¿Existe un movimiento hippie regiomontano?

Por José Ignacio Hipólito y Mariana Treviño

Un interminable pasillo que desemboca en el traspatio de una antigua casa del Barrio Antiguo. El reciclaje de muebles viejos, macetas, adornos colgantes, cuadros y peces, junto con las muchas firmas plasmadas en los muros —desde frases de Alejandro Jodorowsky, símbolos de armonía y paz, hasta la clásica inmortalización de las parejas que acomodan sus nombres dentro de un corazón dibujado con sharpie—, conforman este espacio. Así puede describirse el sitio que alberga al Café Trece Lunas sobre la calle José María Abasolo de la colonia Centro.

“Todo empezó de casualidad… por instinto”, cifra su historia. Un par de argentinos que buscando un sueño y probando suerte se arriesgaron a empezar un negocio en la ciudad de Monterrey. Desde entonces, enfrentando cada adversidad, los dueños y el Café han sabido sobrevivir a la inestabilidad citadina, a la urbanización acelerada y a aquellos años en los que el narco tenía presencia cotidiana haciendo inseguras las calles. No obstante, la evolución del lugar y de sus platos ha conseguido una popularidad considerable entre la gente, haciéndose notar como uno de los muchos sitios que forman parte del fenómeno “argenmex” en el país y en Nuevo León.

Con tan sólo diez años de existencia, el Trece Lunas se ha convertido (entre otras cosas) en uno de los lugares oficiales para la convivencia juvenil simpatizante y allegada al movimiento hippie regiomontano. En indumentaria y en música, el Café y sus empleados parecen tomar motivaciones espirituales y simplicidad voluntaria. Todo porque, según sus dueños, la historia del Trece siempre ha estado ligada al movimiento slow, que, en pocos términos, denota una actitud lenta ante el ritmo cada vez más rápido de nuestras vidas.

Por ello, y de forma paralela los cimientos del Café, tomaron como fundamento los movimientos ecológicos, pacíficos y culturales, formando un híbrido entre las manifestaciones artísticas de México y Argentina, respectivamente. Algunos días el Café organiza presentaciones de libros, otros días, clases de tango.

Famoso por su horno de piedra, el Trece se mantiene como una de las cafeterías más concurridas del Barrio por sus smoothies de frutas naturales y por su menú vegan y vegetariano. Los fines de semana casi todas las mesas están llenas, entre botellas de cerveza y empanadas argentinas horneadas con leña.

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