¿Qué pasa en México cuando una persona desaparece?

Por Alejandro Reyes

 

A María Bárbara Reyes la secuestraron el 8 de agosto de 2011. Iba a salir con una amiga a un centro comercial en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, donde vivía con sus papás y hermanas.

El mismo día del secuestro, la familia puso una denuncia ante el ministerio público local. Dijeron qué ropa llevaba puesta. A las pocas semanas, las mismas autoridades que tomaron la denuncia la encontraron muerta. Tomaron fotografías del crimen, pero no lo investigaron. Tampoco avisaron a los familiares. Todos siguieron buscando a “Barbie”; incluso la procuraduría del Estado de México ofreció, por primera vez, una recompensa por información para encontrar a un menor. Su madre, Lourdes Muñiz, la halló entre fotografías del Semefo que ella misma tuvo que revisar, luego de 18 meses de buscarla viva. Lo primero que reconoció fue la ropa.

El sistema de búsqueda que permitió que la familia de Barbie, una chica de 17 años, fuera víctima de un crimen impune, aún sigue vigente. Tampoco hay sentencias para los responsables del crimen o para los ministerios públicos que cometieron estas omisiones. Su papá, Alejandro Reyes, quiere justicia para su familia y para otras que han padecido crímenes semejantes.

Alejandro le escribió una carta a su hija para contarle cómo han ido las cosas desde que ella no está.

 

***

 

Mi pequeña hija:

Apenas hace unos meses supimos lo que te pasó, luego de encontrarte bajo las piedras, perdida en una fosa común a la que te enviaron quienes se supone te estaban buscando. Ya son más de tres años de tu secuestro, de tu desaparición y asesinato. Tuvimos que escarbar mucho más de lo que pensamos para dar contigo, porque fuiste enterrada junto con otras posibles víctimas. Los ministerios públicos de Cuatitlán Izcalli ni siquiera se preocuparon por preservar la evidencia de tu muerte.

Hay cosas que no te puedo detallar porque no quiero obstaculizar el trabajo de quienes siguen apoyándonos en la búsqueda de justicia, pero sí te puedo contar lo siguiente:

la Procuraduría General de Justicia en el Estado de México “continúa agotando las líneas de investigación”; así es como dicen ellos. Pero a pesar de su disposición y buenos deseos, no han localizado a los responsables de tu secuestro y asesinato. La burocracia y la lentitud de los procesos siguen siendo constantes. Y yo… yo aún tengo la esperanza de conseguir justicia.

No todo ha sido tan malo, mi pequeña. El “nuevo modelo de atención a víctimas”, (como somos nosotros) permite que hoy nos atiendan mejor. Por lo menos hay una gran diferencia con el trato que inicialmente recibimos del ex-procurador Alfredo Castillo, quien nunca nos escuchó y sólo nos negó su apoyo, además de permitir el desvió del presupuesto que correspondía a la Unidad Antisecuestros del Estado de México.

Siempre nos encontrábamos con la misma desesperante excusa: “No hay recursos”. Y la verdad es que no los había. Faltaban desde sillas para sentarse a declarar hasta las computadoras para tomar la declaración. Faltaba personal para realizar diligencias, vehículos para trasladarse y gasolina. Faltaba lo más básico para iniciar tu búsqueda. Por ejemplo, la noche de tu secuestro, cuando fuimos a levantar la denuncia, se cayó el sistema porque no habían pagado la luz.

Creo que el ex-procurador Castillo es, mínimo, corresponsable de lo que te sucedió. Él le facilitó a la delincuencia que te arrebataran de nuestro lado. Él contribuyó en el fortalecimiento y promoción de la cultura de la impunidad, con una unidad antisecuestros inoperante. Sólo le importaba formar parte de los elegidos por el nuevo equipo de campaña que ya se estaba formando con Enrique Peña Nieto.

“Yo ya me voy a la grande”, eso le escuché decir en el 2011 como pretexto para no recibirnos mientras esperábamos en la procuraduría una cita con él.

En la PGR tampoco hay avances. Incluso creo que la situación es peor. El procurador, Jesús Murillo Karam, se comportó como un falso mesías, con un sinfín de promesas (todas ellas incumplidas). No sé cómo acabarán las cosas. A pesar de haberse comprometido públicamente a recibirnos cada vez que fuera necesario, hoy tenemos siete meses solicitando una reunión. Se me niega y me ignora. Parece esconder algo. Parece que piensa que me daré por vencido (qué poco me conoce; yo sí cumplo mis promesas y compromisos). Me envía a sus subordinados, que nunca concretan nada y sólo le cuidan la espalda. Hoy no tengo idea del estatus de las investigaciones en tu caso a nivel federal. Tratan de archivar nuestra solicitud de justicia, tratan de olvidarte. Pero no se los permitiré.

Tampoco me venderé, como otros, por unas pocas monedas, viajes, vacaciones y una vida sediciosa. Tú vales mucho más, mi amor, y yo también.

Qué pronto se le olvidó al procurador su compromiso de dar con los responsables de tu (de nuestra) tragedia. Ni siquiera nos mantiene informados de los avances, si es que los hubiera. Pero ahora los reflectores están con los padres de los desaparecidos en Iguala. Yo espero que a ellos sí les cumpla. ¿Tendré que incendiar un edificio público para que me haga caso también a mí? No lo sé, pero continuaré exigiendo que cumpla sus promesas, y si no puede o no sabe o ya está muy cansado, que renuncie.

Te confieso, mi amor, que yo también he fallado. Por motivos de trabajo, no he podido realizar el trámite para registrarnos en el Padrón de Víctimas de la Comisión Ejecutiva, conforme a la nueva ley. Parece que es importante, pero créeme que ahora que estoy solo me cuesta mucho trabajo cumplir con tantos compromisos. Pero me daré el tiempo y lo haré en breve.

De los procesos legales que abrimos contra los ministerios públicos, finalmente, el pasado 10 de Noviembre del 2014, llegó la sentencia contra el MP que nos extorsionó, que abusó de nuestra condición de vulnerabilidad. Pero le duró poco el gusto. Lo condenaron a seis años de prisión y lo inhabilitaron por 12 años para desempeñar cargos públicos. Todo luego de tres años del delito.

Sabemos que se amparó. Estamos en espera de esa resolución. Pero el caso es muy sólido. Cuidamos cada fase del proceso y recabamos bien las pruebas. Al parecer, por fin se hará un poco de la justicia que tanto exige nuestra familia, tan lastimada desde tu asesinato. Lo más importante es que él ya no está detrás de una placa delinquiendo con toda impunidad. Servirá de ejemplo para que otros no lo hagan, o por lo menos para que lo piensen antes.

En el otro caso en contra del mal nacido que te envió a la fosa común. El que perdió tus pertenencias y las pruebas de lo que te sucedió. El que nos mantuvo en la incertidumbre de no saber dónde estabas por más de 18 meses: es muy probable que no reciba ningún castigo. Pues, aunque haya decidido no investigar un crimen, “no hay dolo en sus acciones”. Si no logramos una sentencia en nuestro país, tendremos que hacer una denuncia ante algún tribunal internacional. Seguro lo haré, porque pienso que si no eliminamos la  impunidad de los funcionarios públicos como este, las injusticias continuarán.

Hija, por último te quiero decir que he iniciado junto a grandes personas una serie de acciones para obtener recursos a beneficio de familias con integrantes desaparecidos y secuestrados. Lo primero que haremos será una obra musical, que aparte de generar recursos económicos servirá como inicio de un movimiento armónico de la sociedad y el gobierno en contra del secuestro y las desapariciones forzadas. Anhelamos la fundación de una asociación (o como sea) que sirva como un ente que, bajo tu bendición y las de los miles que siguen sin ser encontrados, permita mitigar a otras familias el dolor que nosotros vivimos. También crear mejores condiciones de justicia y convivencia. Buscaremos la armonía y la verdadera paz.

Mi Reyna, por favor ayúdame a tener éxito en esta obra que se llevará a cabo en el Teatro San Benito Abad (Lago de Guadalupe) el próximo 31 de Enero a las 18:00 horas. Ahí daremos el banderazo a una nueva lucha que busca lo que muchos: un mejor país. Un México más justo y feliz. Lo llamaremos: AYUDA A BARBIE y DANZA VIVA.

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