Por Víctor Hugo Valdivia

El fotógrafo Víctor Hugo Valdivia visita un campamento permanente de la comunidad lésbico-gay instalado frente a la sede legislativa estatal y retrata con su cámara y su pluma un inesperado e inspirador otoño en resistencia.

A Mario Rodríguez Platas le encabrona que los ciudadanos de Nuevo León no estén en la agenda de los diputados locales. Por esa razón montó un plantón frente al Congreso del Estado este frío otoño de 2013.

El defensor de los derechos de la comunidad Lesbiana Gay Bisexual Transexual y Travesti (LGBTT) decidió manifestarse luego de unas declaraciones hechas por el coordinador de los diputados de la bancada del Partido Acción Nacional (PAN), Alfredo Rodríguez Dávila.

Una pareja de lesbianas ganó un amparo federal para casarse en Nuevo León. El gobernador Rodrigo Medina comentó que su administración acataría la orden, pero sólo en este caso. Para cambiar la ley, dijo, habría que acudir al Congreso.

Ante el debate mediático, el diputado panista Rodríguez Dávila comentó que en la agenda legislativa del PAN y en su agenda personal no estaba contemplada la discusión del matrimonio entre personas del mismo sexo.

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El activista Mario Rodríguez Platas, detalla el motivo de sus exigencias.

Una semana antes de iniciar el plantón, asistieron al Congreso para comentarle a los legisladores que ya no querían que los agarraran como juego y les pidieron que se pusieran las pilas y que comenzaran a legislar, porque ya existen tres iniciativas de ley sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. Rodríguez Dávila les dijo que lo platicaría con su grupo y vería qué ocurriría.

Pasaron siete días, y al no obtener ninguna respuesta, Mario Rodríguez Platas y sus entonces compañeros de causa se plantaron frente al Congreso desde el 30 de septiembre para exigir que las nueve iniciativas de ley contra la discriminación, más las tres sobre el matrimonio civil igualitario que ya hay en el Congreso, se discutan y que todos los argumentos que tengan en contra se hagan públicos, no en corridas de pasillos ni presiones fácticas.

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El plantón que encabeza Mario Rodríguez Platas está instalado sobre la Macroplaza, entre el Teatro de la Ciudad y el Congreso del Estado, en el centro de Monterrey. Lo conforman dos carpas de lona blanca sostenidas por estructuras de metal. Una de las carpas es utilizada como una especie de oficina móvil en donde han colocado un escritorio, y encima de éste, carteles y papeles con información sobre las demandas de los manifestantes. También hay dos sillas replegables para que las personas interesadas en el tema o los curiosos que caminan por la zona turística puedan sentarse y escuchar cómodamente lo que Mario tiene que contar. Además, quien lo desee puede firmar las hojas en donde están contenidas las exigencias que serán entregadas a los diputados. La otra carpa sirve como dormitorio. Debajo de ésta han levantado una casa de campaña donde caben, a lo mucho, dos personas, con un sleeping bag y algunas cobijas desplegadas dentro. Frente a la casa de campaña hay una mesa cuadrada y pequeña, algunas frutas, dos sillas de campo, una lámpara fija de luz blanca y un televisor noventero.

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El plantón se mantiene instalado pese a la lluvia y al clima gélido.

Mario no está, pero, ¿en qué puedo servirte? Mi nombre es Juan Túnel.

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Para mantener un plantón, seguramente se ha de necesitar conocer bien el motivo por el cual te estás manifestando, ser consciente que estarás en un solo sitio durante horas, días, semanas o meses y, sobre todo, que se debe renunciar a muchas comodidades para lograr que tus demandas sean escuchadas y atendidas.

En Monterrey no hay antecedentes de plantones que se instalaran frente al Congreso, y para quienes lo están llevando a cabo en estos instantes es muy probable que les esté resultando difícil, pues las temperaturas elevadas de finales de septiembre, las lluvias de octubre y el clima gélido de finales de noviembre y principios de diciembre seguro son un gran reto.

Juan Túnel nunca imaginó que participaría en una manifestación, y menos que dormiría sobre el suelo durante más de 60 días de plantón. Túnel no es su apellido. Así lo apodaron los chicos gay pudientes originarios de San Pedro que visitaban el bar Túnel 21, del cual fue propietario y que atendió del 2005 al 2007.

—Yo no soy activista —me dice mientras permanece sentado frente a la televisión, acomodándose bien la cobija roja—, pero Mario y yo somos amigos. Él me invitó a participar en el plantón, y hoy ya se cumplen 57 días desde que lo iniciamos.

Juan me confesó que al principio no estaba muy bien enterado de lo que trataba el plantón, pero hoy, después de dos meses resistiendo las inclemencias del tiempo dentro y fuera de las carpas y tras escuchar los argumentos de Mario, siente que en Nuevo León y en México todas las personas deben tener los mismos derechos y ser tratados igualitariamente. Por eso ahora él también exige que las iniciativas de ley en materia de discriminación y matrimonio civil igualitario que están en el Congreso sean discutidas y analizadas por los diputados. Aunque Juan por ahora no desea casarse, lucha por que sus amigos que tienen pareja del mismo sexo y que desean hacerlo puedan contraer matrimonio y compartir sus bienes, los derechos de Infonavit, el seguro social o, en caso de enfermedad, que la pareja pueda tomar una decisión sobre el otro.

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Área de la macroplaza de Monterrey donde está instalado el plantón. Al fondo se observa el teatro de la ciudad.

El campamento recibe visitas constantes de amigos y conocidos de Mario y Juan para mostrar su solidaridad y apoyo. Quienes no han podido asistir enviaron sus saludos a través de videos, mandando a la vez la petición a los diputados para que legislen las iniciativas de ley en materia de discriminación y matrimonio civil igualitario. Son los casos, por ejemplo, de la cantante Astrid Hadad y la líder social Liliana Flores Benavides.

La segunda ocasión que estuve con Mario y Juan en el plantón, el frío también era intenso, pero esta vez no llovía. Por la tarde había recorrido junto con mi amigo y colega fotógrafo Edgar Montelongo el municipio de Santa Catarina en busca de algunos murales del equipo de fútbol Tigres para realizar una serie fotográfica. Por la noche, después de haber logrado algunas tomas, nos dirigimos al plantón. Juan estuvo recordando y compartiendo con nosotros las historias que le tocó vivir durante su época de bartender. Llegó de sorpresa un capitán de Protección Civil de Monterrey, amigo de Mario, para entregarle un par de cobijas. Platicó por varios minutos con Mario dentro de la carpa acerca de las demandas y exigencias, luego se despidió con un abrazo y se marchó. También llegaron Jorge Zapata y Daniel de la Huerta, dos chicos que desde hace siete años son novios y que han decidido casarse. Ellos me contaron que el pasado 13 de noviembre acudieron a la oficialía No. 4 del Registro Civil a dejar su solicitud de matrimonio y que están en espera del fallo. Jorge y Daniel saben que se les negará el permiso para contraer matrimonio, por esa razón ya contemplan llevar a cabo un proceso de amparo para poder casarse en Nuevo León. Comentan que, independientemente de la respuesta del Registro Civil o la posición de los legisladores del estado, ellos han fijado el 31 de agosto de 2014 como su fecha de matrimonio. Aunque el proceso puede ser tardado, no es difícil y puede hacerse.

Mario ha aprovechado bien la colocación estratégica de las carpas que conforman el plantón, pues es el paso de los diputados para entrar o salir del recinto legislativo. Cuando los ve pasar, los aborda para tratar de manera directa sus exigencias. Él siente que se han tenido avances y está seguro que sus acciones darán buenos frutos.

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Simbólicamente, el edificio del congreso de Nuevo León se tiñó de colores el día 65 del plantón, cuando se desplegó una bandera gigante del orgullo gay frente al edificio de los diputados.

Mientras tanto, el otoño ya está por terminar.

Parece que los excluidos del Congreso tendrán un largo invierno.

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