Halloween | La Muerte de Stalin | Si Yo fuera Tú | Te Juro que Yo no Fui | 1, 2, 3. ¡A la cama! | De libros, Amores y Otros Males | Enemigo Inmortal

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ ⋆ Deje todo y corra a verla

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ No se la pierda

⋆ ⋆ ⋆ Vale la pena

⋆ ⋆ Puede verla

No se moleste

Evítela como la plaga

El aperitivo

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ No se la pierda

Hasta que vi Halloween de 1978 dirigida por John Carpenter la semana pasada en el cine, comprendí por qué se ha convertido en todo un clásico de terror y un referente en el subgénero del slasher, y también de por qué Michael Myers ha sido considerado uno de los asesinos más temidos durante los últimos 40 años.

Así que era inevitable ir a ver la nueva Halloween (2018) y comparar ambas películas a 4 décadas de distancia, además de descubrir una sutil relación entre Halloween (1978) y Psicosis (1960), a propósito de la próxima retrospectiva de Alferd Hitchcock en el cine. Aquí el video de todo esto al momento de salir del cine: https://goo.gl/NKEkLD

El Entremés

⋆ ⋆ ⋆ Vale la pena

La Muerte de Stalin está anunciada como la mejor comedia negra del año, y no es para menos, pues de entrada hablar de un dictador como Stalin es hablar de uno de los periodos más oscuros de la ex Unión Soviética, además que la película no tiene recatos en ser cruda, dura y directa; algo que llevó a éste Cinéfago a describirla como una mezcla entre La Ley de Herodes y La Dictadura Perfecta, pero con todo el humor británico: sátiro, absurdo y negro.

En el inicio de la película hay un concierto de música clásica al mismo tiempo que Stalin cena con sus subalternos más cercanos. Cuando termina el concierto Stalin pide por teléfono una copia en audio del concierto, mientras aprueba los nombres de las personas que serán ejecutadas esa noche por ser consideradas ‘enemigas del estado’.

La combinación de una situación chusca como buscar a un director de orquesta en medio de la noche para repetir el concierto, alternada con imágenes crueles del Ejército Rojo sacando a personas de sus apartamentos para desaparecerlas, es el tono en que se desarrollará toda la historia, generando en el espectador una risa amarga no sólo por lo paradójico de las situaciones, sino porque en el fondo sabe que el México de hoy se parece tanto a la URSS de 1953: una nación en la que los poderosos buscan conservar sus privilegios a través de alianzas y traiciones en nombre de los “intereses” pueblo.

Aunque son actores ingleses representando a personajes soviéticos, es interesante cómo dibujan los juegos de poder en donde no siempre el que gobierna es el que mueve los hilos y los engranes de la maquinaria gubernamental, y donde uno no sabe en quién realmente se puede confiar a pesar de estar rodeado de “camaradas”.

El Plato Fuerte

⋆ ⋆ ⋆ Vale la pena

Si Yo fuera Tú es la nueva comedia romántica mexicana que viene a refrescar el subgénero de ‘intercambio de cuerpos’, el cual siempre ha sido ameno pues permite repasar los roles de alguien a través de la experiencia de otro, como por ejemplo: Un mismo amante que despierta en el cuerpo de una persona distinta (Cada día, 2018); una chica de campo en el cuerpo de un chico de ciudad y viceversa (Tu Nombre, 2016); dos amigos, uno casado y trabajador y el otro soltero y fiestero (Si fueras yo, 2011); el de una madre y una hija (Un viernes de locos, 2003); el de una chica cool en el cuerpo de un ladronzuelo (Este cuerpo no es mío, 2002); una chica en ella misma pero años más tarde (Si tuviera 30, 2004); un humano en un animal (Mi papá es un gato 2016); o la más similar a la que hablaremos: Ella en mi cuerpo y él en el mío (2006).

Contextualizada en una familia de clase media alta, donde él es publicista y ella una maestra de ballet, el intercambio de cuerpos se da en una noche en la que discuten sus roles dentro del matrimonio y en la que una mística alineación de planetas hacen que despierten uno en el cuerpo del otro.

Superado este episodio un tanto real maravilloso, toda la demás historia fluye de lo más ameno, pues aunque la actuación de Juan Manuel Bernal por momentos es estereotipada (el clásico amaneramiento), es la de Sophie Alexander-Katz la que demuestra un trabajo no sólo corporal sino actitudinal, pues logra realmente conversarnos de que ella es él, jugando y sorteando las diferentes situaciones que se desprenden de esta calamidad, zurciendo a la par una comedia de enredos que por momentos busca sí la risa, pero que en otros se arriesga a cuestionar ciertas improntas de género.

La más arriesgada creo, es la de la intimidad, pues aunque Claudia (Sophie Alexander), y Antonio (Juan Manuel Bernal) tienen sus altibajos maritales, siguen siendo una pareja sexualmente activa; intermitente, pero activa. Así que cuando ambos quieren intimar pero ya en cuerpos intercambiados, redescubren la experiencia sexual pero a través de un cuerpo nuevo, lo que primero los asusta y saca de onda, pero que en un segundo intento logran concretar gracias a una deconstrucción de género sobre todo de él.

A Antonio, que está en el cuerpo de su esposa Claudia, le saca un montón de onda tocar el pene (que es de él), y después, en este intercambio de cuerpos, ser él el que sea penetrado (¡Toma eso Octavio Paz!). La escena es demasiado sutil, pues busca plantear el dilema más que explotar el morbo de la situación, logrando que Antonio deconstruya su masculinidad al permitirse disfrutar del placer carnal a través del cuerpo de ‘su’ mujer.

La niña dark que tienen como hija, permite explorar lo roles que juegan madre y padre para con los hijos, y de cómo a veces la madre es estricta en unas cosas pero alcahueta en otras, y de cómo el padre el viceversamete proporcional.

Hay una nana que imprime y refuerza el elemento mítico de la situación, farseando el asunto de los rituales mágicos aparentemente tan anacrónicos, pero tan vigentes en los momentos de crisis donde la terapia psicoanalista parece fracasar; situación que refleja algo tan propio del mexicano promedio: recurrir a la medicina pero también a los remedios caseros.

Sin embrago en un pequeño epílogo de la película, hay una especie de giro de tuercas que parecen darle la razón a la parte clínica, pues tal y cómo se dice en una parte de la película, puede tratarse de una Trastorno Agrupado de Somatización, o no.

Y por si fuera poco la dirección está a cargo de Lubezki, Alejandro Lubezki, hermano de Emmanuel “El Chivo” Lubezki; así que si yo fuera usted, me aventaba a descubrir esta película que propone y al mismo tiempo cotorrea.

El Postre

No se moleste

Te Juro que Yo no Fui es la nueva película de la casa productora A Toda Madre de Aislinn Derbez y Mauricio Ochmann, quienes han encontrado el nicho de las comedias románticas como un medio para explotar más que para proponer.

La trama de esta película es tan básica que se vuelve una especie de La Risa en Vacaciones: Ludwig (Ochmann) se ve involucrado accidentalmente con Rebeca, una española a la que unos estereotipados árabes la estarán siguiendo en el Hotel Dreams de Isla Mujeres durante toda la película. La gran sorpresa es que Rebeca resultará una ladrona, pero del corazón de Ludwig, quien decide dejar a su esposa de cinco años por la española que apenas conoció.

Todo el asunto de vuelve caricaturesco, pues la película gira en torno a sólo eso, a los árabes siguiendo a Rebeca por todo el hotel: en la playa, en el lobby, los pasillos, la cancha de golf, el mar; una fiesta de disfraces y así, una y otra vez como un loop interminable del Coyote y el Correcaminos. Algo que también sucede con la música, donde una misma pista se repite, y se repite, y se repite…

Se trata de “aderezar” la historia con el personaje de una esposa celosa e histérica, que lo único que busca es que admiremos a Ariadne Díaz <3 en traje de baño mientras dice alguna grosería que busca la risa fácil. Y también hay una exnovia obsesionada, que lo único que demuestra es la obtusa y machista visión que tiene la película sobre las esposas y exnovias, haciendo ver al tipo como alguien atrapado y una víctima de su propio encanto.

Lo peor es que Ludwig se la pasa viendo cuerpos femeninos sin ningún recato (véase el “ingenioso” cameo de Aislinn Derbez en el tráiler), pero cuando por una suerte él se disfraza de mujer y un hombre le da una nalgada, se indigna y lo golpea. O sea que reprueba algo que también él haces pero de otra forma; ah, pero como es un músico reconocido de chelo quizá esté bien, sea normal y sea aceptable.

Tan consientes están sus productores (o capaz que ni cuenta se dan) de lo sosa de esta sexy comedia disfrazada de comedia romántica, que intentan imprimirle un aire de “elegancia” al tener un intro con música clásica y diálogos en inglés y alemán, pero aunque la comedia burda se (des)vista de seda, burda se queda.

La Gula

⋆ ⋆ Puede verla

De libros, Amores y Otros Males (The Bookshop) es bella visualmente, sobre todo por los paisajes. La librería que abre Florence Green (Emily Mortimer) al igual que sus vestidos es de lo más coqueta. Y pues para ponerle sabor a la trama habrá una ricachona que no le gusta la idea de la librería así que le pondrá todas las trabas posibles, sobre todo legales y burocráticas; y un misterioso hombre, misántropo pero bibliófilo, que hará de apoyo moral a Florence y un intento de algo más.

La película recae mucho en los diálogos que por momentos son tan correctos, tan educados, tan ingleses, que encapsulan la historia en una envoltura muy edulcorada que no permite del todo la empatía. De libros no se habla mucho, a excepción de Fahrenheit 451 y Lolita, siendo éste último el acabose en la moral del pueblo. De amores no hay mucho tampoco, y lo poco que hay pues como que no emociona. Y de males, sólo los que una librera puede tener y al que se suma un patán llamado Milo.

Sin embargo la película logra redimirse, pero ya casi al final lo que le resta impacto dramático. El golpe que recibe la protagonista la hace no sólo tocar el piso de la realidad, sino aterrizarla de una forma triste y dura, y aunque esperamos un final feliz, más bien nos queda un sabor agridulce, todo gracias a que se nos revela la identidad de la narradora y de su relación con la protagonista.

Y es que al igual que Florence cuando recomienda un libro, esta columna se da por bien servida con que al menos sólo una persona la lea. Esa es y será la mejor recompensa.

El digestivo

No se moleste

1, 2, 3. ¡A la cama! (Les Dents, pipi et au lit) es una comedia francesa que se malnutre del estilo norteamericano, algo que decepciona pues el protagonista, Arnaud Ducret, nos sorprendió gratamente el pasado 21 Tour de Cine Francés 2018 con su cinta Señor Sabelotodo, una historia similar en la que un solterón se tenía que hacer cargo de su sobrino con síndrome de Asperger. De hecho, se convirtió en mi favorita de las 7 películas del Tour.

De entrada la trama de 1, 2, 3. ¡A la cama! no es nada original, es una historia más sin nada que la diferencia del resto, sobre el solterón egoísta que aprenderá el valor del amor, la familia y la responsabilidad a raíz de una situación inesperada: niños en su casa. Todo es humor de situación y no se preocupa por presentar el cambio (gradual) de actitud del personaje.

Hay una parte en la que celebran Navidad y parece que estamos viendo una película estadounidense tal cual, y aunque la escena tiene un sentido en la trama, todo lo visual se vuelve genérico, volviéndola una película más. Y aunque por ejemplo se mofa del estereotipo del chico que alcanza a chica en aeropuerto, lo termina usando; lo que demuestra su poco ingenio.

Y bueno, eso sin mencionar que la traducción del título original sería: ‘Dientes, pis y a la cama’, pero quizá alguien tan mocho pensó que ‘pis’ era un título que podría pervertir nuestras mentes.

La Sobremesa

No se moleste

Enemigo Inmortal sorprende no por ser extraordinaria, sino porque tener como protagonista a un Jackie Chan de 64 años que al parecer tienen más agilidad que este Cinéfago.

El estilo de pelear de Jackie Chan es inconfundible y las secuencias de acción son muy su estilo, y es lo único por lo que se podría ver, pero la historia es tan absurda que termina siendo una película de serie B pese a tener una buena producción.

Una película solo para verdaderos fans del actor, pero que aun así el final les parecerá de lo más absurdo: un brazo que se regenera y que salva el día. Así que mejor espérela a que llegue al tianguis, porque mayor inversión no amerita.

Aun así, seguimos respetando y queriendo a Jackie Chan.

Por Josué Salvador Vásquez Arellanes

*Cinefágo: El que tiene el hábito de comer y devorar cine.

#SeValeLaGula

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