Un compañero me dice al finalizar la clase: “¿y no te aburres en Monterrey porque no puedes hablar de literatura? Es que sólo hablan de futbol”. Su pregunta-comentario realmente me agarró por sorpresa. Vaya que no esperaba que uno de mis coleguitas estudiantes de los Siglos de Oro me saliera con tremendo cliché. Mi reacción no habrá sido la más cordial, pues le contesté entre risillas: “tanto como hablan acá [Distrito Federal] de futbol, ¿o qué? ¿tú sí hablas mucho de literatura con tus amigos?”.

La siguiente sesión entendí que había sido evidente que me había caído remal su comentario, pues llegó con un documental sobre Alfonso Reyes que, dijo, me había traído de mi tierra para que la recordara.

Justo una semana después, en otro seminario completamente distinto, uno de los asistentes se aventó otra categorización algo ridícula de los regios. Estábamos en la hora de la interacción postseminario y pedí una cerveza y como ya llevaba algún comentario sobre los regios –y algunos mojitos– me adelanté y dije: “eso sí, soy bien cervecera”. A lo que añadió: “allá te hubieras pedido una Carta Blanca, es lo que toman”, porque después de vivir un par de años en Monterrey es lo que concluyó. Le dije que no y terminó acusándome de que renegaba de mis raíces. Y no sé ustedes pero siempre había pensado que se tomaba más Tecate e Indio que Carta Blanca, pero quién soy yo más que una bebedora de cerveza casual. Los demás compañeros de la mesa se unieron en coro a esa postura. Hasta me preguntaron que si sabía dónde estaba la estatua del Piporro y, como fui sincera y reconocí que no, pues ya se imaginarán. Claro que llegando a casa fue lo primero que busqué en internet.

A reservas de que se me acuse, por el contrario, de regiocentrismo –que ya sé habrá más de uno por ahí que salte con ello–, quería compartirles que estos dos episodios me asombraron. Llevo cerca de siete años sin vivir en Monterrey, ya tengo mis añitos, y es la primera vez que he escuchado y sentido comentarios prejuiciosos por y para mi lugar de origen.

Uno chilango, otro veracruzano –por si se lo preguntaban– pero eso no importa; ni tampoco importan los comentarios en sí, no son para tanto, simplemente me resulta curioso escucharlos justo en el momento en el que más consciente soy de la bandada regia que ha salido del estado y se ha afincado en el Distrito Federal. No me dejarán mentir esos acentos norteños que se escuchan en las calles defeñas cada vez con mayor frecuencia. En fin, sigo pensando que es un absurdo cliché de que somos odiados y entiendo que tuve la mala fortuna de toparme con personas que creen que un buen tema de conversación es ese.

Y aunque esto no es algo que se da específicamente contra los regios, es algo entre algunos grupos; en el caso particular que les comento, con seguridad no ayudan los paisanos esos que hace poco recibieron harta atención mediática por abofetear y golpear a un empleado de cierta aerolínea –aunque sí, reconozco que somos muchos los que compartimos su “odio”, incluida la tal Lady Senadora–.

Así que a la próxima esmérense, chavos, en sacar mejores temas de conversación con gente de un lugar de origen distinto al suyo y, si andan en un aeropuerto, cuenten hasta diez antes de decidir pegarle a alguien.

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