Me gusta ver el futbol, pero me gusta más ver los comportamientos y comentarios que hay alrededor para tomar la temperatura de nuestra sociedad. Jugó México contra Suecia, un partido muy difícil, el contrincante fue superior y se notó en el marcador, 0-3. Cuando el resultado ya era por dos goles de diferencia, escuché de los comentaristas exclamar: “¡Ahora todos somos coreanos! ¡Nuestra esperanza está puesta en Corea!” y comenzaron a narrar lo que ocurría en el otro juego al mismo tiempo que en el primero. Al final, hubo comentarios como: “habrá que agradecerle a Corea del Sur que venció a Alemania.”

¿Y los méritos del equipo mexicano? Tuvieron una presentación con resultados sobresalientes en sus primeros dos juegos, que contribuyeron a llegar a la siguiente fase, sólo que de eso ya casi no se habló en este día.

Cada vez que hay elecciones en mi localidad, tengo un sueño que sigue sin cumplirse: que durante las campañas escuche a los candidatos reconocer los aciertos de las administraciones pasadas; que su proyecto de ciudad, estado o país dé continuidad a éstos y plantee soluciones factibles para aquello que no está favoreciendo a la sociedad. Y, una vez que esto pase, finalmente dejar de escuchar discursos que desacreditan a los contrincantes y al gobierno actual. Hoy, las campañas me recuerdan al futbol, parecen más un espectáculo que una propuesta seria para gobernar.

Durante el juego, se hablaba de que no se había visto al “Chicharito” Hernández, cuasi-héroe nacional actual, como si el juego entero dependiera de una sola estrella dentro del campo. Quienes saben del tema, están conscientes de que, sin un buen trabajo en equipo en la cancha, el juego está perdido. No es relevante cuántas “estrellitas” tiene un equipo para que sea triunfador, sino que cada uno contribuya para que el resultado sea favorable. Sin otros jugadores haciendo lo que les toca en el medio campo o en la ofensiva, el Chicharito nunca tendrá el pase para hacer el gol; sin una buena defensa y un excelente portero, el contrincante puede hacer pedazos los éxitos obtenidos en la delantera.

Ya estamos tocando la puerta del día de las elecciones, votaremos por quienes nos representen en el poder ejecutivo y legislativo. Y parece que habláramos de ellos como del Mesías, que nos vienen a salvar de los “malvados” que han gobernado previamente. Ellos se venden así, y luego en redes sociales y en las conversaciones del día a día, muchos repiten la misma idea. Me parece una postura inmadura, que habla de quien prefiere esconderse detrás de una figura para justificarse cómo les va en la vida, que asumir su propia responsabilidad en el futuro del país.

Cualquiera de los candidatos es un humano cualquiera, como tú y como yo, con capacidades y limitaciones, con aciertos y errores, eso es importante tenerlo en cuenta a la hora de decidir. Lo que puede hacer es poco o mucho, dependiendo de lo que el equipo, que somos todos los mexicanos, estamos dispuestos a hacer o a dejar de hacer.

A muchos les disgusta la política actual, la critican y se quedan de brazos cruzados, esperando a que llegue aquél que nos salve del embrollo en el que estamos. En la mayoría, la participación ciudadana se limita al día de las elecciones: “ya cumplí, ya me voy, al cabo que ni queda por el que yo voté”; en otros casos, ni en eso. Dejamos que el futuro dependa de los nuevos “Chicharitos” u “Ochoas” que queden en los cargos del gobierno y no nos involucramos.

Hay muchas alternativas para hacer equipo, desde la cancha de cada uno se despliegan muchas posibilidades. Si eres padre de familia, ¿participas en la junta de padres de la escuela de tus hijos? Si hay un comité de la colonia donde vives, ¿has asistido a las reuniones que realizan?, ¿participas en las decisiones que se toman? Si en tu trabajo abren la convocatoria para formar la brigada de emergencias, ¿te involucras? Si tienes un tiempo libre en la escuela, ¿haces algún voluntariado?

Es apremiante que haya más participación de todos en las decisiones y proyectos de nuestra comunidad y nuestro país. Podemos empezar desde las trincheras donde nos movemos o buscar causas que nos motiven para hacernos parte de ellas. El voto verdaderamente consciente es cuando sabemos que ir a las urnas este primero de julio es optar por quien creemos que nos gobernará mejor y que lo que soñamos para nuestro país no se construye por unos cuantos representantes, sino por todos los jugadores de este partido que se llama México.

Por Georgina Treviño

*Texto original del taller `Vertebrales´: Columnas de opinión.

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