¿De qué sirve la memoria a la resistencia?

Por Gibran Guillermo Mariano Guzmán

¿Es importante tener memoria histórica?

Estamos asistiendo a uno de los tiempos más aciagos y feroces que ha tenido México. Corren días en los cuales está a punto de aprobarse la Ley de Seguridad Interior [1], que le brinda facultades al ejército para desempeñar tareas de seguridad pública y civil por orden expresa de las autoridades que así lo requieran.

¿Qué quiere decir esto? Palabras más o palabras menos, que se le da una mayor autonomía al ejército para ejercer su voluntad castrense sin tener un freno civil.

Esto anteriormente ya había sucedido; sólo basta voltear a ver el registro de las múltiples ejecuciones extrajudiciales que han ocurrido en el Estado de México, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Puebla, Jalisco, Chihuahua, Tamaulipas a lo largo de los últimos 18 años. Ahora, gracias a los medios alternativos, nos enteramos de las ejecuciones en Tlatlaya y Tanhuato, del tiroteo por parte de un helicóptero en Nayarit, de la ejecución frente a las cámaras de un supuesto “huachicolero” en Puebla.

Aun quedando pendientes las ejecuciones en la sierra, o las que se dan en parajes recónditos, las que suceden en enfrentamientos donde son “víctimas civiles”, mismas que nunca se darán a conocer. Durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa se inició en 2007 la ominosa “Guerra contra el narcotráfico”, un yerro que arrastró su gobierno durante toda su gestión, ya que al final las cifras más conservadoras de Human Rights, hablaban de 60 mil muertos ocurridas en su sexenio derivadas de ésta, otras instituciones hablaban de 100 mil muertos.

En el sexenio de Enrique Peña Nieto, se contabilizaron cerca de 117 mil muertes [2] y todavía faltan cerca de 11 meses para que termine su gestión. Se habla también de alrededor de 24 mil desaparecidos. Con Calderón Hinojosa y Peña Nieto se inauguran las “muertes por daños colaterales”, personas que sin ninguna implicación en los crímenes o en el narcotráfico fueron asesinadas. Las historias de desaparecidos en retenes instalados en los estados del norte del país, parecen sacadas de un cuento de horror. Los feminicidios en cada estado de la república cada día se incrementan desaforadamente. Los cientos de periodistas asesinados, hacen que sólo después de Afganistán, México sea uno de los países más peligrosos para ejercer esta profesión. Un famoso clérigo tuvo un día la “osadía” de decir: “México es una fosa de cadáveres”.

Se dice muchas veces que las cifras de muertos inclinan la balanza a que uno simpatice con una causa, pero en México ¿cómo no hacerlo? Si los que mueren por balas en la calle (ya sea por el crimen organizado, la policía y los militares) siempre son los pobres. México es uno de los países más desiguales del mundo; casi el 80 % de la población en México vive en pobreza [3], y casi la mitad de este porcentaje vive en pobreza extrema. Esto ¿qué quiere decir? Que muchas de esas personas viven hacinadas en predios irregulares sobreviviendo con casi dos dólares diarios.

Después de estas acotaciones, donde se mencionaron muertos, pobreza y leyes despóticas, probablemente se me tildará de malhumorado, de pesimista o de aguafiestas, y en cierta medida eso parece. Particularmente, una de las expresiones que más me llama la atención y que se utiliza con frecuencia en el argot político es: la memoria histórica. Su posesión o carencia siempre es causa de elogios o denuestos. “El que no aprende de su historia está condenado a repetirla”, es una apreciación que aparentemente se dice como si fuera un axioma o corolario, y que implica que la historia se conciba como un siempre ir hacia adelante, dejando atrás la barbarie que sucedió anteriormente.

Otra expresión que también coloquialmente se escucha es “Deja el pasado atrás”, misma que epistemológicamente implica que la historia deambula en línea recta y que todo tiempo presente es mejor que el tiempo pasado. Pero ahora vayamos al otro extremo con otra expresión: “Todo tiempo pasado fue mejor”, sumergidos en algo que coloquialmente se le llama la Belle Époque, consideramos que en el pasado hubo bonanza y que el presente, son los resquicios de esa abundancia que se agotó.

Estas expresiones me parecen válidas de acuerdo al contexto donde se ubiquen. Por ejemplo, si consideramos que un presidente de la república tiene un poder omnímodo y que puede hacer con sus representados lo que se le venga en gana, por la posesión que de manera voluntaria se le entregó del monopolio de la violencia legítima, entonces, sucesos como: la represión de las protestas civiles en su toma de posesión en el 2012, el desalojo de un plantón magisterial en 2013, la desaparición de 43 estudiantes de una Normal Rural de Profesores en Guerrero, la muerte de 11 personas a manos de la Policía Federal en Nochixtlán, Oaxaca en 2016, el feminicidio de Mara en Puebla a manos de un chofer de taxi privado en 2017, y los demás ominosos sucesos que han sucedido y acumulado en este país; significarían menos que nada.

Tal vez se me achaque de tener una visión radical, machacona y oscura de los sucesos acontecidos en México. Pero considerando hipotéticamente que uno de los primeros sentimientos que despertó la anterior lista fue la indignación, me atrevería a plantear que una de las principales funciones de la historia, en los ejemplos que acabo de mencionar, es precisamente que el agravio no se vuelva a repetir. Pero yendo un poco más lejos: Que el recuerdo de los hechos provoque redención de los caídos y por ende la transformación de la realidad. Es en este punto que la propuesta de Walter Benjamin me parece adecuada para ello.

Walter Benjamin y la ruptura del Continuum de la historia

Benjamin es uno de los autores hoy día con mayor actualidad y acogida entre las personas jóvenes. Esto lo digo de forma empírica, ya que no pocas veces, en las disertaciones y tertulias entre amigos y pares lo he escuchado nombrar. Es un teórico que por su escape del marxismo ortodoxo, gana simpatías entre las personas que buscan un marxismo más amplio.

Desde un punto de vista personal, es un visionario y un adelantado a su época, que consideró dentro del marxismo categorías marginales como la filosofía y la literatura.

Las “Tesis sobre la historia” de Walter Benjamin es un texto muy importante dentro de la historia de la filosofía política, comparable cómo dice Michael Löwy, con las “Tesis sobre Feuerbach que escribió Marx [4]. Un texto que mediante un lenguaje alegórico, poético y literario replantea el papel de la historia y la teología dentro de la lucha de clases. Reinterpretando categorías del marxismo tradicional (o vulgar); cómo también lo llamaría Lukács, que miran a la historia cómo un proceso lineal en el cual lo pasado implica si bien una explicación del presente, también una construcción evanescente que se queda atrás.

El pensar la historia no en forma lineal ni en una dirección rectilínea y uniforme, sino en alguna otra forma como una espiral por ejemplo, o como constelaciones que se desarrollan en diversas latitudes, es un mérito que nos provee Benjamin. Tan sólo pensar que las historias suceden y no se petrifican, que no son únicas sino que suceden en diversas partes del mundo. E ir más lejos: la narrativa de la historia es de los que vencen y es la que se cuenta, por eso hay que interrumpir y romper ese continuum, ese ir hacia delante.

Particularmente hay tres ideas de Walter Benjamin que me parecen sobresalientes: El “estudio de la historia a contrapelo”, la propuesta de que todo “documento de cultura es un documento de barbarie” y la noción de “progreso”. A continuación hablaré someramente de ellas. Siempre que se hace un memorial de agravios de un país, se le tilda al emisor de las “funestas” noticias como un quejumbroso, ideologizado o inconforme. Para Benjamin resignificar la historia, tiene que ver con esa sacudida de las solapas, de voltear a escuchar la historia de los vencidos, porque la de los vencedores ya está contada de antemano, tal como menciona la tesis VII:

[…] El materialista histórico tiene suficiente con esto. Todos aquellos que se hicieron de la victoria hasta nuestros días marchan en el cortejo triunfal de los dominadores de hoy, que avanza por encima de aquellos que hoy yacen en el suelo. Y como ha sido siempre la costumbre, el botín de guerra es conducido también en el cortejo triunfal. El nombre que recibe habla de bienes culturales, los mismos que van a encontrar en el materialista histórico un observador que toma distancia. Porque todos los bienes culturales que abarca su mirada, sin excepción, tienen para él una procedencia en la cual no puede pensar sin horror. Todos deben su existencia no sólo a la fatiga de los grandes genios que los crearon, sino también a la servidumbre anónima de sus contemporáneos. No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie. Y así como éste no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de la transmisión a través del cual los unos lo heredan de los otros. Por eso el materialista histórico se aparta de ella en la medida de lo posible. Mira como tarea suya la de cepillar la historia a contrapelo. [5]

Revisar la historia a contrapelo implica como el nombre lo dice: ir a contracorriente. Como cuando al cepillar un felino doméstico buscándole las pulgas, el cepillado no se hace en el sentido del pelaje, sino en dirección contraria para que los insectos parasitarios se muestren y así poder erradicarlos. Estudiar la historia a contrapelo en un sentido más práctico, significaría que cuando se indague sobre la Reforma Educativa por ejemplo, uno no puede quedar conforme con la versión, de que la violencia con la que se pretende imponer, es justificada por el alcance de la “calidad de la educación”. O que las personas asesinadas en Nochixtlán a manos de las fuerzas policiales el 19 de Junio de 2016, bien se lo tenían ganado por andar de “revoltosos o rijosos”. En impostergable regresar a la voz de los vencidos, de las personas que sufrieron el agravio.

Quisiera regresar brevemente a un extracto de la tesis VII de Benjamin, para indagar en la segunda idea que me parece importante, sobre el documento de cultura como documento de barbarie:

Porque todos los bienes culturales que abarca su mirada, sin excepción, tienen para él una procedencia en la cual no puede pensar sin horror. Todos deben su existencia no sólo a la fatiga de los grandes genios que los crearon, sino también a la servidumbre anónima de sus contemporáneos. No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie. Y así como éste no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de la transmisión a través del cual los unos lo heredan de los otros. [6]

Esta idea planteada me parece trascendental, ya que toca los campos que aparentemente no habían sido tocados por el capital: el arte, la arquitectura y la literatura. Por ejemplo, uno al observar una pintura, generalmente, si no tiene el capital cultural suficiente (como es mi caso) no ve más allá de un análisis del manejo del color, de los trazos, de la técnica del artista, de la intencionalidad; en síntesis de la experiencia estética que produce la contemplación de lo observado. Pero, si uno estudia la pintura a contrapelo, gran desaguisado se llevaría, al percatarse de que la pintura en sí misma está contando una narrativa de visión del mundo, que puede ser de una mirada antagónica entre vencedores y vencidos.

Uno de los ejemplos más visibles son las pinturas del siglo XVI y del siglo XVII acerca de la narrativa de la conquista de América, donde se muestra a los españoles como personajes gallardos y triunfantes, “amansando” a los indómitos habitantes del nuevo continente. Las escenas que se registran no muestran la barbarie de los asesinatos y las pestes que vinieron con los ibéricos, ni las violaciones ni los raptos que acontecieron en ese brumoso lapso de tiempo. Es, sin miramientos la visión e historia de los vencedores.

Afortunadamente, otros artistas entendiendo que la narrativa de la historia de México, debería ser estudiada a contrapelo propusieron nuevas apuestas, entre el más claro ejemplo se encuentra el muralismo mexicano con: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Pero siguiendo la tónica de la provocación planteo una interrogante ¿qué sucedería si los monumentos y edificios históricos se observaran bajo el lente de documentos de barbarie? Edificios como el Convento de Santo Domingo de Guzmán o la Catedral serían mirados, no sólo con una mirada estética sino con una mirada crítica y emancipadora. Tras la cantera y el mortero hay sangre y esclavitud del indígena vencido. Y acudiendo aún más al extremo, en la actualidad, la Estela de luz del bicentenario nos resultaría insoportable contemplarla, ya que representa un monumento a la corrupción y a un Estado fallido, que encabezó el mitómano y ominoso Felipe Calderón Hinojosa.

Por último, Walter Benjamin para enunciar su crítica al progreso en la tesis IX: utiliza de referencia la pintura Angelus Novus de Paul Klee, la cual describe de la siguiente manera:

En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso. [7]

Una metáfora sumamente interesante de la visión evolucionista y las implicaciones del progreso, de la cual ni el socialismo o los gobiernos progresistas han estado exentos. Un territorio donde aún muchos marxistas admiten, que ciertas fases del capitalismo en las sociedades tuvieron que suceder para que las condiciones sociales para la revolución fueran ideales. Un progreso que si bien ha tenido un avance aparentemente lineal, deja una estela de destrucción y rapacidad a su paso.

Para Benjamin, la locomotora del progreso en su viaje hacia adelante, va directo al precipicio y la destrucción, no basta cambiar al maquinista o cambiar el curso, sino que es necesario jalar el freno de la historia y detenerla.

En este punto de análisis del progreso; que es un postulado eminentemente erigido en la modernidad, cabe hacer mención del trabajo de Enrique Dussel [8] que hace fuerte hincapié, acerca de que la modernidad no llegó por la vía luminosa solamente de las ideas, sino de las armas y el asesinato, mismo que sitúa en un momento específico que fue el año de 1492. Una modernidad que para Dussel llegó no con el descubrimiento del otro sino con el encubrimiento del otro. Misma que trajo para Europa un modelo de extracción y expoliación que no había tenido registro alguno hasta ese año.

Europa para Dussel se enriqueció explotando a un continente entero que fue América. Con un modelo que se basó en una expoliación que como piedra fundamental tomó la racialidad de los explotados. La historia moderna de Europa no se puede entender sin la explotación de otro continente, y con esto no me estoy refiriendo solamente a América, sino también a África. Ese colonialismo también está registrado en el arte, la arquitectura y la literatura, en los modelos económicos, en la poca o nula soberanía de los países pequeños, en el cine y en la idea de desarrollo y progreso homogéneo, en la epistemología, en las ciencias disciplinares y la educación.

Historia, redención y mesianismo del proletariado van de la mano para Löwy [9] en Benjamin; ya que los agravios de la burguesía en el pasado hacia al proletariado, modelan la lucha del proletariado de una forma espiritual. Misma mirada al pasado que da el impulso que se requiere para cambiar el presente. Benjamin en palabras de Löwy busca encarecidamente romper con el continuum de la historia, congelar las imágenes, hacerlas aparecer como relámpagos para buscar la emancipación.

Rememorar, redimir y transformar es: resistir

Después de hacer este breve repaso por las ideas de Walter Benjamin sobre: estudiar la historia a contrapelo, el documento de cultura como documento de barbarie y finalmente, la idea del progreso más de uno habrá de quedar descorazonado. Ya que el recuento de la historia, al menos de México, no es ni mucho menos un paseo floral, es una historia de reiteradas luchas, algunas con buenas intenciones y pésimos finales. Otras plagadas de traiciones y de sueños no cristalizados. Coloquialmente se relaciona al mexicano con un germen trágico derivado de la conquista. Una seguidilla de decepciones y desencantos. Personalmente, considero que ese es un continuum histórico que habría que romper.

Pero esa ruptura no vendrá solamente con la buena intención, sino con la rememoración de la barbarie y la tragedia. Con la mirada cara a cara de lo que sucede en este país, mismo que en alguna ocasión, algún desdichado ex presidente mencionó que tenía forma de “cuerno de la abundancia”. Esa disrupción del continuum de la historia vendrá de la redención de los caídos, no sólo de esta funesta “Guerra contra el narcotráfico” sino de los miles de desaparecidos, de los migrantes asesinados, de los feminicidios del Estado de México y de Ciudad Juárez, de los asesinados de Tlatelolco en 1968 y de los otros cientos caídos durante los 70s en la Guerra sucia.

Cuando se pregunta, que para qué tantas manifestaciones y rememoraciones de los hechos oscuros de México, algunos aún con puestos de alta responsabilidad dicen: “Ya supérenlo”. Sobra mencionar que en ese ejercicio de reunión de voluntades, de personas que no se conocen y que muchas veces no comparten ni los mismos gustos ni convicciones, en esa acción, se está dando un acto de resistencia. En un sistema económico que obliga a dividirse y alienarse: hacer comunidad es un acto subversivo. Omnia sunt Communia recita un expresión latina: “Todas las cosas son comunes” y la opresión: es común de todos los vencidos. Por ejemplo no se sale a exigir que aparezcan los 43 desaparecidos, sólo por una convicción política sino para que ese agravio no vuelva a sucederle a nadie, ni siquiera a los oponentes que festejaron esa acción.

Slavoj Žižek menciona (sospecho que por cierta vena benjaminiana): “Por cada revolución que triunfa ésta redime a las demás”. Para Benjamin, cualquier momento es el momento para cambiar la realidad. Cualquier instante es el instante. La historia y la vida son una serie de ventanas abiertas por donde se puede irrumpir. Hoy asistimos a un momento aciago y brutal en México, donde se está llegando al colmo de la decadencia social: Pagar cuerpos represores para que nos repriman.

Es hora de resistir y de frenar la locomotora del progreso, pero también, y cada vez resulta más ineludible: romper de una vez el continuum de nuestra historia.

Oaxaca, México, enero de 2018

NOTAS

[1] La Ley de Seguridad Interior fue aprobada por la Cámara de Diputados el 14 de diciembre de 2017. Para ver el historial de votaciones, da click aquí.

[2] Hope Alejandro (2017) “Los 117 mil muertos de Peña Nieto”. Consultado en El Universal.

[3] Ramírez Carlos (2016) “TLCAN: 80% de pobres, 2% de PIB promedio anual y Estado Neoliberal”, en Capital. Consultado el 10 de diciembre de 2017.

[4] Löwy, Michael (2003). Walter Benjamin: Aviso de incendio. Una lectura de las tesis ´sobre el concepto de historia’. Buenos Aires, Argentina: Fondo de Cultura Económica.

[5] Benjamin, Walter (s/f). Tesis sobre la historia. Edición y traducción de Bolívar Echeverría.

[6] Op.Cit. Benjamin, Walter (s/f). Tesis sobre la historia.

[7] Op.Cit. Benjamin, Walter (s/f). Tesis sobre la historia.

[8] Dussel Enrique (1994) 1492: el encubrimiento del otro: hacia el origen del mito de la modernidad. La Paz: Plural Editores.

[9] Op. Cit. Löwy, Michael (2003). Walter Benjamin: Aviso de incendio. Una lectura de las tesis ´sobre el concepto de historia’

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