¿Por qué un gobernante exitoso rehuye a una entrevista crítica?

Emeterio Arizpe Telles camina de prisa después de entregar becas para preescolar, primaria y secundaria en Cadereyta, el municipio que gobierna desde 2012. Se detiene un momento para platicar con alguien de su equipo y continúa luego hacia la salida del lugar. Me le acerco y le cuento que estoy escribiendo sobre él. Con cierta displicencia dedica unos pocos segundos a observarme y ordena a su director de comunicación social programar una entrevista oficial en otro momento. Es la primera vez que lo veo, llevo más de seis días buscándolo por todos los medios oficiales.

Tello, como le dicen sus familiares y amigos, es un hombre de estatura mediana, ligero sobrepeso, tez morena clara, frente amplia y un peinado siempre bien cuidado. Estudió la carrera de Licenciado en Derecho y Ciencias Jurídicas en la Universidad Autónoma de Nuevo León y aunque habla fluido y con acento norteño, su tono de voz tiene algo diferente al de los demás habitantes de esta región. Entre los jimenenses exigentes, por su tono, Tello podría pasar como un fuereño.

El alcalde es el tercero de seis hermanos. Usa camisas planchadas de forma impecable, realiza pocos movimientos corporales a la hora de hablar y sonríe todo el tiempo. “Gente de confianza” fue el slogan de su campaña, y es lo que intenta demostrar ante quien se le acerca. Saluda de manera enérgica y parece estar interesado de forma permanente en lo que dice la gente. Siempre está listo para la foto. Posa con todo aquél que se acerque y sonríe mucho más cuando tiene una cámara enfrente. Sonríe y se abraza con estudiantes, sonríe y se abraza con señoras, sonríe y se abraza con niños… las cámaras son su ambiente natural.

Ver a Emeterio en acción es rememorar a tantos otros políticos salidos de la nueva generación del Partido Revolucionario Institucional (PRI), es verlo siguiendo el manual de imagen que tan buenos resultados le dio a Enrique Peña Nieto en su campaña presidencial. La estrategia de imagen que el partido ha buscado manejar, en la que toma a jóvenes políticos, los peina bien y les inculca el culto a la imagen. A su imagen.

En Cadereyta, como en el resto del país, la gente vota más por una imagen que por un programa de gobierno. Si a esto le sumamos la extensa cobertura de su equipo de comunicación, del gobierno del estado y de ciertos medios de comunicación, tenemos la fórmula perfecta.

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En Monterrey conocí de manera fortuita a una sobrina de Emeterio, o Tello como ella le llama. Se trata de una chica agradable y dicharachera, así que describió sin inhibiciones a su tío como un hombre de familia. Fue todo lo que me dijo acerca del actual alcalde de Cadereyta. Ella forma parte de la asociación juvenil del PAN en Cadereyta y Edelmiro Cantú, ex alcalde de esta ciudad, también es su tío, así que al momento de las elecciones decidió abstenerse de votar pues no quería meterse en un conflicto de intereses al tener que elegir entre uno u otro de sus tíos.

Otros de sus familiares definen a Emeterio como un hombre accesible, que nunca deja a nadie atrás; que ayuda siempre a los demás y que se preocupa por los jóvenes. También dicen que como ha trabajado casi toda su vida en puestos públicos, siempre ha vivido cómodamente. Fungió como Agente del Ministerio Público, Delegado Regional de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), Notario suplente en la Notaría Pública #134 y recientemente como Secretario del Ayuntamiento de Cadereyta, hasta que se volvió alcalde de este mismo municipio. Su vida de funcionario parece haber transcurrido siempre entre puestos de seguridad y de administración pública.

Con estos amplios antecedentes burocráticos, supuse que sería sencillo tener una entrevista con el político más poderoso de Cadereyta, pero olvidé que en el México profundo los servicios de comunicación social son considerados valiosos cuando ayudan a proteger a los funcionarios públicos de las entrevistas críticas.

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Después de varios días de llamadas infructuosas al departamento de comunicación social, decido ir personalmente a Cadereyta Jiménez para tratar de buscar al alcalde de nuevo. Sin previa cita, tomo mi carro y enfilo hacia la autopista que va de Monterrey a este municipio. A pesar de que recientemente fue incorporado al área metropolitana, el viaje en automóvil desde Monterrey hasta Cadereyta sigue siendo bastante caro: rápidamente llego a la primera caseta donde tengo que pagar 45 pesos para poder continuar con mi camino. Las grandes flamas que salen de la Refinería Héctor Lara Sosa me guían, marcando el camino. Esta refinería ubicada en Cadereyta por su una posición estratégica para abastecer de energéticos a Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila y Chihuahua, ocupa un área de 612 hectáreas, y es una fuente de empleo para propios y extraños del municipio.

En poco menos de 20 minutos ya estoy por llegar a la ciudad, pero una ligera desviación por un retén de la policía estatal hace que me detenga durante un buen rato. Sin un dejo de amabilidad, los agentes de seguridad comienzan un pequeño interrogatorio

-¿A dónde vas?

-¿Qué haces aquí?

-Te vamos a revisar el carro.

Y así, sin mucho tacto, estos policías estatales intentan desmontar mi coche parte por parte, mientras en la radio que tienen se escucha una canción de Lady Gaga. Pocos minutos después estoy en el centro de Cadereyta. Aquí prácticamente no se ven policías. Luego de que en 2011 militares y policías federales detuvieron a 40 policías y tránsitos del municipio por presuntos nexos con el crimen organizado, y debido a la posterior depuración a mediados del 2012, en la que cuando Emeterio Arizpe era Secretario de Ayuntamiento, despidieron a gran parte del personal de policía y tránsito. Cadereyta se quedó casi sin policías.

La opinión popular que descubro acerca de la actual administración parece en su mayoría sacada de un guión al que todos tuvieron acceso. Tal vez todos piensan lo mismo, o hubo alguna especie de acuerdo tácito en el que la población decidió usar las mismas palabras para describir la actualidad de Cadereyta. “La verdad, ahorita está mucho más tranquilo, desde que entró esta administración sí se ha visto un cambio”, cuenta Gerardo, cuidando sus palabras. Este joven estudiante de leyes de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) apoyó la campaña de Emeterio. Se refiere a él como a una buena persona que da un buen trato y siempre está pendiente de los jóvenes, aunque no puede describir ninguna situación en la que Emeterio lo haya tratado particularmente bien.

“En la ciudad tenemos un ambiente de mayor seguridad, mayor transparencia, más que nada gracias a la gestión y al apoyo a la comunidad”, dice Jesús, presidente de la Asociación Jimenense, una agrupación de jóvenes estudiantes UANL, residentes de Cadereyta. Esta asociación recibe apoyos por parte del gobierno municipal para que los jóvenes realicen sus estudios universitarios. Jesús considera que las cosas están marchando muy bien y que como joven jimenense está satisfecho pues siente un ambiente más tranquilo y seguro en la ciudad. Luego continúa con el guión.

Además del guión, la realidad está del lado de Emeterio: los números oficiales revelan una considerable baja en el número de homicidios perpetrados en la ciudad. De enero a mayo de 2013 se han cometido 14 homicidios dolosos según la Procuraduría estatal, lo que representa una baja de casi 90 por ciento respecto al mismo periodo del 2012. Sin embargo, algunos alegan que más que acierto de esta administración este descenso coincide con la llegada en mayo de César Niño Villarreal al puesto de Secretario de Seguridad Pública de Cadereyta. El General retirado fue designado por el ex alcalde Eduardo de la Garza y a partir de su arribo se vio un marcado descenso en los homicidios dolosos de la ciudad.

En cuestión de seguridad, Cadereyta está ahora mucho más tranquilo que antes. “Ya se puede salir a gusto a la calle”, dice un ama de casa que no quiere que su nombre sea revelado. Ella ha vivido toda su vida en Cadereyta. Es blanca y robusta, habla fuerte y confiada, pero de manera amable sigue platicando que en algún momento la cosa estuvo muy fea. “Demasiada balacera”. Y es que desde el año de 2010 hasta mediados del 2012, Nuevo León sufrió de una incontrolable ola de violencia debido a la cruenta batalla disputada entre los carteles de la droga. Se dice que en el 2011, esta disputa causó más de mil 600 muertes en el estado. Decenas de muertos llenaron día tras día las páginas de los periódicos, en una guerra que parecía no tener fin, algunos expertos declararon a Nuevo León como “estado fallido”. En Cadereyta, a la altura del kilómetro 47 de la autopista a Reynosa se encontraron 49 cuerpos mutilados. El periodista del diario La Última Palabra, Raúl Régulo Garza Quirino, fue asesinado a balazos en 2012. Existen muchísimos más ejemplos de la escalada de violencia en esta ciudad y otras del estado: pasaron de ser prósperas y pujantes, a verdaderas ciudades del terror.

Con estas historias en mente, me invadía cierto temor al pensar en venir a hacer una investigación a Cadereyta, pero ahora que se tranquilizó la ciudad, el único temor que tengo es no poder entrevistar en persona al alcalde del municipio más pequeño y flamante del área metropolitana.

La presidencia municipal ubicada en la calle 20 de Noviembre frente de la plaza principal, se ve avejentada. De no ser por el escudo del municipio pintado sobre el color beige de sus paredes, no daría le impresión de ser la sede del cabildo municipal.

Me llama la atención que a pesar de la inseguridad que se vivió, la entrada no esté resguardada. Entre el bullicio del salón principal, camino hacia la recepcionista y pido indicaciones para llegar a Comunicación Social.

La muchacha amable me explica la ubicación de la dependencia y subo hasta el tercer piso del ayuntamiento de Cadereyta.

En las pequeñísimas oficinas del departamento de Comunicación Social de Cadereyta los automovilistas se autorregulan y las buenas costumbres de manejo relucen en cada cruce, donde un pequeño letrero dice: “Ceda el paso a un vehículo”. No se siente ese ambiente tenso del que la gente habla cuando se acuerda de los años pasados. Tampoco se ve a nadie sospechoso vigilando con ojos inquisidores las calles del centro de la ciudad. Hoy es martes y en la plaza principal se ve bastante ambiente. Todos los cajones de estacionamiento están ocupados y los que no, están reservados para los taxis. Los boleros platican animadamente entre ellos, mientras los viejitos se reúnen en las bancas a contar sus dolencias y alguna que otra novedad. De vez en cuando alguna dependienta guapa de una tienda departamental cruza la plaza y los hombres la miran con cierto disimulo.

A decir de algunos jóvenes con los que platico, aquí está muerto de lunes a jueves y es hasta el fin de semana que la mayoría de los chavos regresan de Monterrey y dan una vida más activa a la ciudad. La plaza principal luce abarrotada cada sábado y los jóvenes “dan la vuelta” por todo Cadereyta. Para ellos, dar la vuelta es el principal atractivo para regresar a su ciudad después de estudiar o trabajar en Monterrey. Los jóvenes en sus carros se pasean observando ávidamente a todo el que pasa de frente mientras toman cerveza. Así recorren una y otra vez las calles de la ciudad, desde la plaza principal hasta “el Oxxo fresa” que está en la entrada de la ciudad.

Después de un rato, cansados de tantas vueltas, todos “parquean” sus autos y camionetas y se reúnen en algún lugar para seguir tomando. Esta especie de ritual es característico de muchos lugares pero aquí ya hay incluso gente que viene desde Allende y otros lugares cercanos a dar la vuelta.

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Intento saber más de Emeterio Arizpe. Sé que una vez le tejió con sus propias manos una hamaca a su papá para cumplirle uno de sus deseos. Sé que le gusta ir a su rancho. Sé que le gusta la música norteña. Sé que le gusta el futbol aunque no lo practica. Sé que es aficionado de los Tigres porque estudió en la Uni.

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Por medio de Facebook intento contactar a Emeterio o a su esposa Edna Sáenz de Arizpe para que me den una entrevista. Me enfoco en ella pues se ve que usa frecuentemente esta red social. Le mando la solicitud de amistad y un mensaje privado en el que le explico que estoy escribiendo acerca de su marido. En ese momento suena mi celular y el departamento de Comunicación Social de Cadereyta me invita a asistir a un evento a las dos de la tarde, en el Club de Leones.

Emeterio y el Secretario de Educación del estado harán una entrega de apoyos para el programa Escuelas de Calidad.

Así que la primera vez que logré tener contacto con el alcalde fue después de una semana de buscarlo, en un evento de entrega de apoyos donde, acompañado del secretario de Educación de Nuevo León, José Antonio González, se repartió tres millones de pesos en becas a estudiantes de preescolar, primaria y secundaria. En la entrada del recinto, dos hombres de armas largas escondidas en mochilas vigilan el lugar. Adentro, dos mujeres me reciben con sonrisas e invitan a pasar. El contraste es drástico: Emeterio da un mensaje y habla de los programas de escuelas de calidad, para después felicitar a directores, maestros, alumnos, al gobierno del estado y a sí mismo. Alrededor de 200 personas entre estudiantes, maestros y padres de familia, esperan su beca con impaciencia, mientras que, posando ante las cámaras, el alcalde entrega los cheques a niños y maestros. Todo con foto incluida.

Se podría decir que posar ante las cámaras, abrazar a las señoras y animar a los niños es la parte favorita de su trabajo, aunque de hecho, sus críticos dicen que es lo único que sabe hacer.

El Secretario de Educación da su mensaje en el que una vez más felicita a Emeterio y a su administración para después pedirle a la gente que levante sus cheques para tomarse una foto panorámica con ellos de fondo. El evento termina, la gente regresa a sus casas y la conferencia de prensa comienza. Cámaras, flashes, micrófonos y grabadoras… Emeterio está en su ambiente. Yo, por mi parte, todavía no consigo ni un minuto de entrevista con él. Parece una tarea imposible. El alcalde está muy presente en eventos y foros públicos donde asisten manadas de fotógrafos, se reúne con un grupo de chicos que le piden poner un lugar para practicar skateboard, y se desaparece cuando se le quiere entrevistar seriamente sobre sus políticas de fondo y su vida personal.

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