Hace unas semanas hubo una nota de prensa en la que la Secretaría de Finanzas del Estado propuso ante el Congreso local fusionar el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (Conarte) con el Fondo Editorial Nuevo León y el Museo de Historia Mexicana. ¿Qué percepción tienen los gobiernos del concepto “cultura” para que casos como este sean recurrentes y encima de ello lo permitamos?

La cultura es un elemento que distingue a la especie humana del resto de las especies y existe desde que se formaron las primeras etnias el concepto de cultura es una construcción social e histórica y por tanto política, que contempla objetos e ideas concretas y heredadas que privilegian la sincronía (contexto) dentro de un sistema simbólico que nos precede y a su vez, heredaremos a nuestra progenie.

Esteban Krotz plantea las 5 ideas falsas sobre la cultura que constantemente se repiten tanto en el habla popular como en la academia:

1.- Se puede tener o no tener cultura:

Se ha repetido por generaciones expresiones similares a “Fulano no tiene cultura”, lo cual desde un punto de vista antropológico es incorrecto, puesto que todo ser humano tiene cultura, ya que se nace y se es educado dentro de cierta estructura comunitaria que posee creencias y costumbres específicas como el lenguaje, la gastronomía y la religión como ejemplo básico. La “cultura” en distintas lenguas europeas se entiende como una “buena educación” y se relaciona en otras directamente con actividades artístico-culturales, en nuestro país se concibe así con más fuerza a partir del porfiriato, pero en realidad no existe equivalencia alguna entre la preparación académica y la capacidad de deleite estético.

2.- Hay una jerarquía natural entre culturas y subculturas: en el mundo hay una variedad impresionante de registros culturales, incluso en nuestro propio país. No es el mismo contexto cultural en el norte que en el centro o sur, eso lo tenemos claro, pero ante la diversidad siempre es tentador comparar. El riesgo de la comparación es que cuando no se encuentran equivalentes en términos absolutos, se cae en la jerarquización. Hablando de nuestro contexto inmediato, no hay criterios objetivos y mucho menos científicos que demuestren que un “grupero” es una subcultura inferior a los “colombianos”, a los “rockeros” o a los “troveros” (o viceversa). La jerarquización va de la mano con la estratificación social que es quien determina erróneamente lo que es cultura y lo que no.

3.- Hay culturas puras y mezcladas: la idea errónea de la “cultura pura” proviene de la época de la Colonia, donde el mestizaje era visto como algo negativo pues no preservaba la pureza peninsular de los conquistadores, como si ellos no provinieran de siglos de ocupación y dominio árabe y de un obvio intercambio cultural por generaciones. En estos tiempos de migración y globalización es ilógico no apreciar la evidente mezcla cultural, ya sea apropiada o impuesta.

4.- Los recintos propios de la cultura son los museos, los teatros y las bibliotecas: Debemos entender la cultura como un patrimonio colectivo creado por distintas generaciones donde todos somos partícipes de alguna forma, por lo que no podemos considerar a estos tres sitios a los que una mínima parte de la población va, (en muchos casos por desconocimiento) como los únicos sitos donde reside la cultura, ya que ahí sólo se conserva, se exhibe y se difunde (tareas de innegable importancia), pero las obras se piensan, producen, revisan, juzgan y evolucionan en otro lado.

5.- La existencia de la cultura depende del Estado: Las instituciones relacionadas con el quehacer cultural rara vez son dirigidas por creadores artísticos, (vemos por ejemplo el caso de las instituciones locales), son puestos políticos o de conveniencia específica. De dichas instituciones dependen en gran medida las subvenciones, becas, programas, apoyos, etc. Si deja de haber asignación de presupuesto para alguna disciplina artística, digámoslo así, institucionalmente desaparece, pero el creador no por eso deja de hacer obra. La función específica de las instituciones no es llevar la cultura al pueblo, sino crear las condiciones necesarias para producirla.

Entendamos que si los funcionarios encargados de las instituciones no consumen productos culturales habitualmente (antes del puesto y del discurso oficial), será casi imposible que puedan generar condiciones idóneas de creación y más si no están capacitados para ello.

Habría que preguntarle al funcionario de la Secretaria de Finanzas del Estado que propone la fusión de estas dependencias como un modo torpe de ahorrar recursos, supongo, ¿qué ha leído el último año? ¿Qué tipo de teatro es el de su preferencia? ¿Conoce a algún pintor o escritor local que esté haciendo cosas importantes? Quizá sea que simplemente ve la cultura como un gasto y no como un factor de cohesión social. Bueno, pero para qué nos preocupamos, si la ciudad ya está en manos de Jesucristo…

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