Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

Todos somos México. Todos. Desde el pobre más pobre hasta el rico más rico. Y cuando hablamos de política, podemos mencionar múltiples sinónimos y estereotipos negativos y banales, pero que, a final de cuentas, terminan por ser ampliamente acertados.

Desde niños vamos cultivando esta pésima imagen política como una vaga idea; durante las comidas domingueras con la familia, en la opinión de los otros niños y maestros de las escuelas, culminando con los todopoderosos medios de comunicación, que a veces, de tantas opiniones, uno ya no sabe ni en qué creer.

Entonces creces y mientras lo haces tienes la noción de que algo anda mal en el país. Algo. Aunque no sabes exactamente qué, o más bien, no te interesa. Después de todo, eres un niño y tienes la fortuna de poder pensar en otras cosas y pasar tu tiempo de reír, relajarte y divertirte con otras preocupaciones que pasan por nimiedades.

Eso hasta que de pronto eres mayor de edad y tienes que accionar el uso de tu voto, porque, sino lo haces, estás empeorando la situación que de por si ya es fea.

Pero, ¿de verdad sirve nuestro voto?

Con esto no quiero decir que nunca existió un hombre de principios sanos y justos, de intenciones buenas y con ganas de verdaderamente generar un cambio y con ello servirle a la gente. Porque esta gente existe, está allá afuera. Convive con nosotros, y a veces hasta pasa por desapercibida. Lamentablemente, no todas estas personas se dedican a la política. Y si se vuelven políticos o candidatos por algún puesto público, no ganan.

A lo largo de las últimas décadas se nos han brindado unas cuantas oportunidades para poder lograr el justo y esperado cambio. Desafortunadamente, los resultados dictaron otra cosa y es por ello que, para esta ocasión tan especial, he visto dos documentales que comparten la misma temática: El primero, Crónica de un fraude (1988) Salinas vs Cárdenas, de la productora Canal 6 de Julio, y Fraude: México 2006, del director Luis Mandoki, mejor conocido por su película Voces Inocentes.

Como sus nombres indican, cada documental nos adentra en el contexto que se vivió durante aquellas épocas no tan lejanas, en las que el pueblo abogaba por una mejora, conscientes de la tiranía del PRI y rechazando fervientemente cualquier otro rasgo de corrupción.

Durante cada elección había un candidato fuerte y muy querido por el público. En el caso de 1988 era Cuauhtémoc Cárdenas, encabezando el Frente Democrático Nacional y, en el caso del 2006 era Andrés Manuel López Obrador, de la Coalición Por el bien de Todos.

Cada uno de estos hombres era todo un fenómeno; un icono a destacar. La gente les aplaudía en multitudes, congregándose con el fin de escucharlos, ya que en ellos se depositaba su completa fe, la fe de que, con su victoria, se podría lograr un nuevo amanecer. Sin embargo, creo que todos conocemos la historia de ambos casos: a pesar de la polémica, estos candidatos no se volvieron presidentes de México.

Y por ello regreso a la pregunta que hice hace unos momentos: ¿de verdad sirve nuestro voto?

La respuesta directa sería que sí, sin dudarlo. El voto sí sirve, lo que no funciona son los que administran y realizan los conteos. Lo que no sirve es el sistema, podrido desde las raíces, porque aquellos que lo manejan saben que si permiten que la democracia exista en México, sus intereses correrán peligro.

Si la democracia fuera real en este país, no estaría escribiendo esto y la historia de México sería completamente distinta, más bonita quiero creer…

En el período electoral de este año, la situación se reducía a 4 candidatos, ahora 3 debido a la alianza erguida entre Fernando Elizondo y Jaime Rodríguez “El Bronco”, hombre que tras 33 años en el PRI se volvió independiente. Les confieso que yo, como muchísimos otros estudiantes, planeaba votar por Elizondo, pero ahora no tengo ni idea de a quién depositarle mi sagrado voto. Y esa es la peor de las cuestiones, que uno no sepa cómo resolver un problema de dicha índole.

En las últimas semanas les he preguntado a compañeros cercanos por la persona que votarían, después del nuevo panorama electoral. Unos respondieron, para mi sorpresa, que no piensan ir a votar, otros doblegaron ante El Bronco y el resto se encuentra en la misma posición que yo, en la incertidumbre.

Pero de algo estoy seguro: independientemente de nuestro voto, el futuro de México y de Monterrey, su salvación o respuesta, no se encuentra del todo en los candidatos, sino en la gente bien informada. Porque decepciones hemos tenido muchas, tragedias nos sobran y el resultado siempre es el mismo.

La verdad no me sorprendería que el PRI ganara (en México todo lo malo es posible), sobre todo por el video que muestra cómo los marcadores que se usan al momento de las votaciones pueden borrarse tan sencillamente como lo sería un lápiz frente a un simple borrador. (Así es, en pleno 2015, cosas tan aberrantes y descaradas como estas siguen sucediendo.)

Pero en fin, a pesar de mi incertidumbre, votaré, con la esperanza de que en unos años el país sea mejor y se recupere de tanta negatividad que no simplemente no se merece.

Para terminar, los invito a ver estos dos documentales, ya que son ejercicios muy buenos e interesantes, con mucha tela que cortar y que forman parte de la historia de nuestro país, a pesar de cómo se dieron los hechos. Y, gane quien gane en las próximas elecciones, recordemos algo: esta gente con poder no tiene la decisión final sobre nuestro destino.

El destino lo ejercemos nosotros mismos. Y si deseamos que nada mejore, perfecto, sigamos sin hacer nada. Pero si queremos proponer un cambio, entonces tomemos la iniciativa.

Vota. Sé mejor ciudadano, vecino y persona. Emite una crítica válida, respeta y recuerda que, si no eres parte de la solución, es porque formas parte del problema.

Después de todo, todos somos México.

Y por todos, me refiero a TODOS. Desde el pobre más miserable hasta el rico que no carece de nada. Desde el niño que desconoce las imperfecciones de su país hasta el ciudadano que recurre a la corrupción. Todos somos México y vaya que nos merecemos algo mejor que esto, así que hagamos algo para remediarlo.

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