Notas sobre el desgobierno con pantallas

Ricardo Garibay

Ilustración por Haydeé Villarreal

I

Hablemos de cine y televisión Es decir, repitamos por enésima vez lo que por sabido debería callarse si las cosas, en cine y televisión, no siguieran reprobablemente idénticas a las de hace once años, cuando comenzamos a señalarlas como lacras sociales e índice de nuestra espiritual rudeza y dispersión Es decir, hablemos una vez más de cine y televisión desde el nivel de la calle —el que importa de veras—, sin pretensiones de “técnico en medios de comunicación masiva”, sólo con impaciencia, indignación y conciencia de ciudadano y a riesgo de quedarnos una vez más con las manos vacías, haciendo el bembo.

¿Por qué será que si un funcionario lee un artículo periodístico donde se le sugiere algo razonable y beneficioso para sus programas de trabajo, sigue de frente como si no lo hubiera leído, sigue cometiendo el mismo viejo error escandaloso como si lo hiciera de propósito o con el fin de demostrar su desprecio por la crítica, su prepotencia oficial o el sin cuidado en que tiene la opinión de la gente? ¿Cómo es posible que la razón gritada desde todas las especialidades de la nación y tantísimas veces no haya conseguido abrirse paso en las orejas ni en la vergüenza de los funcionarios encargados del cine y la televisión mexicana? ¿A qué juegan los empleados públicos que se atienen a su propio criterio o a su secreto servilismo, y pasado su ejercicio advierten que no dejaron ahí huella de su paso, o la dejaron mala, o, de tan borrosa, indigna de comentario?

II

De muchos modos el día de hoy se gobierna desde los medios de masa, desde los mecanismos que procuran comunicación simultánea con millones de personas Esto es una especie de diálogo monumental entre el gobierno —que informa—, la elite intelectual —que critica— y la nación —que da o quita consenso a aquellos dos.

Y eso se ve, se oye, se sabe a ciencia cierta desde la radio, el cine y la televisión de cualquier país en serio Parecería que sólo en comunidades tribales, que siguen viviendo de la presencia física del brujo o del guerrero padre, se hace necesario andar de arriba abajo por todos los rincones del territorio, insuflando confianzas y entusiasmos y animando la tramoya de los mentidos futuros luminosos Si hay eficiencia y buena fe, derechura y vigor en el gobierno, al gobernante le basta con dar a conocer los frutos de su trabajo diariamente, y quedarse ahí, en su mostración, con la recia humildad del verdadero mandatario, expuesto a todas las corrientes de la opinión ciudadana.

De muchos modos en México, tal como ahora se desgobierna, debería gobernarse desde los medios masivos de comunicación.

Porque resulta que si hacemos un recuento de programas de radio y televisión y un recuento de películas de largo metraje y nos preguntamos: bueno, viendo todo esto, habiendo hecho este balance, ¿a dónde vamos?, ¿para qué nos sirven “las maravillas del siglo XX? Si hacemos eso tendremos que contestarnos: no nos sirven para nada y no vamos a ninguna parte, o mejor dicho, sí nos sirven, para ir a donde pronto no seremos nada ni nadie, para entontecernos más y más, minuto a minuto, durante doce horas al día.

Radio, cine y televisión mexicanas: los más groseros alimentos, testimonio de debilidad mental y emocional, vía abierta a la desnacionalización.

Babiecas suicidas, nos atracamos a diario de yanquis maneras de fantasía que nada tiene que ver con nosotros, y de algunas muestras de la casi increíble falta de imaginación, de devoción y de peripecia de nuestros escritores, directores, actores, escenógrafos Y las poquísimas excepciones valen como poquísimas excepciones, y ninguna nación jamás se salvó por sus poquísimas excepciones.

Qué lata tener que decir todo esto una vez más, porque hay nuevos funcionarios y vuelve a alzarse entre la desgana y el escepticismo la esperanza ¡A ver si ahora, por Dios, alguien se compadece, desde los medios, de la enorme masa!

III

En televisión, el señor licenciado, catedrático y senador Enrique González Pedrero mantuvo el canal 13 como lo recibió: invisible y perdidoso Prudente hasta la apatía total, dejó intocado y de par en par el bostezo en las pantallas, y conservó meticulosamente (de metus, que significa miedo) el derrumbe de las transacciones comerciales Podría decirse que con firme blandura consiguió el sólido prestigio de mal agüero del trece universal, para el 13 electrónico También consiguió que la inoperancia del canal fuera tan completa —y repito: excepción es excepción y nada más— que la crítica no tiene para qué detenerse en tal o cual falla, sino aligerarse en vagas ironías y “esperar de Dios un milagro”.

María del Carmen Millán, de espíritu no precisamente audaz pero sí firme y devoto, tiene delante un compromiso nada pequeño No por oficial el canal 13 debe hacer caso omiso de la diversión de los televidentes; televisión es diversión afuera, de modo inmediato, pero mediatamente, o adentro, es comunicación, instrucción, educación, politización O sea: diversión, sí, pero no dispersión Contemplar en el televidente un interlocutor, nunca un consumidor Frente a la fuerza económica y política prácticamente inapelable de Televisa, el canal 13 y el 11 tienen que ser, por obligación y por derecho, la conciencia informativa y la conciencia crítica de nuestra sociedad Pocas cosas le quedan ya al gobierno para poder expresarse libremente —quien lo diría, estamos en el al revés—; repetir la enajenación colectiva que procura el omnímodo canal 2458, sería andar de mirón en el juego, sin oportunidad ninguna de llevarse alguna vez el monte.

IV

Será difícil mejorar la organización que dio al cine Rodolfo Echeverría Trabajó bien y a fondo Nos libró de los productores centaveros, aunténticos capataces de tienda de raya Abrió enteras las puertas a la nueva generación Pero no tuvo rigor en la selección de las personas ni en la de los temas, no dio la mano a la verdadera creación artística, no escuchó sugestiones, no balanceó los costos de producción con los de la posible recuperación Por otro lado, la producción total bajó sensiblemente Y dije estas cosas por escrito cuando él era director del Banco Cinematográfico; no me estoy amparando en su ausencia como funcionario.

Dar la mano a la verdadera creación artística; rigor en la selección de personas y de temas; criterio político en el quehacer cinematográfico; ver en el espectador un interlocutor y no un consumidor; no dejarse devorar por los airados productores particulares, ¡que ya regresan!; saber que sólo es malo el cine que alimenta la tontería del pueblo o que escandaliza a la inteligencia del país, y poner en práctica ostensible ese conocimiento, son algunos de los problemas que esperan al joven abogado Hiram García Borja, de larga experiencia en el lado oscuro de la cinematografía.

*Texto escrito en 1977

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