¿Quién define lo que es un movimiento social?

Por Gibran Guillermo Mariano Guzmán

François Lyotard hace ya algunas décadas mencionaba en la “Posmodernidad enseñada a los niños”[1] que para este lapso de temporalidad humana se venía la crisis de los metarrelatos de salvación, uno de ellos (el que más adolecía de esta crisis) es el de “el pueblo como poseedor de su salvación”.

Camille de Toledo, en su ensayo “Punks de Boutique”[2], hace una crítica al uso de las figuras o íconos de los movimientos a contracorriente, que son apropiados por el sistema capitalista, desmovilizando su significado. Hay hebillas del Che, tazas para café de Karl Marx, playeras de fútbol con el escudo de la URSS, libretas con el rostro de Martin Luther King Jr.. Hay tai chi, yoga, budismo, comida orgánica. Hay iPhone de comercio verde, hay millas verdes para viajeros frecuentes, hay donaciones de agua embotellada en donde en ni siquiera hay agua potable. Hay comida sin gluten, animalistas y veganistas. Esa parece ser la actualidad de hoy.

Sobresale que a pesar de la crisis de los metarrelatos que la postura posmoderna menciona, en estas dos últimas décadas han surgido movimientos sociales con innovaciones derivadas de la época, de sus soportes de información y de la visión política de sus miembros. Entre 2010 y 2013 vimos la Primavera Árabe (con todas las licencias y audacias de compararla con la primavera del 68). Cayó Hosni Mubarak en Egipto con un movimiento convocado por medio de Twitter y Facebook; en Tunez sucumbió Ben Alí; hubo rebeliones en Yemen contra el régimen de Ali Abdullah Saleh; en Libia Muamar Gadafi temió que lo derrocaran las manifestaciones. En varios países de Medio Oriente los “vientos de cambio”, tal como dice el estribillo de la banda alemana Scorpions, resonaba entre los vecinos árabes.

En México, un grupo de jóvenes en 2012, en una de las universidades de las clases más acaudaladas, protestaban en la conferencia del candidato del PRI por sus lastres y crímenes cometidos durante su gestión como gobernador del Estado de México: “Atenco no se olvida”, gritaban enardecidos. El candidato coronó su gris participación en esa escuela escondiéndose con su equipo de seguridad en el baño de la institución. Ese fue el inicio del movimiento “Yo soy 132”, mismo que abanderó la juventud mexicana de aquella época.

Un año antes en 2011, surgió Ocuppy Wall Street en Nueva York y el Movimiento 15 M (o de los indignados) en España. Movimientos que exigían mediante la toma de los espacios públicos mejor distribución de la riqueza, menor injerencia de los banqueros en las políticas públicas, mayor democracia y visibilización de la ciudadanía en la toma de decisiones políticas.

En México, particularmente en el sureste, corría la encharcada mañana del 14 junio de 2006. Un paro de labores magisterial se afincaba con más fuerza en el zócalo de la ciudad de Oaxaca. Las amenazas del entonces gobernador resonaban: “Mientras esté mi gestión no permitiré ningún plantón o mitin el zócalo”. La mezcolanza de olores, los hules de variados colores que se utilizaban como improvisada techumbre, la comida hecha en anafres de improvisadas cocinas, los puestos de artesanías y comida de comerciantes informales, eran el paisaje común de la ciudad.

En la madrugada de aquel día, todas las corporaciones policiacas del Estado sitiaban el zócalo desalojando con violencia al magisterio oaxaqueño. El olor a gas lacrimógeno, el helicóptero lanzando proyectiles hacia los enardecidos manifestantes, las piedras, las resorteras, las bombas molotov; fueron imágenes que recorrieron el mundo televisivo. “Está bien que los desalojen del zócalo, pero no con esa violencia” fue la opinión de la comunidad oaxaqueña. Ese fue el inicio del movimiento social-popular-magisterial del 2006.

La gran pregunta que se desprende después de todos los ejemplos que se presentaron anteriormente “¿Qué es un movimiento social?”, misma a la que se tratará de dar respuesta a continuación.

El movimiento social: un conjunto de singularidades y visiones

Hablar de movimientos sociales es hablar de múltiples visiones para su estudio. Cuando se hace la pregunta al pleno “¿Qué es un movimiento social?”, después de un momento de silencio, se contesta retóricamente con otra pregunta: “¿Qué es un movimiento social, desde qué autor?”.

Tarrés [3], por ejemplo, menciona que la literatura sobre movimientos sociales es muy variada, además de que en el plano de la sociología existen bastantes definiciones al respecto. Lo que hay que tomar en cuenta es que al hablar de movimientos sociales no es hablar de un ente abstracto: no es sólo referirse a “el movimiento”, sino a un conjunto o conglomerado de singularidades que conviven e interpretan la realidad (o una parcela de ella) e intentan cambiarla. Cómo menciona Tarrés: “Un movimiento social puede desprenderse de una acción social, pero no toda acción social es un movimiento”.

La autora menciona que un movimiento social se desarrolla en un ambiente de crisis, interpretada no como caos, sino como un contexto donde las personas a un suceso o fenómeno que ocurre: no encuentran respuestas institucionales y por lo tanto no se encuentran definiciones de lo que está sucediendo en el colectivo [4].

Es importante señalar que al ocurrir un movimiento social, los cambios también se dan en el lenguaje de los que participan. Aparecen conceptos y palabras que los definen, mismas que anterior al movimiento no tenían las mismas significaciones que se tienen después de él. Tilly nos ofrece otra definición de movimientos sociales: “es una interacción contenciosa entre los detentadores del poder y una población” [5]. Para el autor el movimiento social es una herramienta de acción colectiva, que si es exitoso, puede contribuir a la democracia.

Sobre el estudio de los movimientos sociales encontramos variadas vertientes. Una de ellas es la movilización de recursos, que se encarga de explicar el ¿cómo? se constituye y desarrolla un movimiento social, para lo cual debe contar con cuatro características: una estructura de oportunidad política, una de movilización, una estructura de marcos culturales y finalmente, una estructura de repertorio.

Melucci [6], por otro lado, en otra vertiente de estudio llamada: nuevos movimientos sociales, plantea que el enfoque de análisis de este marco de investigación es un estudio de la vida cotidiana, del sistema predominante, de los sistemas de intercambio de comunicación y de las redes sumergidas.

Para los nuevos movimientos sociales lo importante no es explicar el cómo sino del porqué del movimiento. El autor considera que uno de los principales errores epistemológicos de los críticos de los nuevos movimientos sociales es: “considerar a los fenómenos contemporáneos como un objeto unitario, y desde ese supuesto proceder a definir o a discutir o negar su novedad”.

Dentro la sociedad actual, Melucci menciona que “los conflictos que afectan al sistema en su propia lógica, hacen surgir dilemas fundamentales respecto a las formas de poder, mostrándolas visibles a toda la sociedad”. Hoy día, para este autor, la lucha de los nuevos movimientos sociales es una lucha por el lenguaje contra el poder hegemónico, una lucha que muchas veces se da en el territorio virtual; en el plano de lo simbólico.

No pocas veces, al acontecer un conflicto social, aparecen grupos de “forma repentina”, que se organizan; para el autor estos grupos no aparecen de forma espontánea, sino que pertenecen a redes sumergidas que se activan en determinada coyuntura, ya sea política, económica o social.

Durante el desarrollo de un movimiento social las relaciones entre los miembros se modifican. Es importante mencionar que un movimiento social no adquiere esta caracterización sólo con obtener este nombre por algún intelectual o medio de comunicación. El movimiento social se configura en la interacción de las personas, en las nuevas relaciones que se tejen, en la organización de la okupa, del plantón, de las marchas de protesta.

En el tramado de significaciones de la vida cotidiana, en el ejercicio subversivo del acto aparentemente más nimio qué es: ¿Cómo ponernos de acuerdo mediante el diálogo? Se podría decir, de manera audaz, que existe una “belle epoque” del movimiento social, donde la cohesión de los miembros es tal que parece que se va a vencer al oponente. Sucedió en Oaxaca en 2006, cuando todo parecía apuntar a que el déspota gobernador de Oaxaca iba a renunciar; la historia nos daría un portazo de narices diciendo que eso jamás iba a suceder.

Cierto día de junio de 2016, después de lo acontecido en Nochixtlán por la represión policiaca a causa de la Reforma Educativa, acudí a una asamblea pública de artistas y ciudadanos. El ambiente era cordial, había gente de diversos estratos sociales, pero me llamaba la atención, que los que más proliferaban eran los de clase media alta. En medio de las participaciones una joven que debía rondar los 18 años tomó el micrófono y dijo: “Nosotros vamos hacer lo que la APPO no pudo: un verdadero cambio. Nosotros no nos vamos a vender, vamos a vencer”. Hubo algunos aplausos aislados y muestras de comprensión por parte de los asistentes que vieron en la novel participante un dejo de inocencia.

Habían pasado diez años ya del movimiento del 2006, cuando aconteció yo tenía la edad de la joven y he de ser franco que lo que menos pasaba por mi cabeza al asistir a las multitudinarias marchas era que íbamos a ser vencidos o cooptados. La victoria estaba cómo nunca antes al alcance de nuestras manos. Nunca imaginamos que el frío corazón de tiranuelos beligerantes y su policía federal acabarían con nuestras aspiraciones de cambio.

Después del 25 de noviembre del 2006 el miedo y la desesperanza se apoderó de los miembros del movimiento social. Las detenciones arbitrarias, la tortura, los asesinatos por las caravanas de la muerte, las desapariciones, el encarcelamiento en los penales de Nayarit, la desbandada de algunos frentes del movimiento, lo menguaron. La pesadumbre fue tal, que una de las expresiones coloquiales fue: “¿De qué nos sirvió todo esto?”.

Corrían mis años preparatorianos en el 2007 y en mi mente una pregunta rondaba insistente ¿Qué hicimos mal, por qué no triunfamos? Misma interrogante que repetía casi casi con la vergüenza del vencido. Supongo que no soy el único que tiene aún esta otra pregunta: ¿Era importante vencer al oponente más claro de aquella época que era el Estado déspota y autoritario?

Hoy día considero que sí. “Pudimos hacer de la APPO un partido político, se pudieron construir comunas, se pudo poner en el debate la creación de una nueva constituyente, se pudo haber continuado con el movimiento hasta sus últimas consecuencias”. Estas son expresiones que se dijeron por diferentes actores en su momento, y que no se hicieron, son expresiones a destiempo que rescatando su último sustrato nos dejan sólo aprendizajes, son enunciaciones evanescentes “a toro pasado” como dijera mi difunta abuela.

Dentro de este esbozo acerca de los movimientos sociales, desprendiéndome un poco de la resaca juvenil que tenía en aquella época, es importante reflexionar sobre otras interrogantes ¿Cómo visualizar el triunfo de un movimiento social? ¿Se ve por el cumplimiento de su agenda? ¿Por el derrocamiento del tirano o del oponente directo? ¿Qué efectos nos muestran que efectivamente se triunfó con el movimiento social? Son preguntas un tanto complejas y con poca indagación dentro del estudio de los movimientos sociales y las cuales trataré de dar un pequeño aporte.

Lo primero que hay que definir es que se entiende por triunfo o victoria dentro de un movimiento social. Tilly había mencionado anteriormente que un movimiento social es exitoso cuando contribuye a la democracia.

La RAE define triunfar cómo: “quedar victorioso”. Dentro de una lógica capitalista, el triunfar es vencer y subyugar al oponente con el cual se disputa el poder. Pero indagando en una lógica distinta alejada del capitalismo, pensándose de otra manera ¿Qué significa triunfar en un movimiento social? Hay una anécdota que podría ejemplificar lo anterior: A raíz del levantamiento zapatista en el 94 un periodista le pregunta al subcomandante Marcos: ¿Y ustedes, van a ganar con su movimiento? Marcos raudo respondió: No merecemos perder.

Me aventuraré a pensar una respuesta a la visión de triunfo de un movimiento social. Considero que un movimiento social triunfa, cuando aparte de cumplir con los puntos de su agenda que dio pie a su origen, provoca procesos de ruptura y de discontinuidad en las relaciones sociales de explotación. Si contribuye a minar esas condiciones históricas, podríamos mencionar, que el movimiento social goza de buena salud y que es un instrumento del pueblo para mejorar su forma de vida.

Considero que es una victoria que se construye y que debe fortalecerse y mantenerse día a día, ya que la génesis de muchos movimientos sociales parte de la búsqueda del ideal de cambio cuando las condiciones de vida de la población se muestran insostenibles. Es en esa interacción de visiones sobre la realidad que se construye el significado en la comunidad: de que algo hay que hacer para modificarlas. Los medios para este cambio pueden variar en la amplia constelación de miembros del movimiento social, pero el fin es el mismo, la transformación, la disrupción, el proceso de discontinuidad de la dinámica de opresión de un sistema hacia los seres humanos.

Ahondando sobre el triunfar en los movimientos sociales, considero que la principal victoria es que el movimiento se vuelva una opción política con oportunidad de derrotar a un régimen, de provocar procesos de discontinuidad en las dinámicas de opresión en una sociedad. Esta se muestra en la consolidación de una estructura que muestre de manera tangible que la vida, se puede vivir de otra manera a lo que el capitalismo dicta en su lógica. Todo lo anterior ineludiblemente se obtiene mediante la vía política.

Hay que ser muy franco en mencionar que aún con la consolidación de una estructura partidaria u opción política de democracia representativa, esto no implica la culminación del movimiento social. Ya que la reconstrucción o deconstrucción de una realidad que estuvo sujeta a una dinámica de injusticia y opresión entre sus miembros, requiere de variados esfuerzos para ampliarla a los actores que participaron; y aún en los que no, lucha que prosigue después del conflicto y que toma vertientes: económicas, políticas, éticas y morales, mismas que pueden o no ser cuantificables.

A continuación mencionaré brevemente algunas experiencias de movimientos sociales que se consolidaron mediante la vía política.

El movimiento social como opción política

Una de las visiones más comunes entre los ciudadanos de a pie acerca de los movimientos sociales es la beligerancia que utilizan en las protestas. Equivocadamente se cree que el uso de la violencia es el único recurso de los movimientos sociales. Si bien es cierto, en los medios de comunicación es lo primero que aparece: gases lacrimógenos arrojados contra los manifestantes, policías armados con toletes y escudos arremetiendo contra ellos, personas arrojando piedras o proyectiles desde sus trincheras, tanquetas disparando sin mesura chorros de agua a presión, automóviles incendiados, comercios saqueados, mujeres, hombres, niños y niñas corriendo por todas direcciones.

Como estudiosos de los movimientos y aun no siéndolo, sabemos que esto no es totalmente el movimiento social sino una manifestación del mismo. Por ejemplo en Ucrania el fin del movimiento no sólo era el enfrentamiento con la policía estatal, sino la integración de este país a la Unión Europea, que posteriormente se decantó a la renuncia de Viktor Yanukovich y la convocatoria a nuevas elecciones. En Egipto no sólo se exigía la renuncia de Mubarak, sino el ejercicio de elecciones libres, que después desembocó en el ascenso del partido de los Hermanos Musulmanes y su candidato Morsi, posteriormente derrocado por el ejército en un fatal golpe de Estado.

Con lo anterior pretendo decir que el movimiento social es una representación de la voluntad popular. Que siendo bastante objetivo, busca sus formas de hacerse visible para su buen vivir y su supervivencia. Provoca innovaciones, se cuestiona sus formas de relacionarse, emprende formas distintas de organización. Hasta este punto se me cuestionará, entonces ¿el movimiento social no debería continuar de esta forma; una forma que no esté viciada por la política?

Al respecto Enrique Dussel menciona lo siguiente: “Lo político no es exclusivamente ninguno de sus componentes, sino todos en conjunto. Una casa no es sólo una puerta, ni sólo una pared, ni un techo, etc. Decir que la política es uno de sus componentes aisladamente es una reducción equivocada” [7].

Más adelante vuelve a mencionar “Para poseer la facultad del poder la comunidad debe poder usar mediaciones, técnico-instrumentales o estratégicas, que permitan empíricamente ejercer la dicha voluntad-de-vivir desde el consenso comunitario (o popular)” [8].

Un movimiento social es muchas veces la base para generar cambios dentro de una sociedad. Una de las grandes encrucijadas, es que muchas veces esos cambios no se ven de manera visible. Las personas se decepcionan, los líderes se diluyen, las acciones de resistencia pierden su innovación, la población al margen busca con todas sus fuerzas regresar a la “normalidad” de su vida cotidiana. Dussel menciona: “el poder no se toma se ejerce”. Es en este punto que los miembros del movimiento social deberían cuestionarse qué es lo que sigue después del movimiento ¿Cómo ejercer ese poder en beneficio de la comunidad?

En 1970 Salvador Allende asume la presidencia de Chile después de cinco intentos; lo anterior lo logra apoyado por un movimiento social que dio origen a la Unidad Popular: una aglomeración de fuerzas políticas e intereses afines que le brindó la fuerza necesaria para triunfar en el proceso electoral. Estados Unidos y la derecha chilena no estuvieron muy de acuerdo con el resultado y propiciaron y apoyaron un golpe de estado, que generó una de las dictaduras militares más cruentas del siglo XX en América Latina. Esta experiencia, que si bien fue corta, dio la muestra de que no sólo la vía armada cómo sucedió en Cuba o sucedería algunos años después en Centroamérica era la única forma de acceder al poder político.

La primer década del siglo XXI en América Latina, nuevos vientos refrescaron la democracia. Aparecieron gobiernos progresistas con propuestas distintas a la dinámica seguida por gobiernos de derecha. Gobiernos de izquierda que llegaron respaldados por el apoyo popular en sus países, aparecía: Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Fernando Lugo en Paraguay, Rafael Correa en Ecuador, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Tabaré Vázquez y José Mujica en Uruguay, finalmente, Néstor Kirchner en Argentina.

Todos estos presidentes no accedieron al poder sólo por sus estructuras partidarias, sino que contaron con el apoyo de movimientos sociales que produjeron las coyunturas necesarias para que las condiciones políticas se dieran. Por citar algunos ejemplos: Evo Morales en Bolivia llegó antecedido por la efervescencia social que las malas políticas públicas provocaron, la Guerra del agua en el 2000, la pobreza extrema de la población indígena del país. Siendo un sindicalista cocalero y apoyado por su partido Movimiento al Socialismo mismo que lo definen cómo:

El MAS es un movimiento político que representa identidades y demandas campesinas y étnico-culturales, se asienta en un conglomerado de organizaciones sindicales, movimientos sociales y pueblos indígenas, esgrime un proyecto de nacionalismo estatista y despliega una política internacional afín a Venezuela y Cuba. Finalmente se articula en torno al liderazgo de Evo Morales [9].

Evo Morales al llegar al poder nacionalizó el petróleo y el cobre. Estableció la creación de una nueva constituyente que pudiera brindar las facilidades para declarar a Bolivia un estado plurinacional, implementó programas de educación y salud pública para llegar a las poblaciones menos favorecidas.

Otro ejemplo es Rafael Correa en Ecuador elegido en 2006, connotado académico universitario, fuerte crítico de las políticas económicas del BM y del FMI, que accedió al poder por el partido político Alianza Patria Altiva y Soberana (Alianza PAÍS), que si bien una de las principales críticas que se le hace es que su popularidad surge alrededor de Correa y no de su proyecto político [10], ganó por las coyunturas sociales acontecidas anteriormente a la elección: la dolarización de Ecuador, la deuda externa, los efímeros mandatos presidenciales (desde el 96 hasta el triunfo de Correa, ningún presidente elegido por sufragio universal pudo llevar a buen término su mandato) [11].

La política de Correa se basó en la creación de una nueva constituyente que le brindara facultades para la nacionalización del petróleo, la renegociación de la deuda externa, la creación de programas sociales de educación y salud pública, el retiro en 2009 de la base militar estadounidense en Manta.

Con lo anterior nos podemos percatar que la constitución de un gobierno con intereses favorables a la voluntad del pueblo, no se da manera espontánea sino que viene acompañada del empuje de los diferentes movimientos sociales, que con sus agendas buscan la transformación de la realidad social en beneficio de todas y todos.

Reflexiones finales

Una de las principales críticas que se le puede hacer a la participación de un movimiento social en la política, es la supuesta desmovilización a la que se somete. La tan temida institucionalización del movimiento, lo cierto es, que para fines prácticos es casi imposible que todas las voces del movimiento sean escuchadas al mismo tiempo, por lo que el movimiento debe pensar las formas de designación de representantes o mecanismos de su representación popular.

Estructuras de acción política y funcionarios que ejerzan la encomienda que se les dio de manera plural, mismas que se sometan a la voluntad popular del movimiento, un ejercicio de poder honrado, mismo que se puede resumir en la frase de las comunidades del EZLN: “Mandar obedeciendo”.

[1] Lyotard Jean-François. (1991). La posmodernidad (explicada a los niños) Edit. Gedisa, México.

[2] De Toledo Camille (2008) Punks de Boutique. Editorial Almadía. México

[3] Tarrés, María Luisa (1992). “Perspectivas analíticas en la sociología de la acción colectiva”. Estudios Sociológicos, Vol. X, no. 30. México: El Colegio de México

[4] Op. Cit. Tarrés María Luisa (1992). “Perspectivas analíticas en la sociología de la acción colectiva

[5] Tilly, Charles (1995). “Los movimientos sociales como agrupaciones históricamente específicas de actuaciones políticas”. Sociológica, año 10 número 38, Actores, clases y movimientos sociales. México: Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa

[6] Melucci, Alberto (1994).”¿Qué hay de nuevo en los ‘nuevos movimientos sociales’?”. En Los nuevos movimientos sociales: de la ideología a la identidad, coordinado por Joseph Gusfield y Enrique Laraña Rodríguez-Cabello. España: Centro de Investigaciones Sociológicas

[7] Dussel Enrique (2006) 20 tesis de política. FCE. México

[8] Op. Cit. Dussel Enrique (2016)

[9] Mayorga Fernando (2001) El gobierno de Evo Morales: cambio político y transición en Bolivia. Archivo digital PDF

[10] Tibosha Ana María, Jassir Jaramillo Mauricio (2008) La revolución democrática de Rafael Correa Análisis político nº 64, Bogotá, septiembre-diciembre, 2008: págs. 22-39

[11] Op. Cit. Tibosha Ana María, Jassir Jaramillo Mauricio (2008) La revolución democrática de Rafael Correa

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