Por Alexis Herrera

En abril de 1947, la voz solitaria y valiente de Daniel Cosío Villegas señaló, por medio de un lúcido ensayo —primero dado a conocer en la revista Cuadernos Americanos y luego publicado en Extremos de América—, que México se encontraba inmerso en una crisis de la que, “como en los casos de enfermedad mortal en una familia”, nadie estaba dispuesto a hablar o de la que, en todo caso, se hablaba “con un optimismos trágicamente irreal”.

En el marco de la transición a la democracia y la primera alternancia, muchos han vuelto a las páginas de ese ensayo para buscar algunas de las claves de nuestro presente. Pocos, sin embargo, han advertido que ese texto también ofrece ideas pertinentes para hablar sobre uno de los temas más urgentes de este momento histórico: la cuestión militar en México —componente central de una agenda de cambio político inconclusa y del escenario de violencia armada de los últimos doce años.

Agotadas las metas de la Revolución Mexicana, vaciados sus gobiernos de toda legitimidad política en virtud de una corrupción rampante, se imponía ya hace siete décadas la búsqueda de alternativas. Cosío Villegas las ponderó con rigor crítico y es célebre, por ejemplo, su severo dictamen sobre Acción Nacional: “se desplomaría al hacerse gobierno”. Sin embargo, el eminente intelectual también consideró otra opción: la vuelta de los militares a la vida pública de México. Aquellos soldados que habían hecho la revolución, escribió, procedían del pueblo y no de una casta, pero no era ya posible decir lo mismo de ellos en 1947. “No conocemos bastante a quienes los han sustituido, más nada de extraño tendría que creyeran, como todo soldado profesional cree, que ellos representan el orden y la dignidad nacional”.

A lo largo de los últimos doce años, México se ha enfrentado a la ardua tarea de reconocerse a sí mismo en el encuentro diario con sus Fuerzas Armadas, ese gran desconocido que sobrevivió incólume al desplome del viejo régimen autoritario del siglo XX mexicano. La decisión de emplear el instrumento militar para hacer frente al crimen organizado, anunciada en diciembre de 2006 por Felipe Calderón, marca así un punto de inflexión real en la vida política de México que no debería tomarse a la ligera —por primera vez en la historia reciente del país una errática retórica de guerra ocupó un papel central dentro del discurso del gobierno de la República.

Como es sabido, la militarización de la seguridad pública es un fenómeno que se remonta a la segunda mitad de la década de 1990, periodo en el que las estructuras del naciente Sistema Nacional de Seguridad Pública fueron completadas en muchas ocasiones con personal perteneciente a nuestras Fuerzas Armadas. Ya en el verano de 1997, un estudioso estadounidense advertía que los costos de esa política podría ser muy altos en el largo plazo; especialmente porque expondrían a las Fuerzas Armadas mexicanas al fenómeno de la corrupción, al incremento de las violaciones de derechos humanos y a la posibilidad de vulnerar las bases de la incipiente democracia mexicana.

Pero si la militarización es una tendencia que cuenta con cerca de veinticinco años de antigüedad, en cambio la decisión de usar la fuerza militar para combatir directamente al crimen organizado es un hecho que ha marcado un antes y un después en la vida pública de México: sin ella no sería explicable el escenario de violencia armada que hemos vivido en los últimos años. Dicha emergencia nacional debió haber hecho evidente la exigencia de cuestionar los supuestos sobre los que hasta ahora ha descansado la relación entre los civiles y los militares en México, nacida del pacto que permitió establecer el régimen político encabezado por el Partido Nacional Revolucionario en marzo de 1929.

En este marco, uno de los hechos más sorprendentes de la transición a la democracia en México ha sido la ausencia de un debate general, amplio y profundo, con respecto a la necesidad de desmantelar las viejas estructuras autoritarias que aún hoy persisten dentro del sector de la seguridad y la defensa. México nunca vivió una transición militar como la que se impulsó en España pocos años después de la muerte de Franco, o como las que vivieron varios países del Cono Sur cuando llegó a su fin la larga noche de la dictadura militar en esa región del mundo.

El momento político en el que una transformación semejante pudo haber tenido lugar fue encabezado por Vicente Fox, una figura que nunca supo estar a la altura de ese momento histórico. México no escapa, así, de una inercia que hoy nos ha llevado a una situación por demás peligrosa: la perdida de equilibrio en las relaciones civiles-militares —acaso una de las expresiones más claras del naufragio moral e intelectual de nuestra política de seguridad y defensa.

Lo vivido bajo las últimas dos administraciones federales señala, sin embargo, que un debate sobre este tema resulta inaplazable: el uso del instrumento militar para tareas de seguridad pública ha generado graves contradicciones, abusos y agravios que deberán ser resueltos en el futuro con el concurso de toda la sociedad y con el de las propias Fuerzas Armadas; especialmente si queremos que éstas últimas recobren su papel central como garantes de la defensa de México en el mundo del siglo XXI. Un elemental ejercicio de memoria histórica también reclama que soldados y civiles puedan dialogar con madurez sobre aquello que en el pasado mediato e inmediato los ha distanciado dolorosamente. Sólo al atender esos agravios podremos paliar nuestras heridas comunes antes de que la fractura entre los soldados y la sociedad sea insalvable.

Avanzar por esta ruta sería tanto como decir que México ha podido conjurar uno de los peligros que Cosío Villegas identificó en aquél ensayo publicado hace 71 años: que los soldados profesionales crean que sólo ellos representan el orden y la dignidad nacional. “[E]l peligro será grave si los civiles principian a compartir esa opinión. Entonces —advirtió— habrá orden; pero poca dignidad, nacional o personal”.

Durante los largos días de campaña que antecedieron a la jornada del 1 de julio, los candidatos a la presidencia de la República guardaron silencio sobre el tema. El 24 de junio, Andrés Manuel López Obrador señaló que no desaparecerán los ministerios de Defensa y Marina tras arribar al poder. En cualquier caso, los debates sobre la amnistía propuestos por el ahora presidente electo, así como aquellos tocantes a la seguridad interior, deberían de tener esta discusión como uno de sus puntos de partida. ¿Será posible que tras la jornada del 1 de julio la nación pueda asumir con mayor serenidad los términos de este debate? Ese podría ser, sin duda, uno de los desafíos centrales del nuevo gobierno. De ser así, dos cosas estarían en juego: (1) establecer una forma de control civil objetivo que ponga fin al modelo de relaciones civiles-militares heredado del viejo régimen autoritario, (2) pensar en una “transición militar” que defina una nueva arquitectura de seguridad y defensa en México, acorde con los principios de un régimen político genuinamente democrático.

Avanzar por ese camino requeriría, en suma, de una enorme determinación política y de una agenda de cambio sostenido que se inscribe en un horizonte de largo plazo. Al final del camino acaso podríamos hacer nuestra en México esa afirmación de Alain cuando señala que el poder más enérgico es aquel que quisiera tener la aprobación del hombre libre. Sólo entonces, recuerda el escritor, la fuerza deja sus bayonetas y quiere seducir.

  • Alexis Herrera es egresado de la Universidad Iberoamericana, donde cursó la licenciatura en relaciones internacionales. Es maestro en seguridad internacional por The Fletcher School y candidato a doctor por el Departamento de Estudios de Guerra de King’s College London, donde actualmente colabora en el Centro de Gran Estrategia.

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por medio de un lúcido ensayo

http://aleph.academica.mx/jspui/bitstream/56789/5978/1/DOCT2065116_ARTICULO_11.PDF

Cuadernos Americanos

http://www.filosofia.org/hem/med/m062.htm

Extremos de América

https://www.elfondoenlinea.com/Detalle.aspx?ctit=760101L

ese gran desconocido

https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=7&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwixianen-7bAhVJDcAKHXF5AlYQFghHMAY&url=https%3A%2F%2Fwww.casede.org%2FBibliotecaCasede%2F3500_1.pdf&usg=AOvVaw3JPwTbN_hGnioEmJqno92t

una errática retórica de guerra

https://redaccion.nexos.com.mx/?p=2571

un estudioso estadounidense

http://strategicstudiesinstitute.army.mil/pdffiles/PUB37.pdf

como la que se impulsó en España pocos años después de la muerte de Franco

https://www.diariocritico.com/noticia/76170/noticias/la-transion-militar-segun-narcis-serra.html

graves contradicciones, abusos y agravios

https://piedepagina.mx/cadena-de-mando-index.php

que no desaparecerán los ministerios de Defensa y Marina

https://politico.mx/central-electoral/elecciones-2018/presidencial/amlo-ofrece-marinos-y-soldados-mejorar-su-sueldo/

control civil objetivo

http://www.sinembargo.mx/04-05-2018/3413977

genuinamente democrático

https://www.dcaf.ch/civil-military-relations-and-democratic-control-security-sector

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