Por Indira Kempis

Foto por Victor Hugo Valdivia

Asco, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, significa, en sentido figurado: “impresión desagradable causada por algo que repugna”. Sí, eso es lo que lamentablemente tránsita por mis pensamientos. ¿Qué me ha causado asco? Conocer el caso de la hija del profesor José Luis Rubio, víctima de secuestro y violación que, en legítima defensa propia, mató a uno de sus agresores. No, no es la única historia de injusticia en el país, pero nos orilla una vez más a analizar el sistema de justicia que vende al mejor precio y postor, que nos amordaza con el miedo a siquiera atrevernos a levantar una denuncia.

Dejo este espacio como réplica de la voz de una familia que exige justicia. No quiero compartir mi asco, pero sí esa necesidad de que nos demos cuenta de que mientras para algunos diciembre transcurre entre villancicos y mentadas de madre, hay mexicanos que están viviendo en carne propia el martirio que es nuestro sistema de justicia. No podemos quedarnos así, con una sensación repulsiva. Hay que hacer algo para impedir estas crónicas de terror, para curar el ácido sabor del asco.

***

Finalmente, esta tarde tuve el maravilloso encuentro con mi hija Yakiri Rubí, mi pequeña princesa de 20 años. Por fin pude escuchar de sus labios, paso a paso, el terrible momento vivido por ella a manos no sólo de dos bestias, sino de todo un aparato de justicia que conspiró a favor de sus vecinos, de sus cuates para transformar en pocas horas a una víctima de privación ilegal de la libertad, robo, intento de homiciio y violación en una terrible homicida. Esta es la historia, a grosso modo, contada con coraje, llanto y profundo dolor por una mujercita de apenas 20 años que cometió el delito de caminar por una calle de la colonia Doctores en busca de una cita con su pareja que la esperaba en el CAVI y tuvo la desgracia de encontrarse con dos hermanos, depredadores de mujeres que esa noche salieron a cazar su presa:

Cuando salí del metro para dirigirme a Super City, pues había quedado de encontrarme ahí con ella, a una cuadra del CAVI, me empezaron a molestar un par de tipos que iban a bordo de una moto. Me decían ‘Adiós, flaquita’, ‘Amiga, te llevamos’. No les hice caso y seguí caminando. De pronto uno de ellos se bajó de la moto y venía ya muy cerca de mí, insistiendo. Entonces me abrazó y me dijo mientras me aprisionaba con un cuchillo:

—¡Ni la hagas de pedo! ¡Ya chingastes a tu madre!

Con miedo pero resuelta a dejarme robar, le contesté:

—Está bien. Toma mi bolsa, llévate mi dinero…

—¡Eso vale madre! Si quisiéramos robarte, ya lo hubiéramos hecho… ¡Súbete y no hagas pedos o aquí te carga la chingada…!

Me subieron en medio de ellos. Iba temblando, pidiéndole a Dios que ya terminara esto. Me llevaron a un hotel muy cercano —que ahora sé se llama el Alcázar—. Ahí, uno de ellos se quedó y el otro enroscó su brazo sobre mi cuello y puso la mano en el cuchillo, lastimándome. Cuando entramos, saludó al administrador muy familiarmente y sin problemas.

—¿Qué tranza, carnal?

—Ya sabes a dónde —le contestó el encargado.

También había una mujer que más tarde me diría: ‘¡Ya vete, pendeja! ¡Báñate y vete! ¿Qué le hiciste? Él es buena gente…’ Y así, sin pagar ni hacer ningún trámite, me subió a un cuarto que estaba abierto. Enseguida llegó el hermano y ambos empezaron a golpearme y atacarme…”

Por respeto a mi hija, que al llegar a esta parte rompió en llanto y durante el resto del relato sufrió más crisis nerviosas que sacudieron a las cuatro personas que la escuchábamos, no continuaré la historia que tendré que hacer pública en los medios si es necesario, pues me he enterado de que la Procuraduría del DF hará pública su versión, criminalizando a mi hija.

Las preguntas quedan en el aire: ¿por qué si mi hija salió pidiendo auxilio (como consta en la declaración de los policías que acudieron en su «ayuda») por violación y después señaló a uno de los hermanos agresores (Luis Omar Rodríguez Anaya) al hacer el recorrido y búsqueda, este maldito monstruo no fue puesto a disposición y sigue libre? ¿Por qué aún no lo han detenido si se le acusa de ser copartícipe en la violación y vive a la vuelta del Ministerio Público? ¿Por qué le dijeron a mi hija que tenía derecho a una llamada y a un abogado y después se los negaron? Le dijeron que podía marcar desde su celular, pero difícilmente salen las llamadas de ahí. Después argumentaron que era muy tarde y que mañana a las 8:00AM podría hacerlo sin problema. Pasaron las horas… A las 10:00AM le dijeron que ya no era necesario porque ya se había enterado su familia. Y, sin embargo, yo me enteré hasta las 11:30AM que mi hija estaba detenida por un pleito… ¿Por qué cuando llegué a la Agencia 50 un tipo gordo y mal humorado me dijo que mi hija, «la homicida», ya había sido trasladada y consignada al penal de Santa Martha, estrujándome el periódico, cuando ella aún se encontraba detenida en las galeras de esa agencia? ¿Por qué me dijo el ministerio que ya le había tomado su declaración hasta tres veces y siempre se contradecía? ¿Y sin abogado presente? ¿Es legal? ¿Por qué la insistencia de los abogados del hotel Alcázar en tratar de sobornar a nuestra abogada? ¿Por qué si hubo delito de violación no le han suministrado anticonceptivos a la víctima?

Pido a mis amigos y compañeros compartir y publicar este extracto de las difíciles horas que ha sufrido mi hija a manos (no sólo) de dos bestias que atacaron a una joven mujer delgada, que no pesa ni 50kg, pero muy valiente.

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