Facebook, Instagram, Whatsapp,Twitter: ¿ hacia un Mundo feliz?

Por Elizard González Becuar*

Consideremos brevemente nuestros hábitos cotidianos. Tomemos en cuenta que lo que tal vez pensemos que es rutinario o normal. Resultar ser que en realidad es una experiencia absolutamente nueva. Me refiero al hecho de que el mexicano promedio pasa 8 horas y 12 minutos de su día conectado a internet, en su mayoría a través de teléfonos móviles inteligentes o “Smartphones”.

Estos dispositivos, aunque han tenido relativo éxito comercial (en Japón el primer Smartphone fue producido por NTT Docomo) desde 1999, no es sino hasta el lanzamiento en el 2007 del iPhone que las empresas de dispositivos móviles consiguieron la explosión comercial que, poco más de una década después, consolida a la industria del Smartphone como la principal proveedora de conectividad a Internet a una amplia población mundial como nunca antes.

Sin embargos, pocos tomamos en cuenta que toda interacción que tenemos con el celular, o computadora, genera datos que son acumulados por las compañías desarrolladoras del software mismo, como: “likes” (es decir, la expresión de asociación positiva con algún contenido), búsquedas en sitios Web, historial de navegación y el intercambio textual en nuestras conversaciones.

Todo ello podemos entenderlo como las huellas que dejamos al caminar: revelan información sobre nuestra constitución física, nuestro tamaño, dirección relativa (de dónde venimos y hacia dónde vamos).

De igual forma, una búsqueda en Google, un “like” en Facebook, un “follow” en Instagram y un “retweet” en Twitter, así como las mismas palabras que comentamos en espacios que los permitan (comentarios en publicaciones, foros), son datos que generamos de la forma más inocua. Empero, constituyen una estela de información que vamos dejando en redes sociales que van formando un perfil de quiénes somos, qué nos gusta, qué opiniones o relaciones tenemos.

Metadatos y privacidad

Sin embargo, para definirnos individualmente con precisión, usaremos información básica sobre nuestra ubicación geográfica y demográfica; es decir, lo que propiamente se consideran datos. Pero existe, además, otra información adicional, aparentemente irrelevante que sirve para dar contexto adicional a esos datos. Estos últimos, los datos sobre los datos, son conocidos como metadatos.

El uso masivo de metadatos, facilitado por la recolección en las plataformas de redes sociales, es utilizado por empresas para hacer inferencias sobre gustos, afiliaciones políticas, situación financiera, a partir de nuestra actividad en línea.

Después de las revelaciones que hizo Edward Snowden, en el año 2013, hasta el escándalo en abril de este año de Cambridge Analytica, que reveló la complicidad de las desarrolladoras de software en Sillicon Valley en la recolección, monitoreo y uso de información de decenas de millones de usuarios, es que hemos ido tomando consciencia de lo que en la jerga tecnológica se denomina, big data.

El big data son cantidades masivas de datos producidas por usuarios de redes sociales, que brindan información sobre el individuo, los dispositivos y su interacción. El volumen del big data no es su carácter definitorio, sino más bien, la capacidad de buscar, agregar y cruzar comparativamente bases grandes de datos. Como fenómeno cultural, tecnológico y académico, la definición del big data, según Boyd y Crawford (2012), descansa en el cruce entre: (1) la tecnología, que constantemente aumenta el poder computacional y la exactitud algorítmica para manejar bases de datos; (2) el análisis, utilizando dichas bases de datos para identificar patrones; (3) y, “la mitología”, o la creencia generalizada, de que la acumulación y estudio de datos nos proporciona una forma elevada de inteligencia y de conocimiento antes imposibles de obtener, con un aura de verdad, objetividad y exactitud.

En términos prácticos, el big data se manifiesta en la actual experiencia de las redes sociales (Google, Facebook, YouTube, Instagram y Twitter) donde nuestra experiencia en redes es mediada por algoritmos que filtran y personalizan el contenido que estas empresas nos ofrecen, sobre la base de nuestro historial de actividad. Esta experiencia se condensa en el slogan de mercadotecnia: Si te gustó esto, amarás esto.

Ahora, quizá te preguntes ¿a dónde va ésto? ¿acaso sugieres que volvamos a comunicarnos por simple teléfono o señales de humo?

Para responder a esas preguntas legítimas es bueno referirnos a otros recursos más insidiosos, pero menos visibles, que el big data.

Big Data y la Política Computacional

En el siglo pasado, la aplicación del psicoanálisis freudiano a la propaganda comercial, para informar a un público y así persuadirlo o seducirlo a sostener ciertas opiniones sobre ciertos temas, se empezó a llamar Relaciones Públicas. Esta genuina “ingeniería del consentimiento”, ocurrida en la esfera pública, ganó adeptos y simpatías rápidamente en la clase política, pues el uso de las técnicas de mercadeo para la política permitiría, de cierta forma, “vender un político/legislador/presidente”, y no solamente un producto comercial.

Sin embargo, el advenimiento de nuevas formas de comunicación y conectividad intensa en la última década, ha ocasionado un cambio de la mayor importancia: la esfera pública ha migrado a una esfera en línea. Es decir, tu timeline o feed en Facebook, Twitter, Instagram, con el cual interactuamos en tiempo real– que brinda la oportunidad a los mediadores de observar y almacenar nuestras interacciones—, se ha vuelto uno de los principales medios para recibir información sobre temas de interés en el círculo social en el cual interactuamos, así como la conectividad con otras redes tangenciales.

Este hecho, aunado al objetivo de incidir en la opinión de los usuarios, ha dado lugar a lo que Tufekci (2014) llama Política Computacional, que no es otra cosa más que la aplicación de métodos computacionales a grandes bases de datos, derivadas de fuentes de información en y fuera de internet, para conducir alcanzar, persuadir y movilizar en aras de elegir, promover u oponer a un candidato, política o legislación.

Aunado a los conocimientos de las ciencias del comportamiento, y refinado con enfoques experimentales, la Política Computacional es utilizada para perfilar votantes a un nivel colectivo pero, ahora, también a nivel individual, es decir, el desarrollo de métodos de persuasión al nivel de la persona.

Merece la pena resaltar la gran asimetría de información que esto implica: el conocimiento detallado de las preferencias y aversiones del individuo, mientras el individuo no sabe lo que de él se conoce ni quién lo conoce.

Tras delinear el riesgo que las redes sociales presentan para los flujos de información que una democracia sana debiera tener, es necesario mencionar estudios como el de Bond et al. (2012), que calibra el alcance que las redes sociales pueden tener en el comportamiento electoral de los usuarios.

Ya voté”: el experimento de Bond

El experimento, publicado en 2012 en la revista Science, consistió en utilizar la plataforma de Facebook durante las elecciones al congreso federal de EUA del año 2010.

A 60 millones de usuarios estadounidenses de al menos 18 años de edad, se les presentó aleatoriamente recordatorios para acudir a votar, así como un botón “Ya voté”, que el usuario podía accionar para identificar cómo participó en la votación. Esto, además, fue acompañado de imágenes de contactos del usuario que se identificaban como participantes en la votación al haber presionado “Ya voté”.

Los resultados demostraron que, a través de un solo mensaje recordatorio, el estímulo de movilización política en línea puede tener un efecto directo en la cantidad de votantes que se presentan en las urnas. En este caso, estiman dicho experimento tuvo como resultado que 340,000 votantes adicionales fueran a votar, que representa el 0.14% de la población estadounidense con edad de voto en 2010.

Las implicaciones de este estudio son: (1) que la movilización política en línea funciona induciendo a la auto-expresión política del individuo en las urnas; (2) que la movilización social (mostrarte que tus contactos han, efectivamente, votado) funciona mejor (cuatro veces más)—es decir, mostrar caras familiares al usuario mejora dramáticamente la efectividad de un mensaje de movilización–y, finalmente, (3) que los resultados abren la interrogante del papel e influencia que la exposición a mensajes estimulantes en redes sociales en línea pueden tener en la sociedad.

La estimación de contenidos ideológicos y el análisis de sentimiento abre la posibilidad de que las plataformas de redes sociales puedan ofrecer a sus usuarios como receptores de mercadeo sumamente personalizado. Esta práctica (conocida como microtargeting), genera un fenómeno conocido como filter bubble (o filtro burbuja), descrita por el activista de internet Eli Pariser en entrevista con The Economist, como: “el ecosistema personal de información que es atendido por los algoritmos.”

El filtro burbuja no es aleatorio, ni existe así sin más, se entiende mejor como un proceso de tres etapas: primero, se averigua (via big data) quiénes son las personas, lo que les gusta; después, son suministrados con contenido y servicios que mejor encajan a sus personalidades y, finalmente, se ajusta el contenido por prueba y error para obtener una mejor experiencia personalizada.

Las Redes Sociales buscando complacer a sus usuarios, dan preferencia a información afín a los gustos de cada individuo, envolviéndolo inadvertidamente en una burbuja informativa, como lo señala Eli Pariser en The Economist.

Esta burbuja crea la impresión de que nuestros gustos e intereses personales es todo lo que existe, limitando nuestra exposición a nueva información y estrecha nuestra perspectiva. Es lo que Pariser describe como: “Un mundo construido de lo familiar, es un mundo en el que no hay nada qué aprender; una suerte de auto-propaganda invisible, adoctrinándonos con nuestras propias ideas.”

Orwell y Huxley revival

Las dos visiones distópicas literarias más conocidas que podríamos comparar con lo descrito anteriormente, son la novela 1984, de George Orwell, publicada en 1949, que describe un país futurista y totalitario, de vigilancia continua sobre la población, secrecía total en una cultura cautiva donde las personas son controladas por el Gran Hermano. Por otra parte, en la novela de Aldous Huxley, Un mundo feliz (1932), describe la vida en una sociedad de castas, donde las masas son consentidas con soma, una droga apaciguante que libra de dolor e incomodidades y son, por tanto, reducidas a la pasividad y el egoísmo en una cultura trivial preocupada y empapada en el entretenimiento y la diversión; en pocas palabras, una sociedad controlada con el suministro de placer.

El mundo de Orwell es una casa de terror, con un régimen que llega a cualquier consecuencia para controlar la historia, re-escribirla, construirla e inculcarla con la coerción. Mientras Huxley previó certeramente que, dicho régimen inflexible, resultaría frágil pues para tener una servidumbre feliz y vacía se necesita de otra manera una sociedad sofisticada en cierto grado donde todos están contentos y tienen lo que quieren, como un bebé con su biberón.

Huxley nos advierte sobre un gran peligro: un mundo tan congestionado de información, en el cual todo es irrelevante, todo es entretenimiento y diversión, termina distorsionando los significados de “verdad”, “justicia” y “privacidad

¿Estaremos entrando en el mundo descrito por Huxley?

*Elizard González Becuar, Geólogo por la Universidad de Sonora, y estudioso de la filosofía y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. (elizardachese@gmail.com)

Bibliografía

Bond, R.M., Fariss, C.J., Jones, J.J., Kramer, A.D.I., Marlow, C., Settle, J.E., Fowler, J.H., 2012, A 61-million-person experiment in social influence and political mobilization, Nature, vol. 489, p. 295 – 298.

Boyd, D., Crawford, K., 2012, Critical Questions for Big Data: Provocations for a cultural, technological, and scholarly phenomenon, Information, Communication & Society, Vol. 15, No. 5, June, pp. 662 – 679.

Tufekci, Z., 2014, Engineering the Public: Big Data, Surveillance and Computational Politics, First Monday, Vol. 19, No. 7, p. 39.

The dangers of the internet: Invisible Sieve—hidden specially for you”, The Economist, 30 de junio 2011: https://www.economist.com/books-and-arts/2011/06/30/invisible-sieve

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