Las cenizas de la artista regiomontana fueron reúbicadas junto a las de sus padres. 

Por Alejo Alcocer

Sobrevivir al conservadurismo regiomontano no es tarea fácil. Desafiarlo mucho menos. Se necesita un temple sólido, determinado a no dejarse mellar. La faena requiere de un combustible inagotable, que permita seguir adelante, con la frente y la mirada en alto.

Fuensanta Zertuche lo tuvo claro desde pequeña. Su mente fue nutrida desde sus primeros años por la literatura y el arte. Sus ojos nunca fueron nublados por el conformismo. Enormes y negros, juguetones, traviesos, se querían devorar al mundo. Y se sabían capaces de lograrlo.

Monterrey le quedó pequeño a su salvaje gozo y talento.

Nació el año que terminó la segunda guerra mundial, 1945, y pareciera que la energía y el ímpetu de la nueva era que comenzaba venían contenidos en su cuerpecito.

Abogada, actriz de teatro y cine, escritora y vedette. Para su enorme ser la única vocación posible era la creación. En cualquiera de sus formas.

A pesar de que su aparición en películas míticas como Fando y Liz y En el Paraíso no existe el dolor fue frugal, su talento y su figura brillan más que la de los protagonistas. Fuensanta estaba hecha de misterio. Un enigma ante el que sucumbían directores, escritores y poetas de renombre mundial.

Los de mente pequeña no resistirán la tentación de atribuir esa atracción irresistible a su físico voluptuoso. Pero los que la conocieron, dan cuenta de que lo que hacia voltear las miradas de hombres y mujeres, era el fuego descarado con que Fuensanta existía.

Monterrey, nunca le perdonó su libertad. Escritores contemporáneos de su época nunca le perdonaron el que rompiera con la figura tradicional y excelsa que se tenía sobre ellos. En su incansable rebeldía, Fuensanta les quitó esa pátina de prestigio y los mostró como verdaderamente eran.

No hay nada que ésta ciudad odie más que a los espíritus libres. Han intentado borrar su nombre, sepultarlo en el pasado. Pero la sonrisa de Fuensanta sigue ahí, resonando.

Nunca guardó rencor ni planeó desquite. Su mayor venganza es haber sido inconmensurablemente dichosa y feliz.

Barrio Antiguo, asistió al ritual de reubicación en el Panteón El Roble, para recoger testimonios de personas allegadas a la legendaria Fuensanta.

Genaro Saúl Reyes. Historiador de Cine y amigo íntimo.

1-Alguna vez la vio cansada?

Nunca, porque lo ocultaba muy bien.

2-Triste?

Yo sabía cuando estaba triste.

3-Enojada?

Uy, muchas veces.

4-Cree que la ciudad conservadora de la que ella se escapó haya cambiado?

Desgraciadamente sigue igual, son de doble moral.

5-Cree que se haya arrepentido de algo?

Ella…No. Se responsabilizaba de todo lo que hacia.

6-Cree que la película de Fando y Lis hubiera sido lo mismo sin ella?

En esa película tiene una secuencia muy pequeña, donde representa a La Muerte. Es , quizás, lo que más se menciona pero no es lo más representativo de ella. Lo que la representa es otra película que se llama ‘Mi vida no termina aquí’ /Eugenia Tamés, 1983/, que es un documental que hizo un grupo de feministas y ella es la protagonista.

7.Nos puede hablar sobre su trabajo como vedette.

Ella es la que cierra el concepto de vedette de altos vuelos. Ella, Judith Velazco, Susana Robles son las que cierran el periodo de las grandes vedettes. Luego aparecen las ficheras, o las desnudistas.

8-Ella siempre tuvo tan claro y presente el concepto del glamour?

Sí, el concepto del glamour y el concepto de lo cotidiano, ella tenía muy claro todo lo que quería.

Luis Martín. Director de teatro y poeta. Primero en dirigir a una Fuensanta de 14 años.

1-Recuerda haberla visto alguna vez cansada?

Nunca.

2-Y enojada?

A veces, sí, cuando la sacaban de quicio. Fuensanta era contestataria, no era una gente complaciente ni común y corriente, con cualquier injusticia intervenía.

3-Y triste?

/sollozando/ Sí…eso sí. El poema que voy a leer en unos momentos, de su autoría, nos habla de una tristeza infinita.

4-Cree que la ciudad de la que ella escapó ya haya cambiado o siga igual de conservadora?

Sigue peor!

5-Cree que se haya arrepentido de algo?

Para nada. Una de sus canciones favoritas era la de Edith Piaf, No, Je ne Regrette Rien.

Ana Silvia Garza. Actriz, compañera de carrera teatral y amiga.

1-Recuerda alguna vez haberla visto cansada?

Verdad, pero qué vitalidad, qué maravilla!. Enorme. Y su sensibilidad de farandulera…hacia cosas muy locas. Me encantaba por rebelde.

2-Alguna vez la llegó a ver triste?

No.

3-Cree que el Monterrey conservador que le tocó vivir a Fuensanta sea igual o haya cambiado?

Pues, es igual pero diferente. Sí se extraña el terruño, los que nacimos acá. Pero pues, hay que seguir el llamado y lanzarse a la aventura y pienso que ella lo disfrutó. Porque sí sabía disfrutar el teatro y la poesía y la vida!.

Miguel Covarrubias. Poeta, ensayista y narrador. Compañero de vida artística.

1-Alguna vez la vio triste o cansada?

No, siempre la vi plena.

2-Cree que ella siempre tuvo ese sentido tan desarrollado del glamour?

Bueno, yo creo que ella sabía lo que tenía, lo que hacía y proyectaba. No me cabe duda, tenía que ser una mujer de temple para resistir a esta ciudad. No es fácil llamar la atención de multitudes, se necesita mucha fuerza para hacerlo y responder. Pero no responder con agresión, ella simplemente se afirmaba en su idea, en su expresión artística y literaria.

3-Cree que el Monterrey conservador que le tocó vivir ya no exista?

Uf, cómo le dijera?, sí pero no. Las cosas primitivas y burdas se quedan atrás. Pero, hay un trasfondo que sigue siendo el mismo. La doble moral. Antes era más tosco todo. Ahora está la cosa un poco más envuelta.

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