No me interesa qué hizo Raúl Rubio. Me interesa qué hizo mi generación”

Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

Imágenes por Karla Canizales

Monterrey está lleno de historias y voces que merecen ser escuchadas. Por ello, Voces de la Ciudad surge como una iniciativa que pretende rescatar personajes atípicos de la zona metropolitana con el objetivo de escucharlos, recordar los viejos tiempos y, principalmente, generar nuevos diálogos.

A Raúl Rubio Cano, escritor de Monitor Político, lo conocí por medio de una crónica sobre los Condominios Constitución escrita por Melva Frutos. Contacté a ambos por parte de un proyecto documental en el que estoy trabajando sobre lo mismo —así como de otras historias de resistencia— ,y desde entonces me he reencontrado con él en las marchas por la defensa de las colonias Independencia, Tanques y América.

Después de la entrevista, me dijo que quería tocar un tema que involucraba a su abuelo, David Cano García, otro ferviente luchador social. Por ende, se organizó una nueva entrevista, esta vez más encaminada hacia su perfil individual y biográfico, además de la memoria de su abuelo.

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Sergio Valdés: Bueno, antes me gustaría empezar con una presentación tuya. ¿Quién eres y a qué te dedicas?

Raúl Rubio: Bueno, pues soy sociólogo desde 1974, egresado de la universidad de Monterrey. Empecé a estudiar en 1969. Soy de la primera generación de sociólogos de la región. De aquí de la entidad. Y, básicamente, mi trabajo siempre ha sido la cuestión de investigación y desarrollo social, ¿no? O sea, estuve como contraparte para Naciones Unidas en el Centro Nacional de Investigación de Zonas Áridas, en el programa FAO.

Posteriormente, me dedique mucho a la cuestión también de periodismo. Tengo ya buen rato. Tengo un premio nacional de periodismo en 2002 por la lucha periodística sobre el caso de las aguas de Mina. La contaminación por residuos industriales Multiquim. Tengo varios premios estatales y también, internacionales. Por la defensa de los niños para que no se les de una droga que se llama Ritalin, metilfenidato que es equivalente a cocaína, para controlar su comportamiento al gusto de los directivos o del sistema escolar. Un crimen muy grande que se iba a cometer en la república mexicana durante el gobierno de [Vicente] Fox, al tenerle que dar esta droga entre un 10 y un 15 por ciento de los niños de todos los salones del nivel básico en la educación mexicana. Iba a ser un súper negocio. Afortunadamente, pues todo esto se logró impulsar muy fuerte en el congreso de la república, en el Congreso de la Unión, y pues se pudo tumbar todas estas acciones tan negativas.

Y pues últimamente hemos estado en muchas luchas en los últimos años, ¿no? En la defensa del teleférico, del Cerro de la Silla… Hemos estado en la defensa del agua como Monterrey VI, que es tal vez uno de los proyectos más grandes de 64 mil millones de pesos. Hemos estado denunciando situaciones muy, muy interesantes. También con Naciones Unidades, como fue la historia de lo que fue aquí todo este territorio del Valle de la Extremadura, y de cómo han golpeado desde la colonia esta riqueza natural. Y bueno, en fin, hemos estado en varios rubros de la lucha social.

La cuestión urbana también. Últimamente pues en la defensa de los cerros, en la defensa del agua, del agua superficial, del agua subterránea. De las alternativas que hay para hacer cosecha del agua. Tenemos suficiente agua en la entidad. En la defensa de las presas. En fin, esto es lo que a grandes rasgos te podría decir, ¿no? Y sobre todo, pues recuperando también la documentación histórica que ha fundamentado la razón de ser de estas tierras.

Últimamente acabamos de cooperar mucho para darnos cuenta de que Don Diego de Montemayor no es el mentado fundador, sino Luis Carvajal y de la Cueva. Porque él compró un gran cuadrado de tierra que abarcaba desde Panuco hasta Galveston, y luego de ahí hasta Nuevo México. Y luego de ahí, bajaba ese cuadrado hasta Zacatecas y regresaba para otra vez Tamaulipas, Veracruz… Y bueno, lo acusaron de judaísmo y no sé de cuántas cosas más. Y mataron a toda su familia, y él también murió en toda esta empresa. Y eso nos da una idea de que, en el fondo, los supuestos patriarcas fundadores pues no son más que una bola de pillos que se dedicaron a robar y a matar para tener estos territorios que ahora conocemos como el Nuevo Reino de León, Nuevo León.

En fin, hemos estado mucho en esto. También en los movimientos estudiantiles de los años ’60. Somos fruto del ’68 y de los años posteriores en la lucha por la autonomía. En la lucha armada también con organismos como la Liga 23 de Septiembre y otros comandos que se dieron aquí en Nuevo León, y bueno, todo esto da un perfil de alguien que no ha descansado. De una generación del ´68 y que también somos fruto de padres y abuelos que jugaron un papel importante en la construcción de este país, como fue el caso David Cano García, dirigente sindical petrolero. Fundador de la Sección 30 en Poza Rica, Veracruz, y que también fue asesinado por las acciones comunistas, porque él era comunista, en la defensa de los recursos petroleros.

SV: Antes de tocar el punto de tu abuelo, te quería preguntar: ¿de dónde nace esa inquietud, esas ganas, esa lucha que tú tienes? ¿De dónde viene ese deseo, ese motor que a ti te mueve para hacer lo que tú haces?

RR: Fundamentalmente de una concepción moral. Una visión del mundo cristiana, en un primer momento, promovida posteriormente por jesuitas, y también en una formación muy sólida que el gobierno mexicano implantó en mi generación.

Somos una generación en donde los héroes estaban siempre con nosotros estudiando. ¿Por qué? Porque en las paredes teníamos a los Niños Héroes. Teníamos a Hidalgo. Teníamos a Morelos. Teníamos a Villa, a Zapata… Teníamos las pinturas y dibujos de las grandes contiendas. Cinco de mayo. Dos de abril. La defensa del Colegio Militar, etc. O sea, siempre teníamos una idea de combatividad y de lucha permanente. Y de amor a la ciencia y a la tecnología. Inclusive hasta en los mismos cómics de la época: pues Superman, el Halcón y toda la parafernalia de los cómics de esos años eran hombres de ciencia. Eran laboratorios. Eran descubrimientos. Eran viaje a las estrellas. A los planetas. O sea, teníamos una visión universal de muchas cosas. Además, la lectura era muy intensiva y rica, más que el uso ahora como lo traen los chavos de las tablets y toda esta serie de cosas. Disfrutábamos mucho la lectura de cuentos, novelas, literatura de nuestra edad o de nuestra época pero también clásica, ¿no? O sea, tener como examen en tercero de secundaria la obra del Quijote no es cualquier cosa, ¿no?

Entonces… [ríe] Pero también no era cualquier cosa para el colegio en el que yo estudié: el Centro Universitario Monterrey con hermanos maristas. Teníamos examen de religión cada semana, entonces había que leer los santos evangelios y conocer la vida de Jesús. Y bueno, creo que lo conocimos bastante bien que nos infundió un amor por el prójimo muy fuerte, como también aprenderse de memoria las garantías constitucionales para la clase de civismo. Y creo que también eso influyó mucho porque nos despertó de que bueno, “¿Qué pasa con este México? La constitución dice una cosa y el gobierno está haciendo otra”.

Toda esta serie de cosas van apareciendo como un rompecabezas que se va integrando, además de nuestros deportes que eran siempre en equipo. Yo fui jugador de béisbol, soñando también ser niño campeón como fueron otros anteriores a tu servidor. Y bueno, era también trabajo de equipo. Por eso el béisbol fue quitado y sustituido en mucho por el soccer. Porque en realidad el béisbol implica un desarrollo intelectual mucho muy, muy fuerte. Y el odio que desarrolló para los Estados Unidos, cuando niños pobres, muy humildes les ganan en Williamsport ’57 y ’58.

Entonces, todo eso hace que exista una estrategia, muy bien llevada, que vino a desmantelar el béisbol cuando ahorita obviamente seguiríamos siendo una potencia mundial, Monterrey en concreto, en la materia de béisbol. Lo arrumbaron por allá para el Pacífico. Lo arrumbaron allá para Sonora, Sinaloa, etc. O para allá el sur, en el caso de Tabasco, ¿no? Pero en el caso de Monterrey, prácticamente desaparecieron el béisbol. Todas esas, podríamos decir, partes de la vida de mi generación tenía algo que ver con el amor al prójimo. El respeto a la ley. El trabajo en equipo. El no dejarnos que nos ninguneara a nadie. El desarrollar una capacidad de construcción también. Mucho muy fuerte. Recuerda que nosotros participamos en el ’68 pero participamos también haciendo prepas. Prepas populares. Porque el gobierno decía “No, no, no ya no cabe nadie aquí”. Ah bueno, pues entonces pase automático. Mira que sí caben todos. Y así fue. “Oye, no, no, no, es que no hay prepas”.

Construíamos prepas. Prepas populares que después se institucionalizaron con Echeverría. Vino y repartió camiones, dinero, porros y todo lo que ustedes quieran. Pero la iniciativa era muy clara. Nosotros hacíamos las cosas. No esperábamos a decir, como ahora mucha gente dice: “Es que la Constitución dice, es que el derecho dice”. ¡No, nosotros ejercíamos el derecho!

SV: Tú cuando eras niño, ¿qué imaginabas ser de grande?

RR: Oh, bueno… Pues ser un campeón de béisbol [ríe]. Ser un buen boxeador. Porque sí, tenía muchos problemas en el barrio con, sobre todo, raza muy grande. Me tocó noquear al campeón de Guantes de Oro cuando yo tenía doce años y él tenía dieciséis. Entonces éramos bravos ya desde pequeños.

También quería ser pues un gran montañista. Porque mi padre es de la generación que va al Popocatépetl en Monterrey en 1949. También quería ser un buen biólogo. O un doctor. O un analista serio. Un estudioso de la ciencia y la tecnología de la época. Como te decía, nos influían mucho los cómics de aquella época. Queríamos ser supermanes… [ríe].

SV: ¿Y cómo fue crecer o vivir en la ciudad de Monterrey?

RR: La ciudad era una ciudad muy bella en comparación de lo que es ahora, ¿no? Era una ciudad en la que en todas las calles podías jugar. Podías caminar sin ningún peligro. Podías, a pesar de tu corta edad, si te perdías, como una vez me pasó por aquí cerca de dónde estamos [la Plaza de los Desaparecidos], pues pedir ayuda y la gente te orientaba o te llevaba o te daba una pista, ¿no? Cosa que ahora no pasa. Ahora los niños son robados, violados, maltratados. La ciudad era parte de nuestra existencia. Pasábamos muchas horas jugando en la calle y no había ningún problema.

SV: ¿A qué jugaban?

RR: Pues lo que le llamábamos nosotros béisbol. Pero a la manera de acomodarlo a la cuadra. Casi no jugábamos fútbol soccer, fíjate. Jugábamos americano. Fútbol americano. Jugábamos pericocha, que era jugar con unos palos. Jugábamos a la bebeleche. Jugábamos carreras. Hacíamos carretones de roles con los roles que sobraban de las empresas donde trabajan nuestros familiares. Hacíamos carritos. Y lo máximo de esos carros era tirarse desde el Obispado y bajarlo a toda velocidad.

Cuando ya tuvimos un poco más de edad, pues andábamos en bicicleta, o recorríamos la Loma Larga desde donde se ponía un anuncio de “Feliz navidad” o “Vota por el PRI”. Y desde ahí corríamos porque decíamos que íbamos a la Alameda y no, íbamos a la Loma Larga. Corríamos hasta el sitio que se llama, allá de la Loma Larga, donde está el Parque Canoas, nos bañábamos y de ahí tomábamos un camión del Álamo y nos regresábamos para los dos, tres de la tarde. Desde muy temprano en la mañana. Esos eran los ejercicios más duros que hacíamos. Y no vivía nadie al otro lado de la Loma Larga, que ahora es Valle Oriente. Era pues maizales, arroyos… Había fauna muy diversa. Peces en los arroyos. Y te digo, era muy divertida la vida urbana de aquellos años, ¿no? Dependen también las temporadas, las estaciones.

SV: Me gustaría conocer un poquito la dinámica que tú tenías con tu familia.

RR: Era una dinámica muy dura porque bastaba con que te vieran de cierta forma y ya sabías qué tenías que hacer. O irte, o portarte bien y sino había tablazos. Había castigos muy duros. Pero, pues era la época, ¿no? O sea, no había derechos humanos [ríe]. Como ahora. Ahora no les puedes decir nada a los niños porque los traumas. Entonces sí. Tenías que llevar un ritmo de vida cómo ellos te decían y no salirte de ahí.

Y sí fue duro en ese sentido. Pero también vivíamos un ejemplo muy fuerte, como el caso de mi padre, de alta laboriosidad. Es decir, salir desde las seis y media de la mañana. Levantarse a las cinco y media. Desayunar algo. Arreglarse. Irse a las seis y media para entrar a las siete. Y no regresar más que al mediodía. Comer algo con nosotros y volver a salir otra vez porque Monterrey era una ciudad que tenía horario de comida y todo mundo salía. No es como ahora que hay horario corrido, todo eso se perdió ya. Y regresar hasta las seis de la tarde, no sé, siete. O a veces, tenía que quedarse porque pasaba un accidente. Alguna mala producción de ladrillos. Él trabajaba en una fábrica de ladrillos refractarios. Mitad inversión mexicana, mitad inversión gringa; 49 por ciento gringa, 51 por ciento mexicana que abastecía a Fundidora. Entonces dependiendo de qué demanda tenía Fundidora de ladrillo, era como ellos tenían que trabajar. Pero también es interesante porque ese ladrillo llegó hasta abastecer a Cuba después de la revolución con Fidel Castro.

Entonces, el tema de Cuba siempre anduvo también ahí dando vueltas. Para bien o para mal. Pero ahí estaba el tema. El tema de mi abuelo casi no se tocaba pero los problemas sociales, los conflictos en Estados Unidos de racismo… Porque llegaba a mi casa un periódico, que era el mejor periódico de entonces, y es en el que yo aprendí a estudiar la noticia, a conocer la noticia, que era el periódico El Porvenir. Era el periódico de la frontera. Porque así como te llegaba a tu casa, también estaba llegando en ese momento a Piedras Negras, o estaba llegando hasta San Antonio a las diez de la mañana o tal vez más temprano. Es decir, estaba en Coahuila, estaba en Tamaulipas y estaba en Nuevo León. Era el noreste el que dominaba este periódico. Y era, definitivamente, mil veces mejor que cualquiera de los que había, ¿no? Inclusive El Norte era un pasquín a comparación de lo que era El Porvenir.

Entonces, bueno, en la familia siempre hubo todo este tipo de lecturas. Todo este tipo de conocimientos y también, la televisión. O sea, somos generación de la televisión pero bueno, ni para cuando la televisión que ahora tenemos, o sea porque si bien había programas para niños con una visión de lo que el Imperio quería que fuéramos de grandes, o que fuéramos en ese momento, había un sentido muy humano. Por ejemplo, Pero es Mamá quién manda se llamaba uno de esos. O sea, donde se veía el papel de la mamá coordinando. Arreglando las cosas, los problemas, los conflictos. Y había otro que se llamaba Papá lo sabe todo, donde, supuestamente, el papá era el que, de todas todas, las sacaba adelante, ¿no? Entonces, creo que ese escenario de formación mediática y ese escenario de control interno, social y más el control religioso, ¿no?

Había que ir a la doctrina. Había que ir a cumplir con los sacramentos. Había que ir a misa los domingos. Entonces todo eso daba una perspectiva… Una caldera, vamos, de cocimiento. De lo que tarde que temprano seríamos como luchadores sociales, como vecinos entrones, como buenos peleadores callejeros, como buenos deportistas. Todo este tipo de cosas.

SV: ¿Nos podrías empezar a contar sobre tu abuelo? ¿Quién era? ¿Cómo te fuiste enterando de lo que era, de lo que hacía?

RR: Pues prácticamente la historia de mi abuelo no la conozco hasta ya muy avanzada mi edad.

SV: ¿Cuántos años tenías?

RR: Tendría yo creo que… pues unos 15 años, o un poco más. Algo se decía… Mi mamá algo nos platicaba de él. Como un héroe, como un luchador social. Pero en realidad, hasta las cartas últimas que pudo escribir, tuve conocimiento ya después de muerta mi madre. Cuando mis hermanos indagan esta información en la correspondencia que deja aparecen cosas interesantísimas, ¿no? Como es el hecho de que se casaba como a los 38 años. Aunque tuvo a mi mamá diez años antes, había conocido a la que fue mi abuelita que, en realidad, era a la persona que yo conocía, pero no al papá de mi mamá.

Después supe que, desde niño, o sea ya avanzada la edad, que había muerto en un accidente. Entonces, poco a poco, me fui dando cuenta que ese hombre es conocido, era un luchador social. Un hombre que, ante los crímenes que cometían las compañías petroleras en Poza Rica…

En un libro que se llama Petróleo Violento de Valdiosera, editorial Diana, manda indagar el quién podía ayudarlos porque eran torturados. Eran asesinados los trabajadores que protestaban contra la compañías petroleras que venían jalando desde, pues, el Porfiriato. Y en el libro de Valdiosera, hay la referencia de que escriben a la Sección 1 de Tampico. Ahí estaba la sección del águila, que era la empresa más fuerte petrolera. Y solicitan un experto en organización de trabajadores para que los forme, los eduque y puedan enfrentarse a todo este proceso. Llega David y forman la Sección 2. La uno estaba en Tampico. Entonces, Tampico era la base y esta era la dos. Lo interesante es que Poza Rica era el principal abastecedor de petróleo de Estados Unidos. No había Medio Oriente. No había Venezuela. No había otras partes.

SV: ¿Y en qué año era eso?

RR: Estamos hablando… Bueno de la fundación del sindicato Sección 30 en 1935. Él es el primer dirigente y después sería por el ’39 el segundo, casi el ’40. En el ’40, sí. A él lo asesinan un 18 de agosto de 1940. Definitivamente digo lo asesinan porque ya había tenido varios intentos de asesinato. Era un hombre muy constructivo. O sea, él llega, controla que la prostitución, que el alcohol, etc., no mermen el ingreso en las familias. Le da un lugar muy importante a la mujer, a las esposas de los trabajadores. Lucha porque existan pues mejores condiciones, mejores salarios. Establece un gran edificio para la cuestión de las reuniones sindicales. Va sobre la cuestión escolar de los niños. Va sobre la cuestión de salud. O sea, se convierte en un hacedor de bienestar social desde la fuerza sindical que ellos tenían.

SV: ¿Todo esto ocurre en Poza Rica?

RR: Todo esto ocurre en Poza Rica. Y con esta organización, pues establece una fuerza sindical de dimensiones impresionantes que lo llevan, en varias ocasiones, a tratarlo de asesinar. En una de ellas iba mi mamá… En las dos. En una autovía que le llamaban. Y les empiezan a disparar desde la selva. Entonces él les dice a la gente “Acuéstense”. Y él abre su chaqueta, su traje… Pues usaba traje blanco, sombrero panamá. Y saca su 45. Y parado arriba de la autovía, empieza a dispararles hasta que dejan de disparar. O sea, les pegó yo creo. O los asustó muy fuerte.

Otro es que lo tratan de atropellar en frente de la alameda. Saliendo del edificio sindical. Y la tercera, la que ya no se libró, fue que le piden que haga un cambio de energía eléctrica de una población a otra. Pero nunca le cortan la energía entonces recibe 20, 000 voltios. Tengo su… su reloj de ferrocarrilero, donde está derretido el oro. Era un reloj de oro. Quebrado y derretido. Y ese me lo entregó mi madre. Entonces, él es tan importante que le reconocen la calle que va a la Sección 30 en Poza Rica. Era una calle importante de la ciudad. Ahora con esta cuestión del neoliberalismo, pues le borraron el nombre y lo que tú quieras pero se lo vamos a volver a ir a poner. Aquí en Monterrey hay una calle que lleva su nombre, David Cano. Está allá por San Nicolás. Creo que hay otra. Y por ahí, más o menos, la memoria no ha sido del todo borrada en muchas cosas sobre él.

Llama la atención que él nace en 1900. A los 10 años entra a trabajar en el correo de la Huasteca con otro hermano más grande. Entran como defensores o guardias de la correspondencia. Porque eran muy buenos para montar caballo y disparar. Eran de General Terán. Él venía de General Terán. Y entonces, a los 10 años ya está ahí. Y nunca se dieron cuenta de que el contrato que firmaron, con letra pequeña como siempre, que el compromiso era por diez años. Entonces hasta 1920, él deja de trabajar en eso. Pero está en el ambiente. En el ambiente de Tampico, del Oro Negro, en donde había cinco periódicos, por ejemplo, sindicalistas. Cinco periódicos anarcosindicalistas. Que eran italiano, norteamericano, alemanes, españoles o español, sí. Y… creo que otro era… Francés, creo. O sea, toda esta gente venía, entonces era una mezcla de ideas y de experiencia riquísima. Un grado cultural impresionante. Hay migrantes chinos también. Muy fuerte.

Hay todo un… un espacio muy importante que es el panteón de Tampico. Con una sección para los chinos. Otra sección para árabes y así por el estilo. Entonces, esa fuerza migratoria trae conocimientos de gran trascendencia y en donde mi abuelo recibe, básicamente, sus primeras visiones de lo que es el marxismo, el leninismo de la época. Para el ´39 se casó con una rusa y estaba a punto también de ir a la Unión Soviética. Y mi mamá vive una temporada con él. Otra temporada vivía con la mamá de mi abuelo. Y en esa temporada le toca aprender ruso también a mi mamá [ríe]. Era una niña de ocho, nueve años. Pero la visión era ir a la Unión Soviética porque la Unión Soviética era un ejemplo de desarrollo económico, político, cultural, patriótico. Son los que derrotan realmente a los Nazis. No son los gringos. Es toda la fuerza del pueblo ruso lo que derrotó a Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

Entonces, no sé, este hombre es todo un personaje en la defensa del petróleo mexicano. Y pienso, dentro de cada vez de lo que investigo, encuentro cada vez más y más referencias, de que no solamente es un crimen político por parte del estado mexicano. Porque él empieza a descubrir que la expropiación de Cárdenas no fue del todo cabal. No se cumplen cosas que se habían prometido. Empieza un proceso de corrupción muy fuerte. Tan fuerte, tan fuerte que, después de la muerte de él, el delegado que viene a sustituir el manejo de petróleos mexicanos es un personaje que viene casándose con la hermana de Richard Nixon. Entonces, la historia huele mal de esta expropiación casi en automático. Y esta lucha entonces creo que no le gustaba mucho al Imperio porque, a medida que se desata la Segunda Guerra Mundial y la participación de los norteamericanos en ella, en Japón y en Europa la demanda de petróleo se intensificó y el único abastecedor que tenían los Estados Unidos eran los pozos de Poza Rica. Obviamente no podían estar a manos de comunistas. La organización social, la defensa del petróleo, los cuidados al… que garantizaran una soberanía petrolera.

SV: Antes de concluir con este segmento, sabemos que no conociste a tu abuelo. Se podría decir que lo estás conociendo mediante toda las investigaciones que haces pero, no sé, me preguntaba: si pudieras decirle algo, ¿qué le dirías?

RR: Pues lo que luego siempre le digo: que me de fuerzas. Que me proteja. Y que nunca le voy a fallar para construir un México mejor para todos como fue su sueño. Sí, porque mi abuelo no está muerto. Las cosas que él hizo siguen siendo referencia, ¿no? Y yo creo que él poder seguir nosotros viviendo en esta vida siempre estará dependiendo de lo que los muertos digan, ordenen. De la sabiduría que ellos siempre tuvieron. Y yo creo que trascender en la vida es respetar a nuestros antepasados, respetar a nuestros muertos. Por lo tanto, los muertos no están muertos, los muertos influyen en el vivo y el vivo si quiere ser más vivo, si quiere ser más trascendente, si quiere ser más persona, pues tiene que amar todo ese ejemplo que dejan los muertos.

SV: ¿Cómo te gustaría ser recordado?

RR: Ah, canijo. Todavía no me muero [ríe]. No pues simplemente como alguien que cumplió con su misión. Cumplió con el deber. De todo ciudadano. De todo profesionista. De todo universitario. Eso es más que suficiente. Con eso descansaría en paz. Yo sé que mucha gente no logra hacer nada de esto y no creo que puedan descansar en paz. Yo ya a mi edad de 67, voy a cumplir 68 años, creo que la vida ha sido pues muy especial para tu servidor pero… pues no me interesa más que recuerden lo que hicimos como jóvenes. Porque no soy yo, es una generación.

No me interesa qué hizo Raúl Rubio. Me interesa qué hizo mi generación. Cómo fuimos indomables, inquietos, constructivos, trascendentes… valerosos. Eso es lo que más me interesa, ¿no? Dejar para los que vengan, ¿no? Porque yo sé que en la medida de los que vengan y nos vean y nos recuerden a través de estos trabajos tan interesantes como los que ustedes desarrollan, pues va a haber una referencia. Ya no de, pues, no sé, de un Iron Man o de un, no sé, un Schwarzenegger, de un Llanero Solitario. Sino va a hacer un ejemplo de gente que pasamos por esta ciudad metropolitana y dijimos basta a la barbarie de unos cuántos.

Y luchamos para que volviera a ser un gran jardín y que los niños salieron a la calle y que todo mundo pudiera jugar y que todo al mundo se le respetara. Y no la barbarie a la que nos han llevado con su guerra desde Calderón. Para dividirnos, desgastarnos, tener miedo. Y entonces creo que ejemplos de nuestra generación pues van a servir para quitarle el miedo a la gente. Y quitándole el miedo a la gente, la gente se va a movilizar y va a hacer cosas. Y eso es lo más importante para mí. No me interesa a mí cómo me recuerden como persona. Me interesa que me recuerden como parte de una generación. Totalmente inquieta y totalmente en lucha trascendente siempre. Eso es lo importante.

SV: Y de todas las cosas que has vivido, ¿de qué es de lo que más te sientes orgulloso?

RR: Pues de mis hijos. De los que me han acompañado en todo esto. De mis compañeros. De haber estado cerca de grandes personajes. Ignacio Salas Obregón, por ejemplo. Juan Manuel Elizondo, constructor de la universidad junto con Pepe Alvarado y Raúl Rangel Frías. De mis amigos más cercanos. Espero sigan siendo mis amigos, ¿no? Y siga yo siendo merecedor de su amistad porque eso es lo que vale la vida, ¿no? Tener alguien con quién platicar, con quién estar a lado y, sobre todo, con quién luchar para construir un mundo mejor para todos.

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