Por El Gato Raro

Llegamos puntuales a la función. Pasamos por la aduana, donde compramos palomitas, refresco, más palomitas y más refresco, todo en tamaño “el mundo se va acabar”, para luego sentarnos en el lugar que previamente nos habían asignado cuando compramos los boletos. Las películas infantiles, como las de adolescentes y adultos, se anuncian a cierta hora y comienzan 15 minutos después; son 900 segundos de comerciales, entre los que destacan en estos tiempos pre electorales los relacionados a partidos políticos.

En México, como en la mayoría de los países del mundo democrático, las personas adultas son las que tienen el derecho a votar, pero los niños mexicanos tienen que ver comerciales electorales cuando van al cine y por ende sufrir las imágenes de un elefante que está siendo golpeado o conocer la historia de una leona que tenía el cráneo roto mientras una voz y música dramática acompañan a la frase: “Por el maltrato a los animales, prohibimos el circo con animales”.

Es moderadamente comprensible que en las funciones de adultos nos pasen comerciales (pagar un boleto por ver una función no nos excluye de los anuncios, aunque debería), pues tenemos el poder adquisitivo y la libertad para comprar cosas, y algunos tenemos el razonamiento que nos permite, en caso de comerciales políticos, distinguir algún buen candidato o rayarle la madre en voz alta cuando piden el voto. Pero los niños tienen la ilusión de ir al cine a ver películas, pasarla bien, dejar de ser bombardeados por mensajes que sólo los distraen de una sonrisa, de un buen rato de esparcimiento.

Es muy incómodo ver cómo los niños que asisten a las salas con sus familias se tapan los ojos asustados cuando en el comercial del Partido Verde un elefante es golpeado para que camine o una leona moribunda pide agua con el cráneo roto. Son imágenes desagradables para mí como adulto, y estoy seguro de que para los infantes es una agresión a su integridad, a sus derechos como niño.

Ciertamente los padres tienen la opción de inculcarles valores que permitan a los hijos distinguir qué es bueno y qué es malo. Es a todas luces ilegal que un animal sea lastimado, pero la forma, el aprendizaje de este concepto no tiene que venir de un partido político que nos lo diga, y el cine tampoco es el lugar indicado.

Las dos principales cadenas de salas de cine en México deberían de prohibir los anuncios de todo tipo en las películas infantiles. Ya luego nos enfocaremos en exigir, como ciudadanos-clientes, que eliminen los anuncios en las otras películas, pues es una chingadera que después de cobrarte una buena lana por ver una película tengas que chutarte anuncios. Nuestro tiempo cuesta, y si quieren que veamos anuncios, ya que nos tienen sentados y vulnerables con la luz apagada, tendrán que pagarnos.

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