Por Antonio Hernández

Contrario al discurso del gobierno de Nuevo León, las afectaciones derivadas por el derrame de petróleo hacia el río San Juan prevalecen. Una de las principales es la disponibilidad de agua para consumo humano de calidad aceptable.

Hace 10 meses, posterior al derrame, el gobernador de Nuevo León realizó una reunión para evaluar las acciones de limpieza en el río San Juan. En ese tiempo declaró que toda la red de agua potable en la zona afectada (comunidades alrededor de San Juan, Cadereyta), se encontraba libre de contaminación por hidrocarburos. Para confirmar sus dichos, bebió un vaso con agua, buscando evidenciar la pureza de esta.

Segmentos importantes de las comunidades afectadas no aceptaron esa propaganda teatral del gobierno de Nuevo León. De ningún modo aceptaron beber el agua de sus norias y llaves. Los testimonios de personas afectadas por la calidad del líquido son comunes. Afectaciones en la piel, dolor en vientre, fiebres y escalofríos, son algunos de los síntomas que muestran, y los relacionan con el consumo de agua contaminada. A esto, se añade las evaluaciones de calidad del agua realizadas por estudiantes del Tec de Monterrey, donde el resultado es que la misma presenta contaminación.

Un asunto es lo que en su propaganda refiere el gobierno estatal, y otro opuesto lo que realiza en las comunidades afectadas en Cadereyta. A pesar de que refiere públicamente que al agua es potable, Agua y Drenaje de Monterrey semanalmente distribuye agua en pipas, que residentes colectan en recipientes para su consumo cotidiano. La mentira queda en evidencia.

El tema tiene un componente de fondo. Naturalmente se entiende que el origen de la contaminación del agua (sobre la afectación al aire hare observaciones en una comunicación posterior) es la refinería que Petróleos Mexicanos tiene en el municipio de Cadereyta Jiménez, de Nuevo León.

Un aspecto es la ubicación de la instalación petrolera. Esa refinería se encuentra en una posición estratégica. Hay un punto en donde colindan las cuencas hidrográficas de los ríos Santa Catarina, San Juan y Pesquería. Esa zona no presenta arroyo o río ninguno, y previsoramente, no está sujeta a inundaciones por los flujos de las referidas cuencas.

El sitio en el que se encuentra la refinería implica consideraciones relevantes, que permiten entender la afectación ambiental a ecosistemas –río San Juan- y en la población que reside en los territorios aledaños a esta.

Seis cauces que integran la cuenca baja del río Santa Catarina tienen su inicio en el interior de la refinería. Es posible que estos den salida a sustancias contaminantes que sean vertidas a ese río, justo antes de su conclusión en el río San Juan. Esta valoración puede ser manejada como una eventualidad, porque no ha sido posible verificar en campo la información. Ingresar a la refinería es asunto prohibido a civiles ajenos a esa empresa.

Pero donde la posibilidad se torna realidad contaminante es en la cuenca del río San Juan. Tres cauces que forman a esta delimitación hidrográfica tienen igualmente su origen en el interior de las instalaciones de la refinería de PEMEX. Ubicada al extremo poniente, hay once estanques donde se da tratamiento a las aguas residuales resultado de los procesos implementados en esa instalación. Y los arroyos que “nacen” en esta zona, sirven para dar salida a los líquidos contaminantes de esa empresa.

Y esta salida contaminante de la planta de PEMEX no es asunto que corresponda a una posibilidad. En el mapa siguiente, se puede observar la ruta que tiene la contaminación originada en esa industria, hasta los arroyos que terminan en el río San Juan. A este último toca en dos sitios, siendo el primero el que descarga aguas residuales de la planta del municipio de Cadereyta Jiménez, y el otro, al que esta contiguo al panteón municipal Dolores (punto en el que llegó al río el derrame de hidrocarburos en el 2014).

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Imagen 1. Descargas de la planta tratadora de la refinería en Cadereyta Jiménez, Nuevo León.

Pero el desbordamiento de petróleo ocurrido el 2014 no fue el único acaecido en los meses recientes. Observando una imagen satelital del 23 de diciembre de 2014, se tiene que en esa fecha ocurrió otro derrame originado en la refinería de Cadereyta. Al estilo de infractores ambientales, que eligen fechas de vacaciones para realizar sus acciones contra los ecosistemas, en PEMEX, un día antes de la navidad del año 2014, expulsaron de sus instalaciones las aguas derivadas de sus plantas de tratamiento. Un regalo navideño para las comunidades rurales del municipio de Cadereyta, cortesía de Petróleos Mexicanos.

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Imagen 2. Descarga de la planta tratadora en la refinería de Cadereyta Jiménez (23 de diciembre de 2014).

La ruta contaminante de la refinería en Cadereyta hasta el río San Juan es de acuerdo al siguiente esquema. La planta tratadora, con sus numerosos estanques, realiza descargas hacia la cuenca hidrográfica del río San Juan, mediante los cauces que se originan al interior de la instalación, que prosiguen hasta el río. Otra vía que sirve para proporcionar flujo es la red de acequias que riegan los cultivos de naranja, como ocurrió durante el derrame del año anterior.

La información descrita fue definida en base a recorridos por tierra y percepción remota (imágenes de satélite y datos del INEGI). Lo que ratifica la calidad contaminante de las aguas que descarga la refinería son las observaciones en campo. Los dos puntos finales señalados –planta municipal de tratamiento de agua y descarga aledaña al panteón Dolores- presentan aguas fétidas y espumosas, con evidencia de líquidos aceitosos. Es la contaminación plena que degrada las aguas del río San Juan, las acequias que derivan agua para los cultivos de la población, y los pozos donde extraen el líquido para consumo humano.

Con esta situación, en las comunidades rurales afectadas, el derecho al agua no se cumple. Y la degradación que esta circunstancia pueda tener en ecosistemas o biodiversidad no está definida con claridad.

La responsabilidad de Petróleos Mexicanos en las afectaciones es directa. Es necesario que deje su discurso en el que descarga sus responsabilidades a elementos ajenos a su estructura (como la delincuencia organizada), y asuma mediante acciones la responsabilidad que le corresponde en el manejo favorable de los escenarios descritos.

Igualmente, el gobierno de Nuevo León debe garantizar que el derecho al agua sea cumplido a la población rural en Cadereyta Jiménez. En particular, a residentes organizados de las comunidades La Concepción y Pueblo Nuevo.

Quiero escribir, pero me sale espuma.

Así es el título de un libro de Gustavo Sainz. De ahí obtuve el nombre del espacio dentro del Barrio Antiguo donde se publican estas comunicaciones. Hoy supe de su muerte.

La lectura de sus libros siempre ha sido gozosa para mí. Mis primeras caminatas en Monterrey, siendo adolescente, conociendo por primera vez el centro de la ciudad, sirvieron para saber de las librerías de usado. Ahí compré una edición de Gazapo, publicada por Joaquín Mortiz. No sé si por coincidencia, pero cada tiempo que acudía por libros, encontraba publicaciones de Gustavo. Él es uno de mis autores predilectos.

En su memoria es el presente texto, que recoge información obtenida del trabajo en campo realizado con residentes de la comunidad La Concepción, en Cadereyta Jiménez, a orillas del río San Juan.

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