En un mundo tan lleno de odio, amar es el arte más revolucionario de todos. Uno ama cuando canta, ama cuando ríe, ama cuando emigra y ama cuando lucha; por eso la supervivencia siempre estuvo emparentada con el amor

Pavel Nuñez cantante del grupo hondureño Café Guancasco

Llegamos al albergue “Hermanos en el Camino” para el Día Internacional del Migrante en Ixtepec, Oaxaca. Eramos tres músicxs1 y dos antropólogas. Me surgió la idea de ir a tocar música allí hace casi un año, pasando en autobus de noche por Salina Cruz con una amiga percusionista: “hay que ir al albergue de Solalinde a tocar algo”. Llegamos cansadísimxs pues veníamos de Tapachula, Chiapas, donde alcanzamos la IX Caravana de Madres de desaparecidxs en migración por México.

Subirse al tren de mercancía que viaja desde el sur de México hacia Estados Unidos es como irse a la guerra. No se sabe cuantxs sobrevivirán. Entre los accidentes, lxs que se caen del tren en marcha amputadxs por la velocidad y el cansancio, lxs que matan los asaltantes para aterrorizarlxs, lxs que sufren secuestro, las que van a nutrir las redes de trata de mujeres, las que van a ser violadas y asesinadas en el camino, lxs que van a tener que cruzar la frontera en medio de la guerra del narco pasando droga, lxs que van a morirse de frío, de sed… Alguna de esta gente que tuve enfrente, con la cual he comido, cantado, reído, ya están condenadxs. Otrxs pasarán, volverán a pasar a Estados Unidos, y volverán a ser deportadxs hacia países en guerra.

Porque de eso se trata, la mayoría son refugiadxs políticos. Y tienen derechos. Nadie los respeta pero sí los tienen. Es increíble que la comunidad internacional cierre los ojos sobre la ecatumba que sucede en el viaje de migración que hacen miles de personas al día cruzando México. Según los datos de la CNHD México, hay 20 000 desaparecidxs cada 6 meses. La dictadura argentina cuenta con 30 000…

¿Cómo puede ser que los crímenes y delitos gocen de 99% de impunidad en este país cuando todas las fuerzas policíacas no dejan chance a personas que huyen de guerras, que son caminantes? ¡La mayoría no son criminales!

Centroamérica y México se han convertido en zonas donde desaparecieron los Derechos Humanos. Las violencias ejercidas por el neoliberalismo salvaje, el ejército, los paramilitares, las policías, las pandillas y la corrupción dejan poca chance de vivir una vida digna libre de violencias a sus habitantes y a la gente que transita por estas tierras. Los cuerpos se han vuelto mercancías y poca gente se preocupa por el destino de lxs desaparecidos en México. ¡La caravana de Madres de Migrantes desaparecidxs encontró en 15 días a 8 personas! Una de ellas muerta. Lxs demás vivían en México desde años sin lograr contactar a sus familiares. “No tienen internet”, “cambiaron la numeración en Honduras” o se encontraban en cárceles donde se acumulan indocumntadxs.

De los 100 000 migrantes desaparecidxs en México, ¿cuántxs están vivxs? ¿cuántxs se perdieron por las redes del tráfico humano o por los caminos de la vida? Lxs migrantes alimentan bancos de órganos, burdeles fronterizos, redes de niñxs esclavos y redes de trabajadorxs gratis. Se convirtieron en carne de cañón de la cual el secuestro masivo se ha vuelto un negocio que genera millones de pesos bajo la complicidad de las autoridades de todo el país.

Los viajes y los estudios me han enseñado que la mayoría de los seres humanos sufren injusticias feroces. Pero también me han enseñado que por todos lados hay gente resistiendo y creando pequeñas zonas libres. Algunxs cuidan y luchan por lo que les queda: su libertad colectiva e individual. Y eso a pesar de andar descalzadxs, hambrientxs y sin armas. Por todos lados, hay gente maravillosa obrando para que otro mundo nazca, un mundo más justo donde todxs gocen de sus necesidades básicas con respecto, dignidad, amor e igualdad.

El albergue Hermanos en el Camino que fundó el Padre Solalinde es un hermoso ejemplo de que sí podemos cambiar el mundo. Empezó él solo a llevar aguita y pan a lxs migrantes, en medio del viento polvoroso del Istmo. Plantó un árbol para crear un lugar a sombras donde pudiera descansar la gente que bajaba del tren. El albergue se creó alrededor de este árbol, de este gesto de amor y de compasión hacia lxs demás. Hoy en día, 800 personas transitan por este albergue cada mes. Me dijo el Padre que un día llegaron 1200 personas y pudieron ser atendendidas por lxs voluntarixs que trabajan allí haciendo tres rondas de comida. Las puertas del albergue no se cierran para nadie. Si no hay suficientes camas, la gente puede dormir en el suelo con colchonetas. El albergue se sostiene gracias a donaciones particulares, la iglesia y el gobierno no les dan ni un peso.

Este lugar, este oasis en medio de la muerte es una prueba humana que demuestra que sí se puede hacer algo. Hay que denunciar, acercarse, registrar y difundir. Los derechos existen, a pesar de la corrupción, de los intereses económicos, de los beneficios de la trata de personas, de la venta de armas, del dinero de las drogas. Cada ser humano tiene derecho a una vida digna libre de violencia. Lo que me sorprendió al contactar con «migrantes» es nuestra cercanía. Unx se parece a tal amigo, este a mi hermano, esta podría ser yo…

Muchas veces pensamos «el migrante», «el pobre», «la mujer violada», «el desaparecido» como entidades propias y homógenas cuando somos todxs susceptibles de convertirnos en «migrante», «pobre», «mujer violada», «desaparecidx». Cada una de esas categorías invisibiliza una diversidad de historias y de personas desconcertante. Cada una de esas categorías nos impide darnos cuenta de la diversidad de cada persona que la compone y de la proximidad de esas categorías entre ellas. Tienen el efecto perverso de presentarnos «lx otrx» como sujeto lejano y diferente, crean divisiones en donde necesitamos crear alianzas. Esas falsas divisiones, esas falsas diferencias son fronteras también que no tendrían que existir. Este mundo es uno a pesar de las grandes desigualdades que lo rigen. Seguir pensándolo dividido entre «primer mundo» y «tercer mundo» tiene como consecuencia invisibilizar un sistema de opresión globalizado que mutila a la humanidad de sus capacidades y de su evolución hacia un estado de paz, de conciencia, de bienestar y de justicia para todxs.

Estados Unidos construyó una frontera física entre México y su territorio reciclando armas de guerra: carros de combate. Esta pared es la muerte. Refugiadxs políticxs se acumulan en su orilla mexicana sin gozar de ningún derecho cuando sus países les condenan a la hambruna. Muchos de lxs migrantes que entrevisté tienen a sus familiares “por el otro lado”. Centenas de miles de personas están condenadas a vagabundear clandestinamente cuando no cometieron ningún otro tipo de delito que el de andar por un territorio hostil sin estar en regla con una administración que de todos modos no le deja ningún chance. Las primeras potencias mundiales invierten enormes cantidades de dinero en fronteras físicas para que la miseria que crean no alcance sus territorios. No hay sistema más insensato e inhumano que aquel del cual somos testigxs hoy en día.

Sin embargo seguiremos resistiendo con pequeños gestos y grandes sueños. Como decía el poeta uruguayo Mario Benedetti, hay que «defender la alegría como una trinchera, como una bandera, como un principio». Es una manera de resistir que me enseñaron lxs latinxs americanxs y sobre todo lxs mexicanxs. A donde la muerte enseñara su rostro más cruel, habrá una canción, una sonrisa, una esperanza, un beso, un abrazo, un refugio. Derrotaremos el olvido y el silencio con la alegría y la esperanza. 

Por Emilie Mourgues

Viajera trasmundista, música, feminista y antropóloga


FUENTES:

Carta del Padre Solalinde al Presidente de México: http://cahierdeterrain.blogspot.com.es/2014/01/carta-del-padre-solalinde-al-presidente.html 

Cencos. “Inicia IX Caravana de madres centroamericanas buscando a sus hijos desaparecidos en tránsito por México.” Noviembre 29, 2013. CENCOS. enero 2014. http://cencos.wordpress.com/2013/11/29/inicia-ix-caravana-de-madres-centroamericanas-buscando-a-sus-hijos-desaparecidos-en-transito-por-mexico/.

José Luis Valencia. “La noche en que Honduras se quedó sin música. “El Barrio Antiguo. 2014. El Barrio Antiguo. enero http://www.elbarrioantiguo.com/la-noche-en-que-honduras-se-quedo-sin-musica/.

 Mario Benedetti. Antología poética (1959-1985). Buenos Aires: Sudamericana, 2000.

 Oscar Martínez. Los migrantes que no importan. Oaxaca: Surplus, 2012.

1 Usamos aquí el lenguaje incluyente desde una propuesta feminista. Es
decir que incluyamos con la letra “x” a los géneros masculino y
femenino para que las mujeres no sean invisibilizadas como suele hacerlo
la gramática oficial.


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