Por Antonio Hernández

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Para que el cielo sepa qué caminos llevan al mar, para que aprenda el campo una nueva canción y el día tenga donde mojar los pies, el río viene izando su largo nombre líquido. Ay del que junto al río no quiera llamarse sed.” Rosario Castellanos.

El Río SanJuan es el más importante en las regiones inmediatas a Monterrey. Para valorar su trascendencia, basta decir que todos los ríos y arroyos de García, Santa Catarina, Monterrey, Allende, Guadalupe, Cadereyta, Rayones, Montemorelos, Juárez, China, Los Aldamas, Bravo y Santiago fluyen con sus aguas a este cauce. Es el que llena la presa El Cuchillo, una de las tres que abastecen la zona metropolitana de Monterrey.

A partir del Cañón de La Boca, en la entraña de la Sierra de la Silla, corre por las llanuras hasta concluir su paso en el Río Bravo del Norte, por los rumbos de Camargo, Tamaulipas, allá en las chulas fronteras del norte.

El Río San Juan tiene diversas problemáticas ambientales comunes a la mayoría de los ríos en el noreste mexicano, pero nada que haya puesto fin a su riqueza natural. Aún es posible visitar sus riberas y observar descomunales sabinos o ahuehuetes. Sus aguas han sido desde siempre utilizadas para la recreación. Es un río que se mantiene vigente en una zona árida, característica que lo hace todavía más relevante.

Es una irresponsabilidad sin límite el que ahora se encuentre contaminado de gravedad por las descargas de hidrocarburo en su lecho, agua y suelo. Lo menos que pueden hacer las agencias de gobierno es concentrar sus esfuerzos en eliminar la agresión a las aguas del Río SanJuan. Si consideramos los alcances del agravio, la movilización es lenta y escasa. Un ejército de restauración es lo que se requiere, y no en la magnitud vigente, sino en escalas numerosas y suficientes.

Este ejemplo de la degradación ambiental en un río hace visible el argumento irrebatible de la necesidad de conservar ecosistemas o biodiversidad. Los servicios ambientales que obtenemos de los espacios naturales como el Río San Juan son evidentes: agua para consumo humano y animal, riego de cultivos o para la recreación.

La población aledaña a las áreas contaminadas, así como sus actividades productivas, han sido afectadas de manera adversa. Ya es pública la prohibición del uso del agua del Río SanJuan, que alimenta pozos y acequias, para consumo de las personas, del ganado y su uso en cultivos. Más que nunca se vuelve visible la premisa “El agua es vida”, y ésta proviene de un río, no de la llave entubada. Un río ahora contaminado.

Son tiempos para reflexionar (y actuar) sobre la planificación del crecimiento en nuestras ciudades. Hemos destruido los ríos, deforestando sus riberas, urbanizándolos casi por completo. A pesar de ese paso invasor, aún quedan espacios de agua relativamente a salvo, y sobre ellos deberíamos actuar, revirtiendo esa tendencia destructiva.

Es real que no tenemos la capacidad de guardar la integridad de los ríos ante amenazas como la contaminación vigente en el SanJuan. De ser cierta la afirmación de PEMEX, donde dice que una toma clandestina fue la causante de la tragedia, la delincuencia, además de ser fuente de violencia horrible y sin freno, ahora también es generadora de la depredación en la biodiversidad.

¿Cuáles son las garantías para que esto no suceda otra y muchas veces más? ¿Quién garantiza la sanción a los culpables? El caso es grave y requiere que los responsables asuman lo que les corresponde. La PROFEPA y CONAGUA deben llevar a término la rehabilitación de las zonas dañadas. Es más necesario que nunca que una denuncia de daño ambiental no se quede sólo en la sanción administrativa, sino que concluya en la restauración real de los daños ocasionados.

Las agencias del sector ambiental deben demostrar que el aprovechamiento de los hidrocarburos no es una actividad que tenga que ser destructiva para el ambiente. De no ser así, todas las voces que afirman que las explotaciones por venir a la región, derivadas de las reformas en el tema energético, son la peste, habrán confirmado la veracidad de sus profecías.

Horrible tragedia.

El primer punto de contacto para acceder a la descarga de hidrocarburos en el río San Juan es San Juan, Cadereyta, población donde se dice que fue practicado por vez primera el béisbol en nuestro país.

También es el sitio en donde fueron encontrados 49 torsos humanos, mutilados por sabe quién. Así es también nuestra comunidad, donde con impunidad se degrada la naturaleza y también se extermina la vida, como si su valor fuese menos que nada.

 

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