tumba. Se trata de un género musical que quizá tuvo mucho que ver con su sobrevivencia. Si el rock de los 80 era un género subterráneo, la trova lo era aún más, relata Jaime Arreola, cantautor con 25 años de trayectoria. En épocas del Renacimiento, un trovador era un poeta, un cantante que mostraba el mundo que vivía en sus canciones, la mayoría de las veces con mensajes cifrados para que los monarcas no los entendieran. Pero en la actualidad el género no tiene la misma fuerza, según Luis Carlos López, director de Cultura en Monterrey y autor de la antología de trova De la peña al antro. “En las canciones de trova actuales prevalece el tema del amor y el desamor, cuando se debería estar contando lo que pasa en la calle, en el país, en el mundo”, sentencia.

Actualmente subsisten cuando menos otros dos lugares que tocan trova en la ciudad, aparte de La Tumba: La Chunga y La Morena. Pero con el resurgir de El Barrio Antiguo, pronto reabrirá el foro La casa de Pancho Villa, cerrado en 2008 por el acoso de la violencia. A diferencia de lo que sucedió en antros aledaños donde no había trova, en La Tumba la mayoría de los parroquianos eran personas maduras que pasaban de los 30 años y consumían pocas drogas abiertamente.

Parecería que la trova salvó a La Tumba de ser blanco del acoso del narco que vivieron otros lugares emblemáticos de la cultura alternativa en la ciudad, como El Café Iguana.

V

El Pájaro nació en la tierra de Rigo Tovar. Sus papás se conocieron en Matamoros, cuando su mamá, Josefina Flores, originaria de Linares, Nuevo León, trabajaba de bracera en la pizca de tomate, y su papá Pablo Treviño, nacido en Laredo, Texas, era un ferrocarrilero. Al preguntarle si sus papás todavía viven, el Pájaro responde: “Según dios sí, según Marx no”. El Pájaro es un hombre difícil de explicar o de descifrar, dice su hija Kerime, de 24 años. Siempre ha hecho lo que le gusta; ha mantenido una familia haciéndolo. El Pájaro también tiene un hijo, Jorge, de 29 años, quien fuera encargado del difunto bar Clandestino ubicado también en El Barrio Antiguo, cuyo propósito era impulsar el reggae en la ciudad.

El Pájaro está separado de su ex esposa de 46 años, que también se llama Kerime.

La descripción que ofrecen varios de sus allegados y seres queridos varía poco. Para El Mastuerzo, ex baterista de Botellita de Jerez, el Pájaro es sensible, solidario y bromista, aunque tiene cara de malo. De hecho Kerime, su hija, relata que cuando ella tenía ocho años y oteaba desde las escaleras de La Tumba a los grupos y la gente que asistía, su papá contaba que la niña era un fantasma que rondaba por el bar, pues su sombra era lo único que se veía. Sergio Treviño es además maestro normalista de biología y actualmente imparte clases de historia tres días a la semana en la Secundaria 73 ubicada en Fomerrey 115, una colonia considerada como conflictiva .

En toda su historia, La Tumba ha tenido alrededor de 500 trabajadores, aunque actualmente son sólo seis personas las que laboran aquí: Coco, una chica que organiza tocadas con el Pájaro; Poncho e Isra, encargados de la barra; Dany es el cajero; el Mudo funge de mesero y es el comisionado de mantenimiento, y Doña Mary, la afable cocinera del lugar.

A pesar de que ciertas paredes en el interior de La Tumba comienzan a descarapelarse, que el equipo está muy gastado y la iluminación es escasa, el bar luce con cierto movimiento aún; en la tercera semana de mayo el miércoles hubo una tocada a beneficio del músico Alán Vega, un amigo del Pájaro internado en el hospital por un derrame cerebral; el jueves musicalizó un trovador local, mientras que el viernes tocaron las bandas de rock local Galactic Beans, Acril, Los Barragán, Dirty Wolfs, Los Chatos, Bello Público y Vonrat y el sábado, el cantautor Armando Palomas se presentó ante más de 100 personas.

El Gran Silencio también continúa presentándose en Monterrey y en otras ciudades ocasionalmente. Sin embargo, sus integrantes tienen proyectos alternos con los que también tocan en La Tumba: Campa formó el grupo Los Siriguayos, Carlos Hernández Cano, hermano de Tony, toca con su banda Capricornio Man, mientras que Tony es ahora acompañado por su esposa Vero Lazos, y por otros músicos en su proyecto de Hombre Lumbre. La Tumba ha formado muchos hijos pródigos, pero el más destacado, aunque estén lejos de la trova, es El Gran Silencio.

Sergio Treviño dice que mientras siga siendo su dueño, La Tumba se mantendrá en El Barrio Antiguo. Asegura que ya pasó lo más difícil. Está satisfecho de que su bar se haya mantenido en paz y con música todos estos años. Fue el único referente cultural que pudo sobrevivir a los peores episodios de la violencia y, ahora, La Tumba es como el nido de un pájaro: hay cautela pero también expectativa por lo que se avecina.

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