Por Sayak Valencia

Ilustración por Óscar Hernández

No hace mucho, en un periódico mexicano apareció una viñeta en la que se veía al diablo muy preocupado charlando con un colega por la situación de violencia que sufre el país. Durante décadas —venía a decir— temimos que se colombianizara México. Ahora lo que nos da miedo es que se mexicanice el infierno…

El verdadero problema con la violencia para el procurador no es que se ejerza, sino que ya no es exclusivamente el Estado quien la ejerce.

Lo que el ex presidente Felipe Calderón no dijo fue que desde las legislaturas del PRI y durante las dos legislaturas del PAN el narcotráfico ha desarrollado prerrogativas correspondientes al Estado en cuanto a creación de infraestructuras, empleos y escuelas. No mencionó una sola palabra sobre la lógica inexorable con la que se han venido justificando los corruptos (burócratas, gobierno, policías) que se basa en igualar y servir, mientras detenten el poder, a los que ganan dinero, sean empresarios, delincuentes o ambos. Sabemos que decidir corromperse no es difícil cuando el panorama que se avizora es sólo pérdida, rezago económico. Lo que resulta difícil en estos casos es resistirse a la tentación consumista.

Lo que los discursos oficialistas no dice es que en México los cárteles de droga no podrán ser erradicados eficazmente mientras no se erradiquen las desigualdades estructurales entre la población, mientras la ausencia de trabajo persista y nos ponga de frente con la imposibilidad de encontrar otra salida que no sea la migración, mientras no se deconstruyan los conceptos de modernidad y progreso y dejen de utilizarse como directrices del discurso político y éste integre las posibilidades reales de una política geográficamente pertinente, mientras no se escape a la espectacularización de la violencia y la celebración del híper-consumismo, mientras no se cuestione el discurso político basado en la supremacía masculina que necesita el despliegue de violencia como elemento de autoafirmación viril y, sobre todo, mientras no se cuente con una estabilidad económica sostenible que funcione a mediano y largo plazo.

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