Por Antonio Hernández

Las declaraciones del gobernador electo para Nuevo León -Jaime Rodríguez Calderón- realizadas durante la campaña electoral en torno al proyecto hidraúlico Monterrey VI, fueron para expresar que de ser ganador, cancelaría esa iniciativa.

Ante la impertinencia del gobierno actual en Nuevo León, de impulsar esa obra a pesar de que existe información con escenarios escépticos para definir con paramétros económicos y ambientales la pertinencia de esta, sus dichos generaron una expectativa favorable, en la cual, el acueducto que llevaría agua de cuencas lejanas a las de Monterrey, no sería construído, y con ello, la depredación al presupuesto, y también las consecuencias ambientales, serían asuntos del pasado.

Todo eso parece que fue tema de mercadotecnia. Al tener la elección ganada, lo que antes era certeza declarativa, se ha vuelto errónea comunicación. Al grado de que ha llegado a decir que el proyecto debe ser evaluado por su equipo para decidir su implementación. O también que si el gobierno federal paga los miles de millones que implica su costo, la obra se realiza. Sintiéndose aún en campaña, pregunta en su red social a la raza que es lo que debe hacer con el proyecto.

Que decepcionante debe ser para todos aquellos profesionistas del área ambiental advertir que las posturas del candidato en quien confiaron para que los asuntos públicos fueran distintos, han perdido bríos. La traición al electorado en marcha, es lo que estamos observando. Si así es la tendencia en los tiempos previos al ejercicio del poder administrativo, la desilusión de los creyentes broncos ha de ser intensa.

La ilusión generada por la actitud reformista del entonces candidato también tuvo otros alcances favorables. En uno de los dos grupos que alcanzo a identificar, quienes se organizaron para la integración de una agenda ambiental para Nuevo León, los resultados obtenidos corresponden a un nivel de alto conocimiento. La propuesta entregada a Jaime Rodríguez por representantes de ese grupo, del que sobresalen profesionistas locales con niveles notables de entendimiento científico y experiencia, es un documento que tiene la información básica que se debe considerar para que el componente ambiental sea planificado y administrado de manera sostenible. Y a diferencia del otro contexto, el alcance de lo propuesto es hacia todo el estado, y no metropolitano, como es común que ocurra.

El conocimiento de algunas personas como Carlos Velazco, Antonio Moreno, Nahúm Sánchez, o Elsa Hernández, integrado en el citado documento, no debe ser desechado como las quizá cientos de propuestas de gobierno que Jaime Rodríguez recibió durante su campaña. Pero el reformismo, sin duda, no alcanza para tanto y todo. ¿Cuál es la realidad de esa propuesta, o hasta dónde es posible su implementación?

Alcanzar lo que ese documento señala requiere tiempos que el ciclo de nuestras vidas no alcanza. Hacerlo sería llegar a una etapa de ensueño en la que Nuevo León sería otro tipo de sociedad, evolucionada por sostenible. Pero tiene temas que son prioritarios, para los que no hay excusas que valgan. Si el próximo gobierno no atiende asuntos ambientales como el manejo y gestión del agua, la administración del Sistema Estatal de Áreas Naturales Protegidas, el tema de calidad del aire (contaminado a niveles paroxísticos), o la planificación adecuada del desarrollo urbano de la capital metropolitana y otras regiones, el desencanto posterior a la etapa prometedora de las declaraciones de campaña, será una realidad vigente durante los próximos seis años.

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