¿Con qué se quedan los negados?

 

Por Carlos Peña (Ese Chamuko)

Foto por Ivonne González Huerta

 

Nos reconocemos como parte de una generación en ruinas. Como ese miembro mutilado que no deja de espantar. Ya no podemos creer en el progreso y horizontes prometedores. Abolimos la idea del paraíso cuando el fuego y las balas se volvieron himno, cuando vimos la desesperación como respuesta a la otra desesperación en una guerra legítima entre buenos y malitos; aquí nosotros somos los malditos. Las batallas son sobre nosotros, nuestra psique y algo más profundo aún. Somos esa de-generación que provocan incen-dios en los lugares bajos. Desplazados, heridos, sepultados, colgados, olvidados. Hoy reivindicamos nuestro derecho a la locura ilegitima e irracional ante el desastre racional de una guerra que ahora se nos oculta pero que dentro de nosotros apenas empieza. Tal como tragar vidrios y cagar cenizas.

Este ceremonial es una invitación a la locura, partiendo de la situación política y social actual del país donde lo irracional y el terror son justificados, según ese discurso que es lo oficial. Lo mejor para todos nosotros, si sus acciones son correctas, justificadas y votadas a favor, pues entonces mi locura, mis actos y mis palabras son una obra malditamente divina. Ante esto, expreso. Otra declar-acción de guerra:

Acuso a Dios, acuso al rey y a su corte, acuso de volver esta vida un campo de exterminio, de hacer de los días una atadura ilógica, un tormento cotidiano, un estado de permanente desesperación. Sufra hoy, goce mañana; trabaje hoy, pague a plazos mañana. Exijo hoy la abolición del Edén de Dios y de la civilización y todos sus sagrados frutos. Les maldigo, me deslindo de Dios padre.

Soy oveja negra, soy Lucifer e Iblis expulsados del reino, soy una estrella semper descendis, soy ese otro que habla en lenguas vivas de muertes, soy los ojos del espejo negro, el rostro de lo insoportable, soy sombra de tu pinche luz ciega. Soy el adversario, Satanás inmaculado, santa muerte y Fidencio Constantino, la pura maldad, la pura sabrosura. Como una mierda negra flotando en sus ríos de miel y leche, tu insoportable otro, hoy te digo a ti, ustedes, Dios, Rey, lacayos y prelados, civiles espantados y otrxs dulces locos, vengo a presentarme ante ustedes en firme compromiso con mi locura, atravesar límites de forma oblicua y caminar en puntos entre puntos debajo y por encima de los puentes. Hoy digo no más, hoy digo: a chingar su pinche uretra.

El privilegio de ser explotado, el sublime ritual de la normalidad, la danza de los civilizados. Yo también desayuné resignación perfumada de prosperidad.

He asistido a todos mis entierros, exhumaciones y renaceres. Ando cargando y cagando toneladas de desierto, de deber ser, de la exclusión por no ser, por no querer. Ahora me manifiesto como la venganza de Sísifo, de todxs lxs Sísifxs. Este es el momento de la apoteosis bastarda de este cuerpo que se presenta pero no me representa, ya que, carente de ídolos, de fe y un raciocinio por demás dudoso, heme aquí ante su psique en este acto de magia trastornada. Que se revuelquen las palabras/actos/presencias y su poder para extirpar la razón del absurdo, lo puro, lo inmaculado, la templanza, la obediencia que manda Dios —ese perro divinizado—. La abolición del siempre prohibido paraíso, el rechazo de las mentiras de Dios padre, Dios capital, Dios Ley, Dios estado de progreso, Dios Moral.

Esta es una invitación a la perdición, a escapar de Dios y sus dictaduras. Esta es un hacha incendiada en la yugular del orden. Nuestro Dios es la locura.

*Texto publicado en Hysteria   [hysteria.mx] 

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