Rampage: Devastación | La 4a Compañía | Sin Amor | Yo soy Simón | Sherlock Gnomes

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ ⋆ Deje todo y corra a verla

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ No se la pierda

⋆ ⋆ ⋆ Vale la pena

⋆ ⋆ Puede verla

No se moleste

• • Evítela como la plaga

El Aperativo

⋆ ⋆ Puede verla

Adaptación de un videojuego, llegó al cine Rampage: Devastación, protagonizada por Dwayne “La Roca” Johnson, quien esta vez interpreta a un primatólogo que tiene más afecto por los animales que por las personas (aunque le estén tirando la onda). ¿Por qué? No los sabemos, pero tampoco importa. Después del planteamiento de la historia, lo único que atañe en la película es ver cómo un simio, un lobo y un cocodrilo alterados genéticamente, se disponen a destruir la ciudad.

Lo único por lo que se agradece Rampage es que no pretende más que entretener; eso y la actuación de Jeffrey Dean Morgan, quien roba pantalla cada vez que aparece.

Con una historia simple donde hay buenos y malos sin trucos ni intrigas, sabemos que La Roca es más poderoso que tanques y helicópteros, más inteligente que cualquier militar y más sensible que cualquier hombre justo; así que sólo nos resta sentarnos y ver lo que sabemos que tiene que pasar.

El Entremés

⋆ ⋆ Puede verla

La 4a Compañía ganó el año pasado 10 de sus 20 nominaciones en los Premios Ariel, incluyendo Mejor Película. Pero resulta que nadie, a excepción de los jueces, la había visto. Tuvo que pasar casi un año para que por fin la pudiéramos ver en salas de cine, y aunque “a todo santo le llega su día”, al menos esta película no será santo de mi devoción.

El mérito de La 4a Compañía es que costó mucho, pero mucho trabajo llevarla a cabo, pero una cosa es tardarse porque las cosas no fluyen y otra porque se está hecho todo pelotas y sin saber dónde y cómo meter todo lo que se quiere contar.

Claro que narrar la vida dentro de un penal no es cosa fácil, pero contarlo a través de las voces de ocho o más personajes hace que la trama principal se diluya, por lo que vemos un mosaico de escenas y géneros que son todo y nada a la vez: unas veces la película busca la denuncia social, otras ser una historia deportiva, otras tantas es ficción y otras más es una reconstrucción (esa sí, muy buena) del México de los años ’60. Hay momentos muy salvables, pero en conjunto todo parece caótico y un poco disperso. Le falta ritmo.

Es como quien empieza a hablar del equipo de futbol americano Los Perros (que sí existió), pero habla por ende del control interno de reos llamado “La 4a Compañía”; pero que además quiere contar la historia de cada uno de sus integrantes, para después describir las tranzas que hacía el Negro Durazo con ayuda de éstos y la policía. Y por si fuera poco, recuerda también al médico gay en el penal y al director de la cárcel que se reveló contra El Negro, y al que sólo le faltó decir aquel diálogo de la película de Adam Sandler: “Valió la pena cada maldito segundo” (Golpe bajo: el juego final).

Lo que sí se reconoce de La 4a Compañía es su trabajo de investigación profundo y extenso que demuestra tener sobre la vida en el penal (¿no era mejor un documental con escenas ficcionadas?). Y aunque en pantalla logra ciertas imágenes fuertes y contundentes sobre la vida dentro de una cárcel, gracias a un excelente trabajo de fotografía e iluminación que crea todas estas atmósferas carcelarias (además que se trabajó en el penal con reos de verdad), aun así está por debajo por ejemplo de aquel dantesco final de los “tres monos en un diabólico sucederse de mutilaciones del espacio, […]” que vimos en El Apando (1976) de Felipe Cazals.

El Plato Fuerte

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ No se la pierda

Quizá todo tengamos algún trauma relacionado con nuestra infancia, pero ¿qué mayor trauma puede haber cuando ninguno de tus padres te quiere? O peor, cuando están a punto de divorciarse y te enteras de que ni tu madre ni tu padre se quieren quedar contigo, porque les complicas la existencia en sus nuevas vidas amorosas.

Es lo que le sucederá a Alyosha, protagonista de Loveless (Sin amor), la nueva e inclemente película de Andrey Zvyagintsev (como sea que se pronuncie eso), que cuestiona el modelo familiar actual que vive no sólo la Rusia de Putin, sino técnicamente el resto de las familias urbanas.

Zhenya, la mamá, se dio cuenta de que se embarazó de un tipo al que no ama, así que el simple olor del niño de 12 años la repele, porque comienza a oler como el padre. Alyosha fue un error en su vida (tanto que ni siquiera lactó), y quiere olvidarse de él para vivir la vida entre el trabajo, celular y veladas románticas con su nueva pareja y la estabilidad que un hombre mayor le puede brindar. Tener el corte de cabello correcto es más relevante que si el niño llegó a casa o no.

Boris, el papá, es esclavo de la oficina, y aunque es un tipo autosuficiente, carece de carácter. Así que aunque espera un nuevo hijo con su actual pareja, al cual jura que no piensa abandonar nunca, sabe que su estabilidad depende de hacer lo que su nueva pareja quiere y de dejar en orden (la venta de la casa) con su futura ex esposa. Si Alyosha no sale a jugar o no tiene amigos, no importa. Lo esencial es que a su nuevo hijo no le falte nada, aunque después lo termine aventando (literal) en la cuna.

La relación entre los padres es muy tensa e insoportable; discuten a la menor provocación, y aunque no llegan a los golpes, se hieren con las palabras más dolorosas que encuentren. Discuten sobre la custodia de Alyosha, por lo que la discusión tendrá tintes sobre los roles de género. Encuentran una solución para que ninguno de ellos se quede con el niño, pero el caso es que el niño escucha todo. Porque nada de lo que quiera Alyosha parece importar, al cabo es un niño más que el Estado puede adoptar.

No importa que no ames a tu hijo, pero sí importa que haya una iglesia cerca de la casa para ir a misa como “buenos cristianos”, aunque le pegues a tu hijo en frente de extraños. No importa que ya no quieras estar con tu esposa, lo importante es que en la oficina no se enteren para no ser mal visto. Pero está bien, no importa que te divorcies, pero consíguete una esposa nueva o alquilada, para que nadie se dé cuenta.

No es casualidad que todo suceda en pleno invierno, pues el invierno representa un reto de supervivencia real y crudo, y a mitad de la película no sabremos si Alyosha se podrá salvar o no, no sólo de la frialdad del paisaje, sino de gelidez emocional de sus padres. ¿Qué tan crueles pueden ser los padres como para que el niño prefiera la calle? ¿En verdad serán más felices sin su hijo en sus vidas?

Desde su película pasada, Leviathan (2014), Andrey Zvyagintsev (como sea que se pronuncie) nos demostró que no tenía empacho en restregarle en la cara a Putin los vicios de su mandato (tanto que fue vetado de Rusia), y que también retoma en esta película al describir a la burocracia como engorrosa y lenta (nada lejana a la de México).

En Loveless no tiene reparo en restregarnos de manera sutil cómo en las sociedades urbanas actuales preferimos imponer egoístamente nuestra felicidad sobre la de otros y sobre nuestras responsabilidades, ya no digamos sociales, sino humanas.

Así pues, en la escena final (sin spoiler) no es gratuito que la mujer porte una sudadera con el nombre de Rusia, una Rusia auto-contemplativa que se mueve pero que no avanza, pero que en algún momento, más pronto que tarde, se cansará.

El Postre

⋆ ⋆ ⋆ Vale la pena

Yo soy Simón es una película para el público adolescente y que no sólo habla de la búsqueda de una identidad (sexual), sino que ofrece dosis de humor familiar y un mensaje de saber aceptar, respetar y madurar en estos tiempos tan “viralizados”.

De lo más rescatable de la película es la forma en que juega con la percepción del público, al retarlo a adivinar quién es Blue, el chico con el que Simón se manda correos hablando de sus miedos para salir ambos del clóset. De repente puede que el espectador sepa quién es, pero la duda se quedará hasta al final cuando sea resuelta.

Lo que sí es muy rescatable de la película es su banda sonora, pues cada escena es ambientada con el tipo de música que refuerza la sensación que quiere trasmitir, además de imprimirle jovialidad o dramatismo según se requiera.

El gran reto del personaje es poder salir del clóset, pero todo a su alrededor es tan amable que parece hacer una tormenta en un vaso con agua (¿qué puede salir mal cuando tienes una madre como Jennifer Garner?). Los temas oscuros se evitan, como cuando su amiga Abby evita hablar del divorcio de sus padres, o cuando otro personaje apenas y menciona la complejidad de ser gay, judío y de color.

Además vemos a un Simón tierno y asexuado, cuando un personaje no sólo son emociones y sentimientos, sino también es carne y hueso, pasiones y deseos. Tampoco es que necesitemos algo explícito, pero se puede connotar la sexualidad de un puberto con un simple durazno, como sucede en Call me by your name (desde entonces ya no veo a los duraznos de la misma manera).

Es decir, explorar las aristas del personaje que lo dotarán de verosimilitud, algo que el protagonista de Yo soy Simón no parece tener del todo.

Además, el mismo personaje se traiciona, pues cuando salen a la luz pública sus correos, le frustra que hayan exhibido una decisión tan personal como esta; pero resulta que al final no le importa hacer de su encuentro con Blue un espectáculo en el que todos miran y aplauden, y ya no sabemos si por apoyo o por mero morbo.

La historia es tierna, amable y con un mensaje de inclusión que puede ser inspiradora para varios chicos o chicas en una situación similar, pero como dije, es muy edulcorada. Ya quisiera ver a Simón saliendo del clóset en un sector marginado de Estados Unidos o América Latina, a ver si la filtración de sus correos electrónicos es lo peor que pudiera haber pasado.

La Gula

⋆ ⋆ Puede verla

Aun cuando Sherlock Gnomes llegó doblada y no subtitulada, lo que nos impide disfrutar las voces de Emily Blunt y James McAvoy. Esta animación es una puerta que se abre para que el público infantil conozca a uno de los personajes más famosos de la literatura universal: Sherlock Holmes.

Retomando a los personajes de Gnomeo y Julieta, esta nueva aventura no sólo recrea el método deductivo y de observación del detective más reputado, sino que se toma la licencia de volverlo un tanto soberbio para después hacerle ver el valor que tiene su amistad con Watson. Además que Gnomeo y Julieta comienzan a tener problemas maritales.

Es fantasiosa como toda película animada, pero al parecer Gnomeo y Julieta ha encontrado la fórmula para presentar historias basadas en personajes clásicos de la literatura (inglesa) y hacer pasar ratos de entretenimiento no sólo a niños sino también a adultos. Además que todos parecen amar a los gnomos.

La Sobremesa

Muy improbablemente usted o yo podamos ir algún día al Festival de Cannes. Lo que sí es muy posible es que usted y yo, y millones de usuarios alrededor del mundo, podrán ver Roma, la nueva película de Alfonso Cuarón a través del servicio de Netflix.

El dilema es: una película como Roma, filmada de manera artesanal en 70 milímetros para mayor y mejor calidad de imagen, pensada para ser vista en formato grande, y con un año de posproducción, ahora sólo podrá ser vista en dispositivos electrónicos donde se prioriza el acceso y movilidad por encima de la imagen.

Unos dirán que Netflix democratiza el acceso a películas, otros que Cannes es obtuso, pero si no íbamos a poder ver Roma en Cannes, al menos sabíamos que iba a llegar al cine en algún momento. Porque aunque la podamos ver en Netflix, corre el riesgo de perderse en un catálogo a veces tan extenso y fútil, sin tomar en cuenta los distractores que ofrece un teléfono, una tablet, o una computadora; y es que en el cine como sea, no es tan fácil salirse de la función.

Hasta el cierre de esta columna, Cannes ruega a Netflix que estrene Roma en el festival, aunque no esté incluida en la competencia oficial.

Por Josué Salvador Vásquez Arellanes

*Cinéfago: El que tiene el hábito de comer y devorar cine

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