¿Qué pasa cuando una figura pública pronuncia un discurso que desaíra la lucha feminista? Por un lado es norma el desaire. Posicionarse como feminista es como echarse perfume de más y caminar apestosa/o por la fiesta del poder. Pero para quienes no estamos invitadas a esa fiesta es un trauma pequeño. Explico.

Después de que el gobernador de Nuevo León olvidó el discurso redondo de mi amiga y feminista mayor Irma Alma Ochoa, tuve que tener una mini terapia para recuperarme. Sí, yo sabía que algo similar sucedería. Estaba consciente que los eventos vespertinos son el equivalente a la rueda de prensa de la madrugada que AMLO en la CDMX, y que su misoginia chusca es garantía de difusión de su mensaje. Vamos, este hombre quiere ser presidente. 

Aún con el raciocinio puesto al servicio de comprender esa escena, no puedo dejar de pensarlo. Porque se requiere de muchas agallas para no escuchar a Irma narrarnos en 5 minutos que Nuevo León es un estado peligroso. Las mujeres y las niñas sufren y el gobernador no habla sobre el tema que nos convocó y que Irma conoce al dedillo: la violencia hacia las mujeres y niñas. En vez de interiorizar el discurso, El Bronco comenzó hablando de algo que él asegura que “va más allá” de la violencia de género y sancionando a las personas que critican los trabajos de Gobierno del Estado. Fuerzas negativas que somos. Pronto dijo que el asunto de violencia tiene que ver con que los hombres no tienen dinero para sacar a las esposas al cine. Dijo que niños y niñas reciben la misma clase de geografía y de matemáticas, entonces la violencia surge de un ente abstracto llamado familia.  

Habló de derrotar al sistema, representado en Darth Vader, y que la Princesa Leia debe encontrar a Luke Skywalker. Él es Han Solo y dijo “Han Solo ha nacido”. O sea se tomó un momento, de un discurso sobre una lucha en la que él no ha participado, para señalarse como el gran héroe-bandido de la saga sobre Gilgamesh contra el sistema violento.

De verdad que el mensaje de Irma Alma en su discurso es claro. Hablaba sobre los riesgos específicos que enfrentan mujeres, niñas y niños, y lo importante que es reforzar el sueño de construir una cultura de no violencia. Apostaba a la escucha a las personas que fueron designadas consejeras y consejeros del Instituto Estatal de las Mujeres.

Supimos luego que una tercera parte son miembros de los grupos empresariales que buscan un asiento en estos consejos. Veremos si sigue en pie esa agenda para frenar derechos sexuales y reproductivos. La otra tercera parte son destacadas activistas, académicas y académicos dedicados a estudiar el tema de género.

Mi terapia consistió en aceptar de que el discurso del gobernador no va a cambiar. El personaje que se creó y que refuerza en cada oportunidad es de un hombre machista. Él puede o no ser como su personaje, pero le apuesta mucho a esa ficción. A lo sumo es un ‘macho-bandido noble’ que se preocupa porque las mujeres de su vida no sean violentadas.

Se supone que esa estrategia del macho-noble es producto de un cálculo publicitario. Eso quiere decir que nuestras luchas feministas están, como siempre lo han estado, cuesta arriba. Que aunque haya una Ley de Igualdad, que instruye al gobierno a integrar la perspectiva de género a sus programas, y esta instrucción está reforzada por muchas otras leyes, el feminismo sigue sin ser rentable para el gobierno. 

Como última acción terapéutica recordé que siempre he sido muy criticona. Mis palabras, las más feministas, son cuchillos afilados. Pero no estoy sola en el arte de la crítica.

Contrario al escozor que veo que le causo a la presidenta del Instituto de las Mujeres (estuvimos a punto de coincidir y cuando me vio se alejó), me esfuerzo en creer en su proyecto. 

No es mi objetivo dinamitar acciones que se hacen con recursos humanos y económicos del gobierno, ni las que son el producto de la asesoría de mis heroínas feministas.

No me siento herida por no considerarme para el puesto de Presidenta Ejecutiva del Instituto. Digo, no es capricho. Los caprichos son una puerta al infierno. Lo que me lesiona, pero también me ilustra, esa negativa reiterada de no recibirme, no tomarme en cuenta, y no reconocer que hice un esfuerzo honrado y creativo para participar de manera contundente en el gobierno.

Está bien que sigan creyendo que soy un caballito troyano priista, porque se alinea muy bien con los valores que fomentan. Desde esta perspectiva no creen que una mujer sea capaz de alzar la voz por otra cosa que no sea la manipulación de las fuerzas a favor de un hombre o autoridad masculina.

Pero después de un año sigo advirtiendo grandes movidas por volver al Instituto Estatal de las Mujeres en un DIF. Con nuestros pequeños esfuerzos al menos logramos que no pudieran imponer un consejo completamente de derecha contrafeminista.

Las aliadas que están ahí nos necesitan bastante.

Por Cordelia Rizzo

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