¿Por qué la prensa de Nuevo León llamaba robots comunistas

a quienes pedían democracia universitaria?

Por Ana Lucía Heredia

Luis Echeverría ocupó la silla presidencial de México en 1970 y prometió un país en el cual se tomara en cuenta al obrero, al campesino y en el que existiera la oportunidad de diálogo con los estudiantes que exigían democratizar la vida universitaria.

Las palabras presidenciales se escuchaban prometedoras, como en cada sexenio, mientras que al otro lado del mundo, en Vietnam, 50 mil recién nacidos tenían malformaciones debido a la operación “Ranchland”, en la cual el ejército de Estados Unidos regaba desde el cielo herbicidas en las zonas rurales para continuar su combate contra los estados comunistas, algo que venía haciendo desde 1955.

Estas noticias no impidieron la organización de estudiantes de diferentes partes del país para exigir un sistema universitario autónomo e incluyente. La nueva administración federal prometía diálogo una y otra vez.

Un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) quería democratizar la ley orgánica que estaba vigente en su institución; exigían paridad entre maestros y estudiantes en el Consejo Universitario, su máxima autoridad, así como una elección directa, individual y secreta, en la que participaran maestros y alumnos, para nombrar al rector y los directores de carrera. Pedían también el reconocimiento a los derechos laborales de los servidores de la Casa de Estudios y que el estado les destinara el 12 por ciento del total del presupuesto cada año fiscal.

En ese entonces, un ingeniero de nombre Héctor Ulises Leal era el rector de la UANL. Había sido reconocido por los alumnos desde enero de 1971, pero las autoridades estatales lo legitimaron hasta febrero del mismo año. Héctor Ulises estaba de acuerdo, junto con los alumnos, en la reforma de la ley orgánica, por lo que se convirtió en un gran aliado de este movimiento.

Para ser escuchados, los alumnos, principalmente los de la escuela de medicina y de química, así como de las preparatorias 1, 2, 3, 4 y la Adolfo Prieto, organizaron mítines y marcharon junto con maestros y padres de familia que buscaban reformar la ley orgánica. Su exigencia fue ignorada por el entonces gobernador Eduardo Elizondo, quien antes de asumir su cargo en el Palacio de Gobierno estatal había sido rector de la universidad.

En respuesta a la exigencia de mayor democracia universitaria, el gobierno estatal decidió castigar a los estudiantes disminuyendo drásticamente el subsidio con el que contaba la UANL. Al mismo tiempo, Eduardo Elizondo impuso una nueva ley orgánica en la cual se creaba la Asamblea Popular, órgano de máxima autoridad en la universidad, conformado por 37 personas, de las cuales solamente tres eran del sector estudiantil y tres del sector magisterial; el resto pertenecía a la burocracia universitaria.

En este mismo mes de marzo de 1971 en que fue creada la Asamblea Popular, mientras que estudiantes, maestros y padres de familia buscaban opciones pacíficas para que se cumplieran sus peticiones, en Guerrero el ejército detenía a 17 jóvenes que se habían unido a la guerrilla del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR). Este hecho antecedió a torturas y desapariciones que aún hoy siguen impunes.

Las represiones patrocinadas por el ejército en otros estados del país repercutieron en los jóvenes universitarios de Nuevo León. En uno de los mítines celebrados cerca del Colegio Civil, tanto maestros como estudiantes tuvieron que salir corriendo por el sonido de lo que parecían balazos. Lo que no supieron en ese momento es que un grupo de porros había sido contratado para lanzar cohetes chinos “para que los estudiantes creyeran que eran disparos y huyeran”, según testimonio de un ex halcón llamado Sergio San Martín Arrieta.

En medio de los forcejeos, el gobernador Elizondo decidió seguir con su invasión de la universidad e impuso a un nuevo rector. Aunque poco se le menciona en la historia local, la UANL tuvo un rector militar: el coronel Arnulfo Treviño, por quien se depuso a Héctor Ulises Leal, suceso que pareció disgustar a padres de familia, estudiantes y maestros. El disgusto los llevó a tomar la rectoría de la UANL en protesta por la violación a la autonomía universitaria. Mientras tanto, el ejército tenía una tarea muy clara en Guerrero: destruir cualquier organización opositora al PRI y a los grupos guerrilleros bajo el llamado “Plan Telaraña”. Elizondo no iba a dejar que Nuevo León se saliera de control, así que envió la ocupación policiaca a desalojar las instalaciones tomadas.

El resto del país seguía escuchando los medios de comunicación promovidos por el Estado, distraído con la “ Declaración de Villahermosa”, a la cual asistieron rectores y directores de las universidades en México para hacer una reforma a la educación. Mientras, en la Cuba de Fidel Castro, estaba por terminar el Congreso Nacional de Educación y Cultura para defender la educación de hijos de campesinos y de trabajadores, en donde se mencionó un “credo revolucionario” (marxista-leninista) que excluía la posibilidad de estudiar o leer acerca de cualquier texto que no tuviera relación con las ideas revolucionarias y/o que pudieran afectar a estas mismas.

En mayo, las protestas de los jóvenes de Monterrey comenzaron a incrementarse. Decidieron asistir al desfile del Día del Trabajo a expresar sus inconformidades y sus peticiones. Marcharon Héctor Ulises Leal, rector depuesto, Manir González Martos, ex secretario general, José Fernández Quiroga y Raúl S. Montoya Reta, ambos integrantes del Comité Central de Lucha y del Sindicato Universitario.

Dentro de la marcha tomaron un espacio, acompañados por algunos trabajadores solidarios, y expresaron: “Queremos que a la universidad entren los hijos de obreros y campesinos” con el fin de no prostituir la educación a las empresas y la elite de la región. Asimismo evidenciaron la realidad que representaba la asamblea popular. “La asamblea popular de popular no tiene nada, pues está integrada por personas y líderes campesinos que sirven a intereses particulares”.

Al día siguiente, una campaña periodística estaba lista para desacreditar al Movimiento Estudiantil diciendo que habían fracasado los “reventadores” que asistieron al desfile del 1 de mayo.

Las cosas empezaron a complicarse. Uno de los estudiantes de medicina, Héctor Camero, afirmó que “no cesarán en su movimiento hasta que la ley orgánica decretada por el estado sea derogada, ya que es anticonstitucional”. Los alumnos de odontología decidieron tomarse un momento para analizar la ley orgánica antes de tomar postura, ya que había solamente 5 facultades de un total de 25 que aprobaban la ley impuesta. “Las clases aparentemente son normales, pero en el transcurso de las mismas se realizan paros”, informó un estudiante de odontología llamado Albino Flores.

En México la prensa intentaba disolver la organización al mismo tiempo que en Washington manifestantes en contra de la guerra de Vietnam ocupaban las calles antes de que la policía fuera enviada a disolver el acto político. Las calles de algunos lugares de nuestro país estaban ocupadas por policías no solamente para disolver los actos masivos, sino que también se intentaba cumplir la minuciosa tarea de neutralizar la prensa libre. “Las madrinas” rondaban por los puestos de periódicos revisando que nada fuera de lo autorizado estuviera a la venta. Todo esto era más fácil de controlar porque el papel era vendido por una empresa llamada PIPSA, beneficiaria del monopolio junto con el Estado; 80 por ciento del capital social era gubernamental, el otro 20 por ciento era de empresarios editoriales.

Esto obligaba a la prensa libre a comprar papel de contrabando y pagar precios al doble para poder imprimir e informar lo que estaba ocurriendo. Una de las revistas más destacadas en esta época fue ¿Por qué?, del periodista Mario Rodríguez Menéndez, quien primero había sido llamado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz para acompañarlo a ciertos eventos y cubrir las notas.

El grupo de jóvenes estudiantes de Nuevo León, llenos de coraje por todo lo que estaba pasando, llevaron tiendas de campaña y pancartas guevaristas que decían “Hasta la victoria siempre” y “Asamblea popular = a líderes priistas” con las que se instalaron afuera del Hospital Universitario a ejercer mayor presión. Al día siguiente, el gobierno de Eduardo Elizondo lanzó una campaña en la prensa con la intención de manchar los actos de protesta: “Los pobres de los enfermos tienen que irse del hospital pues llegan asustados con los jóvenes comunistas”.

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Aquel grupo de jóvenes regiomontanos, estudiantes mal etiquetados como revoltosos comunistas que supuestamente ocasionaban inestabilidad en el estado, se preparaban en junio de 1971 para recibir un golpe aún más violento, autorizado por el gobernador Eduardo Elizondo, que había anunciado en un reciente discurso la posibilidad de “someter a los revoltosos, minorías violentas y negativas que provocaban la intolerable inestabilidad”.

El estudiante Héctor Camero dijo a la prensa que no cesarían “en su movimiento hasta que la ley orgánica decretada por el estado fuera derogada, ya que era anticonstitucional”. En la UANL, las amenazas de despidos masivos a trabajadores y maestros estaban latentes. El rector militar Arnulfo Treviño Garza, en menos de 20 días, nombró nuevos directores de escuelas y facultades, al mismo tiempo que declaró tener el respaldo de estudiantes y maestros de odontología, medicina, agronomía y de la prepa Álvaro Obregón.

Después de las amenazas, llegó el día de las aprehensiones: contingentes de policías pertenecientes a la seguridad pública del estado ocuparon los edificios de las preparatorias 1, 3 y Álvaro Obregón. Cargaron con estudiantes y profesores, incluyendo al ex rector Héctor Ulises Leal y el secretario general del sindicato, Fabián Navarro. En respuesta, un grupo de jóvenes se organizó junto con los padres de familia en un mitin, luego disuelto por la policía. 100 estudiantes fueron llevados a prisión en esos días.

En una protesta que se llevaba a cabo en el centro de Monterrey, entre las calles Morelos y Zaragoza, un estudiante fue asesinado por un policía que cargaba una carabina de gas. El policía disparó el arma cuando el estudiante se sujetaba de ella para defenderse: en un instante, la bomba de gas atravesó su pecho y acabó con su vida. A partir de entonces, la represión rebasó al movimiento estudiantil y a sus participantes: un diputado fue asesinado por estar a favor de la lucha universitaria.

La represión del gobierno estatal en contra de jóvenes que pedían mayor democracia en la universidad seguía incrementando. El gobierno federal requería una nueva estrategia que desactivara el movimiento estudiantil, así que el presidente Echeverría exigió la renuncia del gobernador Elizondo para que llegara como interino Luis M. Farías. En cuanto llegó Farías, depuso al rector militar y reconoció a Héctor Ulises como rector de la UANL.

Aunque la legitimización del rector Héctor Ulises tranquilizó a los estudiantes, el problema de origen seguía latente: reformar la ley orgánica atendiendo a las demandas de los iniciadores del movimiento. Por esto los estudiantes de la UNAM y del Instituto Politécnico decidieron solidarizarse con los jóvenes de Monterrey aún después de la herida, todavía fresca, que había dejado la masacre de Tlatelolco en 1968. Con anhelos, miedo y coraje, el 10 de junio de 1971 deciden marchar a la plaza de San Cosme, demostrando su apoyo a la ley orgánica propuesta por estudiantes de Nuevo León y su oposición a la reforma educativa de Echeverría, exigiendo también la democratización de la enseñanza, la democracia sindical y la libertad de presos políticos.

Al punto de las 15:00 horas de ese jueves 10 de junio de 1971, fueron convocados maestros, jóvenes y demás ciudadanos por los estudiantes del Comité Central de Lucha de la UNAM. Darían pie a la marcha que tenía como ruta establecida recorrer las avenidas Carpio y de los Maestros, comenzando en el casco de Santo Tomás, hasta salir a la calzada México-Tacuba y terminar en el Zócalo de la Ciudad de México.

El camino para llegar al punto de encuentro de la marcha fue difícil. El metro y los servicios urbanos fueron suspendidos, truncando y entorpeciendo el traslado de los que querían sumarse a exigir democracia universitaria en un país en el que ni siquiera había democracia electoral.

Jóvenes, periodistas, maestros, padres de familia y ciudadanos decididos a hacerse presentes por la exigencia de una educación libre llevaron pancartas. Se leía: “No a la reforma educativa burguesa”, “Democratización de la enseñanza”, “Libertad a presos políticos”, “Todo lo que hay en la escuela es TUYO”, “Autonomía”, “ La revolución mexicana ha muerto, viva la revolución socialista”.

Inició la marcha rumbo al Zócalo, pero los manifestantes ignoraban que en el cruce de las avenidas Melchor Ocampo y San Cosme los estarían esperando grupos de choque paramilitar montados en camiones grises sin identificar, listos para bajarse y atacar a los que venían marchando pacíficamente. Los halcones iban armados con varas de bambú y armas de fuego para disolver la manifestación. Estos halcones habían sido concentrados en el Bosque de San Juan de Aragón tres días antes, en donde recibieron órdenes de Manuel Díaz Escobar, subdirector de servicios del Departamento del Distrito Federal, de disolver a como diera lugar la manifestación programada para ese jueves 10 de junio de 1971.

La violencia del Estado estalló en el cruce de las avenidas, frente a la estación del metro Normal, mientras que el presidente Luis Echeverría tenía una reunión en Los Pinos. Alfonso Martínez Domínguez, jefe de Departamento del Distrito Federal y presente en la reunión, contó después que en esa ocasión el presidente Luis Echeverría recibía muchas llamadas y que en una de ellas lo escuchó decir: “Quemen a los muertos, que nada quede, y no permitan fotografías”.

Los halcones eran hombres instruidos en artes marciales, de estatura media a alta o salidos de algún club deportivo; estaban preparados físicamente para tener un combate ágil. Cuando se terminaron las municiones del armamento, les fueron facilitadas más balas y armamento en autos privados para que continuaran su trabajo.

Rafael Márquez, un estudiante de medicina del Politécnico, fue baleado por halcones. Sus compañeros lo trasladaron al anfiteatro de la UNAM; ahí fue velado. Muchos heridos fueron trasladados al hospital Rubén Leñero, dentro de la colonia del casco de Santo Tomás. Ambulancias de la Cruz Roja recogían a personas y eran interceptadas camino al hospital por los halcones, que terminaban ahí mismo con la vida de los heridos. Horacio Espinoza, un fotógrafo de la revista ¿Por qué?, pidió permiso a un estudiante herido para tomarle una foto y así documentar el momento. Aquel estudiante de nombre desconocido responde: “Con tal de que no seas prensa vendida”. Pocos minutos después, el joven fallece.

Al terminar la masacre, los halcones fueron concentrados en el sótano de la tesorería del Distrito Federal para pasar lista y recibir las próximas instrucciones. Al día siguiente los trasladaron al Palacio de los Deportes, en dónde Díaz Escobar organizó diferentes grupos para que fueran a provocar disturbios, como asaltos a bancos y quema de vehículos, en diferentes partes de la ciudad. Con eso podrían “distraer la atención pública”.

Dentro de Los Pinos, Martínez Domínguez recibió órdenes de Echeverría de dar una conferencia de prensa con la que tratarían adecuadamente el asunto sucedido. “Alfonso, han ocurrido hechos sangrientos. Los estudiantes agredieron a la policía y hubo muertos y heridos. La situación es grave. Necesita usted ir a sus oficinas y dar una conferencia de prensa”. La versión de la rueda de prensa fue que grupos de choque antagónico se enfrentaron con los estudiantes que iban armados. El gobierno decía que la masacre había sido originada por estudiantes con diferentes ideologías. Se negó la existencia de grupos paramilitares que tuvieran relación con el Estado.

Diez días después, se citó a los halcones en un taller mecánico localizado en San Andrés Tetepilco, delegación de Iztapalapa. Iban a cobrar sus 5 mil pesos por los servicios brindados.

Dentro de lo investigado, una versión cuenta que el halconazo lo planeó Echeverría para deshacerse de Martínez Domínguez, que con su gran historial político representaba una amenaza para el presidente, por lo que después de la masacre obligo a Martínez Domínguez a renunciar. Según Martínez Domínguez, estas fueron las palabras de Echeverría: “Alfonso, vaya usted a su hogar, reúna a su esposa y a sus hijos y dígales que va a servir al presidente de la república […] Dígales que ha renunciado usted al cargo de jefe del Departamento del Distrito Federal. Sirve usted así al presidente y a su amigo”.

Los días que siguieron, madres se juntaron para buscar a sus hijos desaparecidos. Clamaban al gobierno: “¡Gobierno asesino, sólo falta que hayas matado a mi hijo!”.

El gobierno se dedicó a promover la creación de toquines de rock durante los meses siguientes, patrocinados por las mismas autoridades. Así distraerían a la juventud y evitarían que los estudiantes se organizaran de nuevo, alejando su pensamiento de los asuntos políticos del país.

Junto con esta estrategia, el alcohol y la marihuana empezaron a tener mayor facilidad de distribución. Ésta era controlada de primera mano por porros que trabajaban para el PRI.

Otros jóvenes que quisieron continuar organizándose formaron brigadas estudiantiles revolucionarias que buscaban crear preparatorias populares en diferentes ciudades. Una de estas prepas piloto fue inaugurada en Monterrey.

A muchos jóvenes de aquellos años les parecía que las vías institucionales para llegar a acuerdos se habían agotado. Algunos estudiantes que buscaban la libertad y la democracia decidieron capacitarse en las armas de fuego y formar grupos guerrilleros que continuaran la lucha en contra del Estado que los había reprimido en demasiadas ocasiones.

En Monterrey, las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN), grupo creado en 1969 por jóvenes con ideales de liberar al pueblo y a la educación de la opresión burguesa, se organizaban estudiando e informando de otros movimientos obreros y estudiantiles que sucedían a la par en otros países.

Tenían como puntos de encuentro casas de seguridad. Ahí se resguardaban en caso de peligro y podían continuar su organización y estudios.

Un día de julio de 1971, agentes federales interceptaron una de estas casas, derivando en un enfrentamiento armado entre ellos e integrantes del núcleo denominado “Emiliano Zapata”, de las FLN. Esto ocasionó que saliera una nota en la prensa que los denunciaba como terroristas prófugos que planeaban una terrible conspiración en contra del país. Sus intenciones fueron calificadas como delitos en contra de la patria.

Son como robots hechos para matar”, fue uno de los encabezados de El Norte, una columna dedicada a promover la “peligrosidad” de los integrantes de las FLN. Quedaron descritos como “fanáticos lavados del cerebro, sin conciencia ni sentido de respeto por la vida ni la propiedad de sus semejantes”. Se relacionaba a estos jóvenes con una conspiración castrista-marxista, y cuando era relatado algún enfrentamiento a fuego armado, se realzaba la gran capacidad que tenían los miembros para disparar, haciéndolos parecer robots hechos para matar…

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Son como robots: hechos para matar

¡Son como robots, insensibles, hechos para matar!

Peligrosísimos son los anarquistas descubiertos en Monterrey, diestros en el manejo de ametralladoras, fanáticos de cerebro lavado, sin conciencia al sentido de respeto a la vida ni a la propiedad de sus semejantes.

Así lucen y en ello han coincidido algunos entrevistados, principalmente de aquellos que dedican su vida al combate contra el crimen.

Son fanáticos”, dijo anoche el Lic. Fernando Garza, Secretario de la Policía Judicial del Estado. “Es increíble cómo han cambiado algunos de ellos a quienes conocí en la niñez y ahora son tan peligrosos e inconscientes”.

La peligrosidad de los miembros de la banda de conspiradores castristas-marxistas es relatada también por el agente de la policía judicial Juan José Hernández Castillo.

Él disparaba contra tres de los conspiradores que salían huyendo de la casa 601 de la calle Vista Ocaso de la Colonia Linda Vista la noche del lunes 19 del actual.

Juan José estaba parapetado tras un poste de luz mercurial. Uno de los conspiradores salió corriendo con sus compañeros hacia un llano cercano y disparando prácticamente hacia atrás.

La puntería del anarquista fue tal que así, corriendo y disparando hacia atrás, logro más de diez impactos de ametralladora precisamente en el centro del poste tras se guarecía el agente federal.

Él relató como en compañía del jefe de grupo de la Judicial Federal Pedro teniente y del agente César Garza Espinosa llegaron a la casa citada creyendo investigar un caso de tráfico de drogas.

Garza Espinosa se había rezagado para defender la retaguardia. Pedro Teniente oyó dentro un disparo de arma de alto poder y por la ventana un hombre armado que amartillaba una ametralladora.

Ordenó a Juan José que se replegaran y éste se colocó tras el poste mientras el jefe de grupo iba a pedir refuerzos por teléfono.

César Garza Espinosa se quedó a la descubierta y entonces, cuando salieron tres hombres corriendo rumbo a un llano cercano, uno de ellos, Mario Alberto Sáenz Garza, disparaba la ametralladora con tal puntería que logro meter así, corriendo, tres balazos mortales al agente Garza Espinosa.

Además, más de 10 impactos de bala rebotaron contra el poste que resguardaba al agente judicial Juan José Hernández Castillo.

Un cuarto guerrillero herido, quizá por uno de los disparos de los agentes, huyó por la barda posterior de la casa dejando una estela de sangre.

Evidentemente son gente inconsciente de cerebro lavado que ha perdido la noción del respeto a la vida y a la propiedad de los demás.

Para lograr sus propósitos de conspiración no se detienen ante nadie. Ellos mismos hablan en su correspondencia secreta de que prefieren morir antes que ser descubiertos.

Por supuesto, no se detienen ante la probabilidad de matar, incluso a seres inocentes.

 

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Mientras que en México se hablaba del peligro que representaban los comunistas para el país, en París se notificaba que los comunistas buscaban la paz en Vietnam y pedían a Estados Unidos que los prisioneros de guerra y del ejército pudieran regresar libres a casa para el festejo de la Navidad.

La descalificación hacia los opositores seguía en pie en México. La prensa publicó un comunicado confidencial de los militantes de las FLN, un mero informe y balance de las labores organizativas programadas y realizadas con satisfacción de “EYOL” (Estudiantes y Obreros en Lucha) en el cual hablaban de sacrificio, solidaridad, disciplina y compañerismo para “vivir por la patria o morir por la libertad”; firmaba el “compañero Pedro”. El encabezado de esta nota hablaba de un documento secreto que revelaba un tenebroso plan anarquista.

Días después, el nombre real de Comandante Pedro fue descubierto y publicado junto con el de otros integrantes de las Fuerzas de Liberación Nacional, como Mario Alberto, Elisa Irina Sáenz y Raúl Sergio Morales. Aún así los encabezados de las noticias seguían utilizando palabras como “terroristas”, “peligro” y “robots comunistas”.

Una de las columnas de El Norte advirtió a los lectores que los “robots comunistas hechos para matar y acusados de conspiración”, aún sin ser detenidos, eran capaces de transformarse físicamente por completo para evitar la captura. Mencionan una supuesta plastilina que se ponían en el mentón o nariz que los transformaba, o de cómo podían pasar de ser mujeres a hombres en unos minutos, o de tener cabello a ser calvos; hasta mencionaron una técnica con la que ensanchaban las caderas para pasar desapercibidos.

Veamos con mayor detalle la seriedad de la prensa regiomontana en aquellos años:

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Los robots comunistas son hábiles para transformarse

Los robots comunistas, hechos para matar y acusados de conspiración, andan aun prófugos y son hábiles en disfrazarse pues se han entrenado para ello.

Entre los documentos secretos decomisados a los terroristas descubiertos en la colonia Linda Vista se encuentran algunos que señalan la forma de cambiar completamente la fisonomía de una persona.

Ellos hablan de una plastilina que les sirve para cambiar la forma de la nariz, su mentón, la frente o la barba.

También muestran la mejor forma de cambiar de bigote, pestañas, peluca e incluso la forma de despeinarse para volverse instantáneamente calvos o al revés.

Muestran en efecto la forma de simular una calvicie parcial o total mediante una tela que, colocada sobre la cabeza y con maquillaje, da la apariencia de ser una calvicie real.

Un detalle importante de estas formas de disfrazarse es que permiten transformar completamente las formas de las mujeres en hombres y viceversa.

Tienen métodos para aumentar la barriga, los brazos y las piernas, así como el busto y las caderas en las mujeres principalmente.

También transforman su físico mediante el cambio de color de los ojos con cristalitos parecidos a los lentes de contacto.

También mediante el empleo de anteojos, dentaduras e incluso simulando cicatrices, los robots comunistas acusados de conspiración pueden andar disfrazados.

Como se recordará, son diez los comunistas en contra de los cuales existe orden de aprehensión por parte delas autoridades judiciales.

Hasta el momento las autoridades no han logrado detener a ninguno, sin embargo cuatro de ellos están plenamente identificados.

Comunique usted al Ministerio Publico o policía judicial federal cualquier dato que pueda conducir a la captura de Mario Alberto Sáenz Garza, César Yáñez Muñoz, Elísea Irenea Sáenz Garza y Raúl Sergio Morales.

(Ayude a evitar actos de terrorismo denunciando a tiempo cualquier acto sospechoso).

 

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El gobierno de Nuevo León necesitaba generar una estrategia con la cual aparentar la reconciliación con la UANL. Ofrecieron resolver el pliego petitorio de las autoridades y tabular los sueldos de la universidad. Estudiantes que seguían en desacuerdo con el sindicato de la UANL lo abandonaron por falta de respuesta a sus peticiones.

En la Facultad de Arquitectura, los estudiantes desconocen a su presidente, ya que no había sido elegido por ellos mismos. Aclaraban que el rector carecía del poder para cesar y substituir catedráticos, solamente “es el Consejo Universitario la autoridad indicada para ello”, afirmaron los alumnos Rogelio Treviño, Claudio Hinojosa y Alejandro de la Garza.

Los estudiantes de medicina acusaron al rector Héctor Ulises de no permitir el ingreso de 300 alumnos nuevos a la carrera y de haber secuestrado las cuentas bancarias del hospital, originando problemas de división y negándose a pagar un adeudo de la universidad al Hospital Universitario. Surge un paro en la institución.

En otra parte del mundo se dialogaba acerca del marxismo y el socialismo, y así se sostuvo una plática amistosa entre monseñor Sergio Méndez, obispo de Cuernavaca, y el presidente de Chile, Salvador Allende. Hablaron de “la experiencia chilena destinada a construir el socialismo en democracia” y de que “el cristiano es un hombre comprometido con lo que pasa en su país, y cuando el desarrollo de una nación lo exige, el cristiano debe ser no el último, sino el primero en participar en los acontecimientos que deben fructificar en el bienestar del pueblo. Chile ha emprendido el camino al socialismo por la vía pacífica”.

Este diálogo fue criticado en la prensa por Alfonso Cavazos Castaño, quien decía que lo marxista-leninista se quedaba truncado en la teoría, ya que las cosas iban “de mal en peor”. Defendió al capitalismo, que, según Cavazos, tiene su propia evolución y progreso y ahora “adviene con un ingrediente de justicia social”.

En la vida cotidiana juvenil, donde había promoción exhaustiva de tokines de rock, marihuana y alcohol, se crea el Festival de Avándaro. Se juntaron bandas de rock en Valle de Bravo para celebrar la música con muchos jóvenes, entre ellas un grupo llamado Peace and Love, que tocó unas canciones tituladas “Marihuana” y “Tenemos el poder”, ambas con letras que incomodaron a las autoridades.

Estos tokines, aparte de ser diseñados para distraer a los jóvenes de las revueltas y reducir los espacios organizativos y de información, daban una imagen que los descalificaba por completo como perdidos en la música, el sexo, las drogas y el alcohol. Todo un frenesí juvenil. Hacían de los jóvenes personas “descontroladas, no aptos para tener un análisis crítico de la realidad”.

Los encargados de repartir la droga entre los estudiantes eran los porros patrocinados por el PRI. Uno de ellos era llamado “Yony”, quien por medio de la distribución de droga controlaba a los jóvenes. La disolución de espacios de una educación democrática tuvo efectos hasta en las prepas populares creadas por las brigadas de los universitarios. El gobierno capitalino aumentó la matrícula de la UNAM de 103 mil estudiantes a 218 mil, creando después 5 colegios de ciencias y humanidades. Esto logró el desmantelamiento de las bien intencionadas prepas populares.

Después de los hechos reprimidos estruendosamente, cualquier acto de subversión fue disuelto con cautela por medio de desapariciones o “criticas analíticas”. Una nota, por ejemplo, que hablaba de los “pobres niños de la calle” daba entre líneas un discurso de lo “irresponsables y mal agradecidos” que eran nuestros jóvenes: “Aquí los niños desamparados trabajan mientras que en los sectores juveniles que todo lo tienen, ¡protestan!”. La protesta no pasaba de acto vago y superficial.

Asimismo hablaban de los “guerrilleros buenos” al sur del estado que se preocupaban por motivar a los campesinos y a sus hijos “pobres y carentes de muchos satisfactores” a mejorar su calidad de vida. Un resultado de esto fue que los estudiantes buscaron formas diferentes para expresar su opinión y protestar.

Los estudiantes de filosofía y letras escenificaron en el Teatro Calderón de Monterrey un sociodrama llamado Una generación protesta. Con él recolectaron fondos para su facultad y expresaron lo que se había vivido en el año.

Al otro lado del mundo, en Laos, aviones Nord vietnameses dispararon tres misiles contra aviones estadounidenses que volaban en la zona; Castro viajaba por Latinoamérica conversando con estudiantes chilenos en la Universidad de Concepción acerca de Ernesto Guevara y de cómo éste se había convertido en comunista.

La prensa de Nuevo León continuaba estigmatizando a los jóvenes regiomontanos que no estaban de acuerdo con la falta de democracia. El colofón de aquel año de plenitud de los jóvenes regiomontanos sería esta nota:

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Robots comunistas hacen acrósticos con metralleta

Singulares acrósticos, pero no en verso sino en puntuación de tiro de ametralladora, han sido descubiertos al analizar un documento secreto que fue capturado a los robots comunistas.

Hechos para matar, todos los datos indican que practicaban con frecuencia el tiro de ametralladora a veinte metros lento, para tomar precisión; a diez metros rápido; y a quince metros rodilla en tierra.

Los acrósticos fueron descubiertos por la curiosa manera de anotar las puntuaciones de dos supuestos comunistas de las Fuerzas de Liberación Nacional descubiertas el 19 en la colonia Linda Vista.

Pero estas dos supuestas personas, llamadas FERNANDO Y MARCELO, con toda seguridad que no son dos sino quince, si colocados los nombres verticalmente se toma la puntuación de tiradores cuyos nombres comiencen con la letra correspondiente.

Un documento secreto reveló así las puntuaciones de tiro al blanco con ametralladora de miembros de las Fuerzas de Liberación Nacional que están siendo perseguidos por las autoridades y que amenazan con comenzar presumiblemente el viernes seis de agosto actos de terrorismo.

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