Por Antonio Hernández

La amenaza de mayor importancia a la integridad de los ecosistemas del Área Natural Protegida (ANP) Monumento Natural Cerro de la Silla (MNCS), es la urbanización de espacios en su interior. De los tres municipios de Nuevo León donde se ubica esta montaña protegida –Monterrey, Guadalupe y Juárez- los dos primeros presentan asentamientos –poblaciones humanas y construcciones- en el polígono que delimita a esta ANP.

Proyectos de alcance significativo en los últimos años han sido impulsados por el gobierno de Nuevo León, que aunque no han sido concretados, están contemplados como obras prioritarias en los planes de desarrollo urbano. Es el caso del Arco Vial Sureste, que comprende un túnel que se busca atraviese la sierra buscando comunicar el municipio de Juárez con la zona sur de Monterrey.

Otro corresponde a la construcción de un teleférico en la zona del zoológico La Pastora. Aunque esa obra fue rechazada por residentes de la zona y autoridades ambientales, el actual alcalde ha expresado públicamente la intención de implementar ese proyecto durante su administración. Simultáneo, en la prensa de Monterrey se ha publicado información sobre la propuesta de construir una carretera panorámica que recorra el perímetro de toda la Sierra de la Silla, buscando aprovechar lo atractivo del paisaje en la zona protegida.

Esas dos obras, con toda certeza viables en su planeación técnica, deben ser evaluadas bajo criterios ambientales, considerando las posibilidades de afectación a ecosistemas, derivados de la construcción de infraestructura dentro del ANP.

En el aspecto de los asentamientos humanos existentes en el ANP, las alternativas para su manejo son complejas. Bajo las formalidades ambientales, la existencia de fraccionamientos está sujeta a limitaciones rigurosas, que restringen la existencia de los mismos. Ante el hecho vigente, sería de esperar que se buscara la demolición de colonias enteras, buscando así la recuperación de las zonas invadidas. La realidad parece demostrar que tal acción es cercana a lo imposible, tomando en cuenta los eventuales conflictos sociales que pudieran derivarse de una acción de ese tipo. La realidad no puede ser conciliada ante las reglas administrativas de manejo en el MNCS. Y con ello se da la afectación a ecosistemas, y también a los servicios ambientales que brindan a la población en la zona metropolitana de Monterrey.

Los señalamientos referidos son modelo de lo complejo del manejo de las áreas naturales protegidas de Monterrey. Al estar rodeadas por la ciudad, la presión ejercida vía el crecimiento caótico de la misma genera condiciones adversas para la conservación de los valores naturales de los espacios protegidos.

Lograr un manejo exitoso en la conservación del MNCS requiere esquemas de colaboración que nunca se han dado. Implementar mecanismos de trabajo que involucren a los niveles de gobierno en los ámbitos federal, estatal y municipal, dados los diversos intereses que motivan a las administraciones, es complicado de lograr.

Como parte relevante, en la población se tiene un conocimiento muy reducido de la necesidad de conservar ecosistemas como una de las bases para el crecimiento sostenible de la ciudad, quedando como resultado que esta parte de una adecuada planificación es considerada solo de manera marginal.

Lograr acuerdos favorables entre esos actores, será un resultado que puede marcar modelos de manejo deseables en ANP que se encuentran adyacentes a zonas metropolitanas, pero nos encontramos en el extremo opuesto para concretarlo. En ese componente se vuelve urgente enfocar esfuerzos.

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