Por Óscar Balderas

Un editor de la primera plana de un diario nacional puso en su perfil de Facebook una crítica de mi crónica sobre El Caimán, publicada en el periódico El Universal. Le llamó una mentira y en su enojo, se lanzó contra colegas que hacen un gran periodismo narrativo. Salpicó a Luis Guillermo Hernández, Diego Enrique Osorno y Alejandro Almazán. Sobre eso, quisiera hacer cuatro precisiones:

1. Defienden el periodismo de sillón. Les gusta sentarse cómodamente detrás de sus escritorios, recoger boletines, no mover un dedo más que para levantar el teléfono.

Desde ahí, descalifican al reportero que se mueve, camina, habla con la gente, acumulas horas de entrevista en la grabadora y hace guardias por una historia ¿qué tipo de periodismo es ese que no gasta las suelas?

2. Sólo entienden una historia desde la declaracionitis. Si un texto no tiene voz oficial, si no es palomeado por el poder político/económico, queda inmediatamente descartado. No importa que las víctimas hablen; si no hay un diputado, presidente municipal o empresario citado, no publican las cosas. Son adictos al boletín, a la voz oficial.

3. Si no viven en las ricas colonias Polanco, Lomas, Del Valle o Anzures, no tiene sentido hacer periodismo sobre ellos, ¿para qué gastar papel en historias que no van a llegar a suscriptores? Uno de ellos, quien edita la sección capitalina, dijo alguna vez “Óscar, honestamente, los pobres aquí no importan”. Les gusta el periodismo sólo con voz que escupa billetes mientras habla.

4. Les atrae el periodismo “objetivo”, porque escriben como objetos. Son periodistas-piedra, periodistas-lámpara, periodistas-cortina que no se atreven a opinar, a contar sus impresiones como testigos de una historia. No narran no porque no puedan, sino porque les da miedo salirse del guión.

Por mi lado, seguiré haciendo periodismo narrativo. Es lo más digno para esta profesión y lo único que nos salvará de ser reemplazados por boletines de agencia. Y agradezco mucho que aquél periodismo de sillón me relacione con los mejores periodistas de México. Esos tres son, para mí, mis maestros.

Comments

comments