¿Por qué toda una calle huele a cueritos de cerdo?

Por Mariana Treviño & José Ignacio Hipólito

Los tacos rojos son una de las delicias culinarias más representativas del noreste y uno de los primeros antojitos en invadir las calles del Centro de Monterrey con sus puestos ambulantes. Por lo mismo se han convertido en símbolo de la comida callejera en el norte de México.

Su preparación es simple, pero cada taco puede tener una infinidad de capas de sabor dependiendo del condimento o con lo que se les acompañe. Los tacos rojos están hechos con tostadas de tortilla roja frita en aceite y manteca de puerco, pero calentadas en un asador al carbón. Dentro de la tostada va papa a punto de ser puré, y casi siempre se acompañan con repollo, tomate y cueritos de cerdo. La salsa que los corona normalmente es roja, de chile de árbol o cambray molido.

En la esquina de las calles Adolfo Prieto y Agustín Melar empieza la calle que se conoce como “la de los tacos rojos”: todos los puestos ambulantes y carritos de comida sirven esta delicia grasosa pero sabrosa. Empezando por los Tacos Nuncio, establecidos en esa ubicación desde hace más de 40 años, la calle tiene una competencia aguerrida entre los puestos que no tienen tanto tiempo, como los Tacos Vero, o el que más llama la atención: El Nido de las Águilas, fundado en 2005.

Roberto Nuncio empezó a vender el clásico taco rojo en la Fuente Monterrey, conocida como La Alberca en los años 60, sede de la Compañía de Baños de Monterrey, S.A., además del Parque Monumento a los Fundadores de Monterrey; la perfecta ubicación comercial para vender antojitos, tanto para los trabajadores de la Compañía como para los que iban a disfrutar del parque hasta quedar exhaustos y hambrientos.

Con el paso del tiempo, su popularidad creció tanto que el señor Nuncio decidió mudar el puesto y comprar un camión más estable en la calle Adolfo Prieto, en donde además de tener más presencia, empezaron a vender más. El establecimiento se quedó en manos de su hijo, Jesús, quien sigue preparando los tacos y sirviendo a sus clientes.

Debido a la reputación de los tacos de la familia Nuncio, muchos otros puestos empezaron a vender tacos en la misma calle, ya que a veces no se daban abasto y los clientes tenían que hacer una larga espera para poder sentarse en la barra y comer a gusto. Así fue como nació la calle de los tacos rojos.

El puesto que les hace la mayor competencia a los Tacos Nuncio es el Nido de las Águilas, que por ningún momento deja en duda la afición que los dueños tienen por las Águilas del América: su camión está pintado de amarillo y en sus paredes hay posters de muchas de las alineaciones históricas del club; cada uno de los servilleteros de cada mesa tiene tallado el símbolo del equipo, “para aquellos que se tienen que limpiar la derrota”; en la esquina de su camión hay una bandera enorme que no le teme a vivir en una ciudad en donde la afición es rayada o tigre. Lo único que les falta es que los tacos sean de color amarillo y azul.

“Tacos Nuncio son de ayer”, “Arriba el América”, “Jodida Muerta de Hambre”, “Para los jodidos”. Hasta en las paredes se puede leer competencia por vender tacos. No hay puesto que se salve.

La calle tiene un olor a aceite, tortilla, manteca y cueritos de cerdo como ningún otro lugar en Monterrey, por obvias razones, pero también porque se ubica a sólo unos metros de un centro de distribución de manteca de cerdo, donde todos los puestos compran su dotación quincenal para preparar sus delicias.

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