No voy a poner introducción, no tengo tiempo, nos están matando. Iré al grano: no voy a hablar de cómo el machismo afecta a las mujeres, sino de cómo el machismo afecta a los hombres.

Amigo hombre, imagina cosas chingonas. Imagina que de niño nadie te hizo bullying en la escuela por no jugar futbol, por ser malo en ello, o porque simplemente no te gustaba. A ti te gustaba el karate o tal vez ningún deporte. Nadie te hizo sentir menos en casa porque no tenías los músculos de tu hermano mayor o porque te gustaban las películas de princesas de Disney, las caricaturas “de niñas” o la música pop.

Tu padre no expresará sus sentimientos enojado, a gritos, a golpes. Nunca lo verás golpeando a tu madre, gritándole o burlándose de ella. Tu padre no tendrá problema con la profesión que escojas, no te cuestionará si eso deja dinero o si con eso puedes mantener una familia, porque puedes decidir no ser proveedor de una familia. Si decides ser padre, tendrás más y nuevas herramientas para ser uno excelente, porque tu papá no se fue, porque tu papá no es un padre ausente, porque él se quedó a tu lado física y emocionalmente.

Durante tu juventud, el tamaño de tu pene no determinará tu identidad, nadie te preguntará si ya eres un hombre por haber tenido sexo, porque ser hombre será tantas otras cosas distintas y maravillosas. Podrás ser algo más que solo “feo, fuerte y formal”, podrás ser “bello, bondadoso, brillante”, lo que tú quieras. Para invitar a alguien a una cita no estarás obligado a tener carro, pagar la cena o la cuenta del antro. Nadie cuestionará tu hombría porque no tuviste una erección cuando no tenías ganas o se medirá tu masculinidad por el número de mujeres con las que has cogido. No será un insulto que te llamen homosexual, no será tu más grande temor ser captado en video o por tus amigos con una conducta que sabes instigará a alguien a llamarte “maricón” o “joto”, nadie te va a hacer daño o dejarte solo por eso.

Amigo mío, imagina que puedes llorar en público, frente a tus amigos, sin vergüenza, sin temor alguno. Mostrar debilidad física, emocional y sentimental en cualquier momento no será signo de ser alguien inferior pero sí de ser alguien que vive plenamente. La vida no será una búsqueda por dinero o por someter a otros. No tienes que dominar a nadie, no será tu obligación. Las mujeres seremos aliadas, compañeras, no presas, esclavas o un ser que “ni ellas se entienden”. No seremos de Venus, ni tú de Marte, seremos lo que somos.

No será el alcohol, el cigarro o las drogas la manera de bloquear tu frustración de no poder ser eso que te exigen. No morirás de cáncer de próstata porque “los hombres no van al doctor hasta que les duele”, no morirás de cirrosis porque no pudiste expresar con llanto, palabras o dolor una muerte, un divorcio, una crisis de los cuarenta. No te quedarás solo al final de tus días porque nadie fue a visitarte al asilo, porque un día te diste cuenta –o no- que los empujaste a todos a un lado con tu violencia.

Y bueno, tal vez no te identificaste de ninguno de estos ejemplos, pero estoy segura de que por lo menos tienes un amigo, familiar o conocido que sí vivió algo de esto. Sufrió porque no podía ser lo que pedían que fuera, porque ustedes también son víctimas del machismo igual que nosotras. Les invito a pensar cómo las micro violencias se convierten poco a poco en macro, en insultos, en golpes, en feminicidios. Nosotras nos hemos liberado de algunas de las exigencias impuestas por el machismo y sus ataduras, pero esa libertad se trunca cada vez que una de nosotras muere en manos de un hombre que no supo llorar, hablar de sus emociones y encontrar la libertad. Como hija, hermana, esposa, novia, prima, vecina, colega; como su amiga les pido: deténganse un poco y ayúdenos a luchar contra estas violencias estructurales porque nos están matando todos los días.

Por Karem Nerio

Nota: Gracias a mis colegas hombres que me compartieron sus historias para poder escribir esto. 

*Texto original del taller `Vertebrales´: Columnas de opinión.

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