Por Emi Saria

Foto por Victor Hugo Valdivia (Baile de cumbia colombiana)

 

Siempre había escuchado esto: Argentina es el país del tango, es un país blanco, poblado por inmigrantes italianos y mayoritariamente europeos.


En donde estoy, por el norte del país, la gente no es blanca y no se escucha nada de tango. En los Andes, la gente tiene rastros andinos. Son distintos que en Bolivia pero son andinos. También hay mestizos, también hay blancos. La música que se escucha aquí es con guitarra y tambor, sus ritmos principales son la zamba y la chacarrera. Deje los andes y estoy ahora por las orillas del río Parana, cerca de la frontera con Paraguay, cerca del gran pulmón de nuestro planeta. El acento se parece al portugués de Brasil, la gente tiene rasgos autóctonos de la Selva.


Argentina no es blanca, no es el fruto de Europa. Es mentira. Lo que me va enseñando el Sur de América es que sus fronteras son factices y se nota en los idiomas que hablan la gente en su diversidad étnica. Un Atlas etnográfico sería mas útil para quien quiere entender dónde se halla que un atlas geopolítico.


Los “indigenas” no han desaparecido del continente, no desaparecieron de Argentina, no desaparecieron de Chile. Se les invisibiliza pero siguen aquí. Quizás algunos europeos que llegaron intentaron con sus monumentos imponer su presencia y su cultura. No ha funcionado. Los blancos que veo en el norte argentino solo tienen de blanco la piel. Ellos también son mestizos, a pesar, muchas veces de no querer verlo. El mestizaje no solamente es biológico, también es cultural.La costumbre de tomar el mate ilustra este mestisaje cultural. Esta planta es originaria de Paraguay, es una costumbre guarani y se presenta como una costumbre nacional aquí. Todos y todas la toman a cualquier hora. Es excelente para las viajeras como yo, adictas al te, pues el mate es mucho mas practico para transportar que una tetera. Supongo que los gauchos, con sus largos viajes, la difundieron por Argentina. Hablando del mestizaje cultural, me acuerdo de un chico que tenía un fuerte acento del campo, parecía que tenía tierra en la boca, era rubio con ojos muy azules y masticaba coca. Ya no le quedaba nada europeo. Nada mas que la color de su piel. La identidad no es fija, la raza no existe. Las culturas si, las influencias si. Yo lo noto al viajar tanto. Soy francesa, pero también tengo impregnadas cosas de España, cosas de México en mi acento, en mi imaginario, en mis representaciones… imagínense después de varias generaciones de desarraigo. Las culturas de “origen” se van transformando, van creando otras cosas con otra gente, van creando otros pueblos. Eso es América. El sincretismo y el mestizaje, los mestizajes en acción perpetua.


La verdad es que en este país veo una gran convivencia entre la gente de color y los blancos, no noto tanto el racismo como en México -donde es brutal- o tanto como en Chile donde la amnesia y la negación de su pertenencia cultural a latino america me marea.


La cultura no se mide solamente en los museos, la riqueza no solo se mide con moneda.

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