Por Gustavo Ibargüengoytia

Foto por Victor Hugo Valdivia (Comunidad trans en Monterrey)

Las ciudades también mueren. No mueren sus edificios, ni sus calles o banquetas, ni sus puentes, ni sus parques. Las ciudades mueren cuando su sociedad muere. La ciudad de Monterrey está muriendo.

La tanatología propone desde la medicina y la psicología que a los pacientes de enfermedades declaradas como terminales se les proporcionen cuidados paliativos. Este tipo particular de cuidados tienen como objetivo principal proporcionar comodidad, dignidad, y aminorar el dolor y malestar que pueda experimentar el paciente. Estos cuidados son especiales porque mientras los tratamientos médicos regularmente se enfocan en restaurar la salud del paciente tales atenciones existen para que su inmejorable situación sea lo más fácil y cómoda posible.

La muerte es un cambio de un estado a otro estado. En los seres vivos se habla de un estado animado a un estado inanimado. Un estado con espíritu a un estado sin espíritu. Si hablamos de seres no vivos el espíritu que lleguen a tener éstos, está sujeto a la capacidad que los seres vivos que habitan en ella le transmitan su propio espíritu, es decir que se lo compartan. Una ciudad que no permite que sus ciudadanos interactúen entre ellos y con la ciudad, es una ciudad a la que le falta espíritu y que, por lo tanto, está muriendo.

¿Qué significa que una ciudad está muriendo? Significa que su ciudadanía y sociedad (que a mi entender no son lo mismo) están en un periodo de cambio de estado. Monterrey era una ciudad cultural, social y económicamente muy activa. Ahora es una ciudad cuyo nivel de actividad en todos los ámbitos ha disminuido considerablemente. Esto, como las enfermedades biológicas, ha sido causado por una combinación de factores.

¿Qué hacer con una ciudad que está muriendo? Cuidarla con dignidad. Cuidarla con paciencia. Cuidarla con honestidad. Cuidarla. Hay que recordarle a la Ciudad que es hermosa, que es valiosa, que se le quiere por sus cualidades. Hay que aguantar sus espasmos, sus achaques, sus asuntos pendientes por resolver, y en medida de lo posible ayudarle a resolverlos. Hay que ser franco con ella y decirle lo que sí y lo que no está bien, lo que le está pasando y le va a pasar, no hay que ocultarle la verdad porque la verdad da paz.

Las actividades que diversos actores públicos, privados, y particulares han realizado en los últimos años para rescatar la ciudad del crimen, reducir la violencia, y retomar el control de la ciudad, son los cuidados paliativos que se le han dado a esta ciudad. Si establecimos que estos cuidados son para el bien morir, y que morir significa un cambio de estado, podemos concluir que estos cuidados tienen como principal objetivo cuidar y facilitar esta transición.

Desde que pienso en la situación a partir de esta perspectiva mi esperanza ha remontado. Porque nada es para siempre, ni lo bueno ni lo malo. La ciudad se transforma como consecuencia de las transformaciones ciudadanas y sociales, y estos cuidados paliativos a una ciudad en fase terminal ayudan a que esta transformación sea más digna, con mayor paciencia, y más honesta.

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