Una historia de guerrilla y guerra sucia

Por Emir Calderón

La Guerra Sucia, aquella etapa de la historia mexicana que remite a la represión selectiva de las instancias políticas, policiacas y militares del gobierno mexicano hacia diversas organizaciones durante la década de los 50, 60 y 70, es un proceso que aún tiene que ser explorado para ubicar los actores que protagonizaron y ejercieron la violencia política en México. También recordar a las víctimas y aquellas personas que sufrieron los excesos de es una tarea pendiente que es preciso realizar para recuperar las historias de todos los que padecieron la violencia del Estado. Una de esas memorias, es la que se narra aquí.

El 8 de mayo de 1968, un inspector de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales, dependencia de inteligencia y adscrita a la Secretaría de Gobernación, redactaba un informe en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero, sobre la detención de Ceferino Contreras Ventura. Pero, ¿quién era esta persona y por qué era urgente reportar esta acción al mismísimo secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez, obsesionado con combatir la guerrilla en México?

Para hablar de Ceferino, hay que remontarse al 11 de noviembre de 1966, cuando elementos de la policía del estado de Guerrero rodeaban la Central Campesina Independiente, en la Ciudad de México y tomaban prisionero a Genaro Vázquez Rojas, el icónico maestro normalista y guerrillero, compañero de lucha de Lucio Cabañas Barrientos, el otro símbolo de la guerrilla en el estado del sur.

La policía guerrerense durante la década de 1960 se había dedicado a capturar y reprimir a todos los grupos políticos opositores al gobierno. Vázquez, durante ese tiempo, era un sólido referente de la lucha contra los abusos del autoritarismo y la desigualdad social en el sur de México.

Un año y medio estuvo encarcelado el profesor Genaro en la ciudad de Iguala por luchar por sus ideales hasta que un grupo armado de la Asociación Cívica Guerrerense ejecutó su rescate. El grupo de liberación lo conformaban Roque Salgado Ochoa, José Bracho, Filiberto Solís Morales, Abelardo Velázquez Cabañas, Donato y Pedro Contreras. Estos dos últimos eran hijos de Ceferino Contreras Ventura, guerrillero de experiencia, seguidor de Arturo Gámiz, y que a sus 51 años también se disponía a rescatar a Genaro Vázquez Rojas y continuar con la lucha revolucionaria en Guerrero. Contreras no imaginaba lo que le deparaba la historia en su intento por rescatar a uno de sus camaradas.

Para que Genaro recuperara la libertad debía ser trasladado a un sitio donde la vigilancia fuera débil. ¿Cómo lograrlo? Ese fue el primer reto. La operación de rescate inició cuando el líder guerrillero fingió un fuerte dolor de muelas. Las autoridades del penal se vieron rebasadas en atender el problema y decidieron que fuera atendido en un Centro de Salud ubicado a pocas cuadras de la prisión. En un recorrido, aparentemente ordinario, Vázquez Rojas fue conducido en un vehículo custodiado solo por tres policías.

Con el líder guerrillero fuera de la amplia vigilancia del penal, el comando armado de la futura Asociación Cívica Nacional Revolucionaria observó el auto y se lanzó en un primer intento a rescatar a Vázquez Rojas. La acción se frustró cuando niños de la escuela Herlinda García salieron precipitadamente. Los cívicos suspendieron el primer asalto para no involucrar a los infantes.

Sin embargo, hubo una segunda oportunidad. El jefe Roque Salgado salió a cerrarle el paso al convoy. Con rifle en mano, dio la orden de liberar a Genaro Vázquez. La policía, quizá por nervios, disparó inmediatamente contra los guerrilleros, quienes eran superiores en número. Se inició así un tiroteo que duró cerca de siete minutos. La policía fue vencida: un muerto y un herido fueron las bajas. Los cívicos huyeron con Genaro en un Ford Galaxie 1963, mismo que dejaron en un puente en los límites de Iguala.

La policía dio parte de la fuga al ejército, pero los castrenses solo encontraron el auto abandonado. Genaro y sus muchachos llevaban en ese momento la delantera. Su escape continuó a caballo, entre los cerros, con rumbo al noroeste de Iguala.

CEFERINO CONTRERAS VENTURA

A 15 kilómetros de Iguala, ya en el municipio de Taxco, el 49 Batallón de infantería, asentado en dicha ciudad, tendió una emboscada a los fugitivos. Los soldados dispararon todo su arsenal sobre el comando guerrillero. Escondidos en la maleza y refugiados tras las piedras, los cívicos trataban de responder las balas. Uno de los disparos se impactó contra una piedra y cambió su trayectoria, la cual fue a dar justo en la rodilla de Ceferino Contreras Ventura.

El rescate de Genaro cobró la vida de Roque Salgado y Filiberto Solís. José Bracho y Ceferino Contreras salieron malheridos. Para no ser capturados, el grupo se tuvo que dispersar. Genaro Vázquez llegó hasta Taxco, donde posteriormente se fue a la sierra de Atoyac y se reunió con el resto del grupo que lo liberó. Ceferino no llegaría a esa cita de reencuentro.

Contreras Ventura se encontraba con la rótula destruida. Tuvo que ser auxiliado para regresar y ser escondido en Iguala, en el paraje El Encinal. Todas las noches, Erasmo Salgado, quien probablemente consiguió los caballos para que Genaro Vázquez escapara, le llevaba provisiones y medicamentos para que Contreras sanara y aliviara sus dolencias. Erasmo salía todas las noches a comprar los productos de curación. Este comportamiento fue el que hizo sospechar a las autoridades guerrerenses, las cuales siguieron un día a Erasmo y descubrieron que ayudaba a una de las personas que liberó al fugitivo Rojas.

La mañana del 7 de mayo, elementos del ejército y la policía judicial del estado de Guerrero capturaron al malherido guerrillero. Como fue una constante durante la Guerra Sucia y, en especial, en el estado de Guerrero, al guerrillero le extrajeron toda la información que las autoridades pudieron obtener para dar con el paradero de sus compañeros.

Esta operación de recolección de datos era casi siempre por medio de la tortura. Queda en la imaginación los métodos que utilizaron las autoridades para que Ceferino delatara a sus propios hijos. Solo hay que recordar que en esa época tenían lugar los famosos “vuelos de la muerte”: subir guerrilleros a un avión, vendarles los ojos, amarrarles las manos, sujetarlos con piedras y lanzarlos al mar abierto desde las alturas.Con base en las declaraciones de Ceferino, el gobierno mexicano supo quienes conformaban el núcleo cercano de la guerrilla de Genaro Vázquez.

Ceferino Contreras se salvó de despegar de Acapulco y no regresar, pero fue encarcelado en Iguala. Luego fue trasladado a un penal en Chilpancingo, donde estuvo preso hasta 1971, año en que fue liberado en un hecho histórico. El 19 de noviembre de ese año, un comando conformado por Genaro Vázquez, José Bracho y Arturo Miranda interceptó el Ford Galaxie -del año- donde viajaba Jaime Castrejón Díez, entonces rector de la Universidad Autónoma de Guerrero y propietario de las embotelladoras Yoli y Coca Cola.

Los guerrilleros solicitaban la excarcelación de presos políticos y dinero en efectivo a cambio de la liberación del rector. Durante once días las autoridades mexicanas intentaron dar con el paradero del rector Castrejón Díez, pero ante la ineficacia de las operaciones y las amenazas de los guerrilleros de ajusticiar al secuestrado, optaron por otra vía. El entonces secretario de gobernación, Mario Moya Palencia, mano derecha de Luis Echeverría Álvarez por años, encargó a Miguel Nazar Haro, Subdirector Federal de Seguridad, que manejara la negociación y rescate.

El dinero solicitado por los guerrilleros -dos y medio millones de pesos- fue entregado a los mismos a través del obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo. Las condiciones de los cívicos armados se cumplían el 27 de noviembre con el pago del rescate y la liberación de 9 presos, entre los que se encontraba Ceferino Contreras.

Ceferino fue trasladado de Chilpancingo a la Escuela Normal de Maestros y de ahí al Campo Militar Número 1. Los militares interrogaron a Contreras Ventura sobre el lugar a donde quería ser trasladado. Como muchos de sus compañeros respondió que quería exiliarse en Cuba. El 28 de noviembre de 1971 despegó un avión DC-6, matrícula PT10012, del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, hizo una escala en Mérida y siguió hasta su destino: La Habana.

Allí, los exiliados fueron recibidos por las fuerzas revolucionarias cubanas. En Cuba, a la comitiva militar mexicana que acompañó a los ex presos políticos solo la dejaron cargar combustible y se les pidió de inmediato que abandonaran la Isla.

Ceferino Contreras vivió con la ilusión de volver a verse con Genaro Vázquez. Él lo había liberado primero y ahora Genaro lo liberaba a él. El reencuentro nunca sucedió. Poco más de dos meses después de haber llegado a Cuba, malas noticias llegaron desde México. El 30 de enero de 1972 capturaron a Consuelo Solís Morales, esposa de Genaro, y la madrugada del 2 de febrero Vázquez Rojas había muerto en un “accidente” en la carretera México-Morelia. Esta noticia fue muy dura para los “compañeritos”, como Genaro Vázquez llamaba a sus cercanos.

En 1973, llegaron más guerrilleros a Cuba. Como muchos de los exiliados, Ceferino vivió en el hotel Regis de La Habana Vieja por más de una década. En 1978, el presidente José López Portillo decretó la Ley de Amnistía que otorgaba el perdón a cientos de presos políticos. Ceferino Contreras fue uno de ellos. En la década de 1980 pudo regresar a México, donde pasó sus últimos días.

Ceferino Contreras Ventura murió el 7 de abril de 1988, en San Vicente de Benítez, en Atoyac de Álvarez, Guerrero. Tenía 71 años.

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