Por Ana Luisa González Rosas

Dice un dicho “mujeres juntas, ni difuntas” pero también hay otro que reza “Cuando dos mujeres o más se juntan, el diablo mira, se sienta, escucha y aprende”; el refranero popular está lleno de joyas como estas que nos permite un vistazo a lo que en el imaginario social representamos las mujeres reunidas.

El mundo viene viviendo una constante agitación en los últimos años, en cada rincón del mundo estamos viendo ejemplos de mujeres organizadas; ya sea para salir a la calle a protestar por el más reciente feminicidio o desaparición, grupos de apoyo a sobrevivientes de violencia, mujeres que acompañan mujeres que desean interrumpir sus embarazos, etc. Mujeres creativas, combativas, ¡que luchan!

El 29 de diciembre de 2017, por medio de un comunicado,  las mujeres que conforman el EZLN invitan a las mujeres del mundo a su “Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan.” a realizarse en territorio zapatista del 7 al 11 de Marzo.

Por meses se organizaron autobuses, camionetas, coches, vuelos, hospedajes, traslados, se propusieron actividades, se organizaron rifas, cooperaciones, turnos de cuidados, turnos laborales, etc. para que miles de mujeres pudiéramos llegar a la cita.

Y se llegó la fecha, arribamos al Caracol Morelia de la Zona Tzots Choj, nos recibió una multitud de mujeres encapuchadas que como hormiguitas iban y venían recibiendo a sus invitadas, indicándoles dónde acampar o en cuál auditorio les tocaba dormir, la ubicación de baños, regaderas y comedores. En la puerta había tres grandes letreros, dos a manera de bienvenida y uno, en amarillo con letras gigantes, recordando que en los próximos días la entrada de los hombres estaba prohibida, no importa de dónde vinieran o que tantas ganas tuvieran de participar: ellos no estaban invitados.

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Unidas contra el capitalismo”. Foto: Ana Luisa González Rosas

El 8 de marzo amanecimos con las mañanitas revolucionarias y con un mensaje de bienvenida que marcaba la pauta del encuentro: contarnos quiénes somos, qué nos duele y qué hacemos con todo eso, sin juicios. Por tres días alrededor de 10 mil mujeres compartimos los dolores y las alegrías: hubo más de 20 mesas de trabajo simultáneas, con diferentes temas y objetivos desde el cuidado personal, la denuncia, formas de resistencia cotidiana, la participación de las mujeres en movimientos como #BlackLivesMatter, el ejército de mujeres kurdas, etcétera.

Fueron días frenéticos, intensos y transformadores, con sus palabras de clausura vinieron los acuerdos y las tareas, además del agradecimiento y reconocimiento a la organización zapatistas y la promesa: nos vemos el próximo año.

Nos ha tomado tiempo terminar de entender qué pasó esos días, nos ha faltado vocabulario para nombrar mucho de lo que vivimos. Nos enfrentamos a un ejercicio político único hasta el momento: ¡todas las decisiones, acciones y acuerdos fueron hechas por mujeres!

La primera discusión resultante de este ejercicio es la de si esta guerra feminicida y este mundo que parece odiarnos es una cuestión de hombres vs. mujeres. ¿Qué pasa cuando no hay varones? Al eliminar de la vida cotidiana los cuerpos masculinos el miedo desaparece, así de sencillo. Un miedo que nos atraviesa corporalmente y que no sabemos cuánto tiempo y energía nos consume diariamente, al esfumarse el miedo hubo libertad para andar a cualquier hora sin necesidad de cuidarse ¡cuánto tiempo ocupamos las mujeres en cuidarnos!, hubo tiempo libre y libertad para usar la voz y el cuerpo en escuchar y sentir a otras mujeres,  aprender de ellas, liberar emociones y no sentirse ridícula si el llanto o la risa aparecían. Para sabernos enrabiadas, hablar del cansancio y consolarnos las penas.

Algunas expresaban con molestia que debíamos dejar de culpar a los hombres de todo y señalar que es un sistema que se llama patriarcado. La realidad es que el patriarcado está infiltrado en todo y en todxs, no importa con qué género te identifiques, pero también es real que el cuerpo masculino es la representación física y material más obvia del patriarcado y que esos días su ausencia nos permitió vivir sin miedo, algo que para muchas fue nuevo y reparador.

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Entrada al 1er Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan. Foto: Ana Luisa González Rosas

¿Es está la solución a la violencia existente actualmente? Las denuncias masivas con movimientos como #Metoo, #Miprimeracoso, #Cuentalo o #YoSiTeCreo han mostrado al mundo lo que implica ser mujer y la violencia recibida constantemente a lo largo de nuestras vidas. Aumenta el número de mujeres que piensa un mundo separatista, hay otro sector que dice que la lucha de las mujeres es la lucha de los hombres y que sin ellos no avanzamos, ambos puntos de vista junto con todos los que coexisten en medio se discutieron, no hubo acuerdo pero hubo diálogo. En lo que sí hay acuerdo es que espacios como el creado en este encuentro son necesarios, que la organización política de mujeres es necesaria, como lo son las redes de apoyo, en eso vamos avanzadas, llevamos camino recorrido.

Y les dejamos la tarea a ellos: nosotras ya estamos organizándonos, es su turno de analizar y proponer qué mundo quieren para ustedes, porque este sistema patriarcal va a caer ¿de qué lado de la historia van a estar? Nosotras hemos acordado vivir, y vivir es luchar.

Las compañeras zapatistas ese 8 de marzo encendieron una luz, y nos dieron un encargo con ella, uno que de por si muchas ya lo teníamos, es por ti, por mí, por todas, las que nos faltan, las que nos han arrebatado, las que van llegando o llegarán: alimentar esa llama, pasarla, esparcirla, no dejarla morir para que nunca más una mujer viva con miedo.

*Publicado originalmente en Vozes43.

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