Por Ximena Antillón

Todas las noches, antes de dormir, le leo un cuento a María, mi hija de seis años. Esta noche María no me pide un cuento. Quiere que le explique qué pasó con los 43 estudiantes normalistas desaparecidos. Pienso en las palabras y el tono, ¿cómo explicar este horror a una niña? Entonces empiezo como si fuera un cuento, el que nunca hubiera querido contarle.

-Los estudiantes son de una escuela que se llama Ayotzinapa, que significa lugar donde hay muchas tortugas, y que está en un estado que se llama Guerrero.

-¿Ayotzinapa está en Guerrero o Guerrero está en Ayotzinapa?, me pregunta María, y como siempre, me desconcierta. Le digo que Ayotzinapa está en Guerrero… pero, tal vez, al revés también.

-¿Y tú sabes qué pasó con los estudiantes?, insiste María. Le digo que los muchachos se perdieron, y que sus papás y mamás los están buscando.

-Si, los desaparecidos, los cuarenta -me responde como reclamando que eso-ella-ya-lo-sabe y que no le estoy explicando bien-.

-Son cuarenta y tres, preciso. ¿Quieres verlos? Saco de mi bolsa las fotos que mis compañeras de trabajo imprimieron para la marcha del miércoles pasado. Se las voy pasando, mientras le leo los nombres, y ella las acomoda cuidadosamente sobre la cama en cuatro filas. Los cuenta: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43. Le llama la atención que uno tiene corbata y que otro se ve preocupado.

-¿Son niños?, me pregunta.

-No, son más grandes que tú. Mira, él tiene 21 años.

-Pero parece un niño.

-Es verdad, le contesto, y se me aprieta el estómago.

-Pero cuéntame desde el principio, me exige María.

-¿Desde el principio?… Bueno, pues todos ellos tenían un sueño, desde muy chiquitos. Tal vez desde que tenían tu edad. Su sueño es ser maestros, así como tu maestra de primero de primaria. Los maestros son muy importantes…

-Si -me interrumpe-, porque enseñan a los niños y los niños tienen que saber las cosas… Que la comida chatarra es inconveniente.

-¿Dijiste “inconveniente”?, pregunto sorprendida por semejante vocabulario. ¿Sabes qué significa?

-Mmmm… ¿qué está mal?

-Sí, inconveniente es algo que no te conviene. Por eso son importantes los maestros.

-Para que enseñen a los niños lo que está bien y lo que está mal. ¡Yo quiero ser maestra de karate!

-¡Eso estaría muy bien! Entonces ellos se fueron a estudiar a esa escuela donde hay muchas tortugas, y sus papás y sus mamás les dijeron “hijo, nosotros te vamos a apoyar para que estudies y aunque no tengamos dinero vamos a trabajar mucho para que puedas estudiar”. Y entonces se fueron a vivir a Ayotzinapa. Ahí les enseñan a ser maestros y también siembran flores.

-¿Viven en la escuela?

-Sí. Se llama “internado”.

-Mamá, yo no quiero ir a un internado, me da miedo –me dice haciéndose una bolita en la cama-.

-No tengas miedo amor, por eso estamos protestando. Para que cuando crezcas seas libre para ir a donde tú quieras y no tengas miedo.

-¿Se los llevaron de la escuela?, ¿quién se los llevó?, ¿los policías?

-No. No se los llevaron de la escuela. Ellos fueron a otra ciudad a buscar unos autobuses para ir a una marcha, ¿te acuerdas de las marchas? Y los policías se los llevaron en sus patrullas.

-¿Se los llevaron a todos?

-No. Sólo se llevaron a los que cabían en sus patrullas. Por eso sus papás y sus mamás los están buscando, porque los policías no quieren decir a dónde se los llevaron.

-Mamá, ¿me regalas una foto?

-Si amor, te las regalo todas. Aunque no los conocemos, los queremos mucho y nos duele que no estén. Por eso muchas personas están protestando. ¿Quieres una cajita especial para guardarlas?

-Sí. ¿Las puedo llevar a mi escuela? Sólo las voy a sacar en el recreo.

Buscamos una cajita y acomodamos las fotos. María prepara una camita dentro de una canasta y pone una pequeña tortuga hecha de conchas de mar. Por fin se queda dormida, con su cajita y su tortuga.

*Publicado previamente en Periodistas con Ayotzinapa 

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