La amenaza de un aeropuerto que arrasará el ecosistema de Notre-Dame-des-Landes, ha convocado la resistencia y organización autónoma que se enfrenta a la represión del Estado.

Por Gerardo López 

Ilustración por Sin Fronteras Colectivo de la serie ‘No se olvida’

 

Notre-Dame-des-Landes, Francia. La amenaza empezó en los años 70, con la creación una ZAD Zone d’Aménagement Différé (Zona de Ordenamiento Ulterior, que dejó una superficie de mil 200 hectáreas deshabitada para la construcción del tercer aeropuerto más grande de Francia y el desarrollo de una nueva metrópolis. El abandono del proyecto permitió a la naturaleza retomar su derecho y se fortaleció un ecosistema de humedales que permite a especies amenazadas, como por ejemplo el Triton crêté (Tritón crestado), reproducirse en paz.

El proyecto del aeropuerto fue relanzado en 2003 por el alcalde de Nantes (capital de la provincia), Jean-Marc Ayrault, ahora Primer Ministro del nuevo gobierno socialista francés, que lo clasificó como de “utilidad pública”. En realidad no es otra cosa que un mega-proyecto que corresponde a la lógica sin freno de desarrollo destructivo del capitalismo. La empresa VINCI (constructora de obras públicas, de otros mega-proyectos, de transportes urbanos, de cárceles, etcétera) estrechamente vinculada al Estado francés, cuya existencia depende directamente del crecimiento urbano neoliberal, pretende asfaltar esta zona y sacar beneficios a espaldas de los campesinos y de las poblaciones locales, que verán su calidad de vida fuertemente afectada, desposeídos de sus tierras.

El nuevo proyecto dio lugar a una nueva ola de resistencia articulada entre políticos locales, el Partido Verde francés (EELV), asociaciones ecologistas, ciudadanos, campesinos y militantes radicales. Si los políticos y ciudadanos se caracterizaron sin sorpresa por su capacidad de “negociar” con el poder, a partir de 2009 cerca de 150 ecologistas radicales y anarquistas empezaron a ocupar esta ZAD, bautizándola “Zona A Defender”. Empezaron a ocupar las casas abandonas y a remodelarlas, a construir cabañas tanto en el suelo como en los árboles, montar huertos colectivos, una panadería, un bar, una tienda gratis. Esto permitió desarrollar una verdadera “Zona de Autonomía Definitiva” y articular una lucha popular con la población local. Además, esta zona fue lugar de encuentro para militantes de toda Francia (y Europa, en menor medida), lo que permitió una convergencia de luchas anti-desarrollo en contra de otros mega-proyectos (entre otros contra la construcción de una planta nuclear en Normandía y la línea de Muy Alta Tensión Cotentin-Maine, Trenes de Alta Velocidad).

Después tres años de ocupación y de actos de resistencia de todo tipo, el 16 de octubre de 2012, la policía y el ejército francés empezaron el ataque contra esta zona anticapitalista. Durante semanas desalojaron y destruyeron casas y cabañas de la zona. Mientras, los “ZADistas” resistieron construyendo barricadas en las carreteras y las terracerías para obstaculizar su paso. Las fuerzas gubernamentales no dudaron en usar la violencia, lo que en algunos momentos generó enfrentamientos con los ZADistas. La represión se fue incrementando cada día (presos, heridos), ya que el representante del Estado a nivel provincial pensó arreglar el asunto en pocos días. Desde el primer día fue lanzado un llamado a la resistencia y acudió gente de todo el país. Se amplió progresivamente la resistencia tanto en la ZAD como en otras ciudades a través actos de solidaridad (recolectar ropa, comida, herramienta para apoyar materialmente a la ZAD) y manifestaciones que se desplazaron hacia los locales del Partido Socialista. En paralelo. en todo el país se multiplicaron los actos nocturnos de sabotaje contra VINCI (publicidad en las paradas de autobuses, edificios, etcétera) y contra el Partido Socialista (pintada sobre los locales, vitrinas rotas, etcétera).

El gobierno francés sintió el aumento de la movilización y empezó a hablar de una minoría violenta antidemocrática, haciendo renacer el fantasma de una amenaza autónoma internacional. Del otro lado, los ZADistas que no esconden sus posiciones libertarias, así como los campesinos y la ACIPAAssociation Citoyenne Intercommunale des Populations concernées par le projet d’Aéroport de Notre Dame des Landes (Asociación ciudadana Intermunicipal de las poblaciones afectadas por el proyecto de aeropuerto de Notres Dames-des-Landes) argumentaron que el Estado no conseguirá dividirlos, lo que demostraron gracias a la manifestación de “reocupación de la ZAD” del 17 de noviembre pasado, en la cual se juntaron alrededor de 40 mil personas, entre ellos un bloque de 5 mil radicales y campesinos. Si la presencia de los partidos verdes e izquierdistas tuvo      que ver en el éxito (numérico) de esta marcha, nadie es ingenuo y desconoce sus estrategias de recuperación política. Después de realizar entrevistas con periodistas, esos políticos se fueron de la ZAD, mientras que ZADistas y campesinos, gracias a sus tractores, pudieron rápidamente reconstruir casas y cabañas, re-ocupando verdaderamente la zona. Las fuerzas policiacas no aparecieron en esta marcha, seguramente para no manchar a los políticos presentes, pero seguramente dentro de algunos meses, cuando se calme el interés mediático, volverán a pegar.

A partir de ese momento continuaron de manera puntual y “aleatoria” las acciones policiacas, las manifestaciones de apoyo a los presos y diversas acciones contra el proyecto. Con la mediatización de la lucha y la llegada del frío invernal, se volvió complicado para el Estado volver a organizar otro desalojo masivo de la zona. Mientras, los ZADistas siguen ocupando con casitas de campañas, construyendo cabañas y organizando la lucha en condiciones muy precarias debido al frio y a una lluvia incesante que genera enfermedades. El fuerte apoyo (material, financiero y humano) que reciben cada día con la gente de viaje, vecinos, habitantes del municipio y de todas partes, les permiten seguir adelante. El 5 y 6 de enero se organizó el “FestiZad”, cuyo objetivo fue recolectar fundos y aprovechar un momento de “tranquilidad policial” para convivir entre militantes y seguir informando sobre la lucha. A pesar de las condiciones climáticas difíciles y de la prohibición de la circulación de material pesado otorgada por la policía, el festival fue un éxito, con cerca de 8 mil participantes. Desde el 10 de enero circulan nuevas rumores de intervención policial…

El ataque de octubre, organizado por los capitalistas sobre la ZAD, se llamó oficialmente “Operación César”, no está mal recordar que el pueblito de Galo de Asterix nunca se rindió. La ZAD es libertaria y popular, y lo seguirá siendo.

Publicado el 11 de marzo de 2013 en Desinformemonos.

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