Entrevista con Pablo Landa de Taller Nuevo Norte

Por Karem Nerio

 

El Taller Nuevo Norte viaja de ciudad en ciudad para crear iniciativas que beneficien a migrantes tomando como punto de partida la experiencia de ellos cruzando el país.

            Para el antropólogo Pablo Landa, uno de los fundadores del taller, los especialistas en el tema son las personas migrantes. Por ello buscan espacios donde escucharlos para dar con ideas de proyectos realizables en dos semanas, significativos para la comunidad de migrantes y multiplicables en otras partes de México y el mundo.

            El taller nació hace un año en Tijuana, y desde entonces se ha realizado en siete ocasiones en cinco ciudades mexicanas: Tijuana, Mexicali, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

            Actualmente se está desarrollando el segundo taller en Monterrey, el primero del país que se desarrolla por diez semanas; los anteriores habían tenido sólo dos semanas de duración. El taller se lleva acabo en colaboración con la Fototeca del Centro de las Artes y la Escuela Adolfo Prieto de Conarte

            En Facebook y Twitter se puede encontrar más información e imágenes con el hashtag #TallerNuevoNorte.

            Esta es la segunda parte de una entrevista con Pablo Landa, cofundador del taller Nuevo Norte. Para leer la primera parte, da click aquí.

 

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Karem Nerio: ¿En qué tipo de ciudades se lleva a cabo el taller?

 

Pablo Landa: En las que haya migración y en las que haya gente interesada en hacer el proyecto. Por ejemplo, ahora en el verano ya lo vamos a volver hacer por dos semanas en la Ciudad de México, y uno de los chicos que participó en Mexicali y en Ciudad de México lo va a hacer en Oaxaca. Entonces de pronto se forma un grupo y decimos a nosotros nos importa implementar esto.

            En Guadalajara también hay unas chicas que participaron, que lo quieren volver a hacer este verano. La idea es que esto sea como un colectivo lo más abierto y más auto-gestivo, que no tenga que ver con una institución centralizada ni con una serie de preceptos sino que cada quien pueda apropiarse esto como estrategia de aproximación al tema y que lo implemente ¿no?

 

KN: ¿Cuál es la población que le interesa participar en este taller?

 

PL: Al principio arrancamos con estudiantes de arquitectura, principalmente porque yo trabajo muchos temas de arquitectura. Miguel Buenrostro estaba dando clases en la Escuela Libre de Arquitectura de Tijuana, entonces dijimos ahí lo hacemos y convocamos a todo tipo de personas y llegaron puros arquitectos.

            Pero cada vez llegan grupos más diversos, y es lo que le da la riqueza al taller. Por ejemplo, de ahorita de Monterrey tenemos psicólogos, comunicólogos, antropólogos, arquitectos, fotógrafos, artistas, de todo un poco, entonces eso permite que haya muchos enfoques y que haya retroalimentación de todas las partes.

 

KN:  Diferentes grupos me imagino crean diferentes proyectos, y supongo que sería muy difícil hablar del mejor, porque además depende de las circunstancias de la ciudad. No sé si puedas explicar uno o dos que te hayan parecido muy emblemáticos.

 

PL: ¿Proyectos?… Es que todos. Lo que pasa con los proyectos más interesantes es cuando surgen de la investigación de campo. Y se encuentran los intereses capacidades, visiones de los migrantes con los participantes del taller. 

            Por ejemplo, el taller más reciente, que es el que tengo más en la mente, que hicimos en la Ciudad de México ahora en enero del 2018, estuvimos trabajando con un grupo que se llama Deportados Unidos en la Lucha, que es un grupo de personas recién llegadas a México como deportados, y juntos pusieron un negocio con un apoyo del gobierno de la Ciudad de México para hacer playeras con serigrafía. Entonces en el taller había muchos participantes que eran diseñadores y dijeron “Vamos a trabajar junto con ellos para generar diseños de la mano, de manera participativa”. Ellos no son diseñadores [los de Deportados Unidos], y de pronto tienen algunas ideas y nosotros les podemos ayudar a implementarla.

            En el curso de una semana generaron cinco diseños nuevos que fueron súper súper exitosos. Por ejemplo, una de las que era del grupo Deportados Unidos en la Lucha es de Chicago y decía que le gustaba mucho el beisbol y le gustaban las letras de Chicago, entonces propuso de transformaran eso que es vez que dijera “Chicago” dijera “Chingona aquí y allá”. Una imagen muy evocativa y un posicionamiento de “Yo estoy aquí y estoy allá, y de todos modos sigo siendo el rey o la reina”.

            Otro muy padre que hicieron: también hacen morrales, de esos que vas al mercado y te traes las verduras, y lo que decíamos es que “Nosotros queremos convertirnos en portavoces del mensaje que ustedes quieran comunicar”. Entonces, platicando con el grupo de Deportados y reflexionando juntos, llegamos a una frase que dice algo así como “Migrante, reconozco tu lucha y apoyo tu esfuerzo,  una cosa así. La idea es que esa no la usen deportados ni migrantes sino personas que quieran convertirse en un portavoz de ese mensaje. Porque los migrantes al estar en la calle en todos lados muchas veces no los vemos pero de esa manera se les expresa la solidaridad y se les da la bienvenida a una ciudad. Entonces, bueno, se hizo el trabajo de diseño y el trabajo de diálogo y se generaron estos diseños y estas dinámicas de comunicación.

 

KN: ¿A quiénes están dirigidos estas acciones? ¿Exclusivamente a migrantes o hacia otra población?

 

PL: De entrada “migrante” es muchísimas cosas. Es empezar por reflexionar qué cabe en esa categoría y según quién. Por un lado están las personas mexicanas que van de una parte del país, a grandes ciudades sobre todo; mexicanos que van a Estados Unidos; mexicanos que regresan por su propia voluntad; mexicanos que regresan deportados; centroamericanos, sobre todo salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, que cruzan México para ir a Estados Unidos; y esas mismas poblaciones que deciden quedarse en México.

            Entre ellos, muchos que viajan como migrantes buscando oportunidades, como siempre nos hemos imaginado la migración, pero también cada vez más personas que están huyendo de la violencia y buscan tener estatus de refugiados en México o en Estados Unidos, entonces buscan asilo político.

            Y luego poblaciones de muchos otros países. Ahora hay muchos de Asia que llegan a México, porque las rutas migratorias europeas están cada vez más cerradas y difíciles de entrar a Europa. Medio Oriente, es un lugar muy difícil entonces muchas personas de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh acaban llegando a México.

            Entonces todas esas personas caben dentro de la categoría “migrante”. Incluso en Monterrey, en el taller anterior, una reflexión interesante que tuvimos fue cuando nos encontramos con personas en situación de calle que se describían como migrantes. Habían nacido en Monterrey pero de pronto descubrían que su condición era muy similar a las de personas que habían llegado de otra ciudad, porque estaban en la calle, porque tenían problemas con cuestiones de seguridad, porque querían encontrar dónde bañarse entonces decían “Yo también soy migrante nada más que un migrante dentro de la ciudad”. Entonces de entrada la categoría abarca muchísimos grupos. Parte de lo que empezamos a hacer es desenmarañar qué es eso.

            La otra parte de la pregunta, que si queremos incidir en otros espacios, trabajar con otros grupos la idea es sí, definitivamente. Por un lado, comunicar a la población en general que no participa en el taller o que está directamente involucrada en el tema qué es lo que hemos descubierto, y eso se hace en parte de voz en voz, porque todo mundo se convierte en un portavoz de este tema. Una vez que has estado en estos albergues, que has estado con la gente que vive ahí, inmediatamente tienes una perspectiva privilegiada que puedes compartir con amigos, con conocidos etc.

            Y también generamos ciertos instrumentos de comunicación. Por ejemplo, en cada taller hemos escrito un manifiesto que es como una suma de las perspectiva que tuvimos a lo largo del taller para poderlas articular de manera más clara. Y parte de la idea es que estas perspectivas nos ayuden a construir un discurso sobre la migración desde abajo.

            Se habla mucho de la migración desde el punto de vista de los políticos y es como un tema grande; los mexicanos en Estados Unidos los vamos a defender y no sé qué tanta cosa, pero al mismo tiempo siempre hay un discurso al borde de la xenofobia.  La semana pasada salieron varios artículos de los problemas que enfrentan los refugiados en México, personas que buscan asilo político y que están ahí en la COMAR [Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados] para tratar de hacer algunas modificaciones, atenderlos más rápido, no sé cuánto, y luego los comentarios que ves en las notas periodísticas que ves en internet… estamos peor que muchos de los países más xenófobos en cómo se manifiesta la gente sobre ello.

            Entonces entre más gente que no se dedica a la migración que tienen sus trabajo como maestros, comunicólogos, periodistas, arquitectos, etc., que sepan de esto más probable es que construyamos un discurso de la migración que sea más congruente con la realidad de los migrantes y mucho más solidaria con ellos.

 

KN: ¿Hay algún cambio estructural, político, económico que consideres fundamental ahorita en México, en ciudades grandes, ciudades fronteras, para abordar el tema de la migración?

 

PL: Realmente siento que este problema siempre ha estado presente. De pronto se ha puesto un poco más de moda por lo que está pasando en Estados Unidos, por el discurso anti-migrante que ha resurgido en Estados Unidos, pero más allá de ver qué podemos hacer por la migración, creo que lo que es urgente… no lo que es urgente, lo que es posible, es hablar y pensar en la migración nos abre un panorama muy amplio y muy distinto a lo que estamos acostumbrados de lo que significa la política y el poder, y las relaciones de solidaridad entre la gente.

            En los discursos políticos muchas veces nos remitimos a temas nacionalistas y a la relación ciudadanos-Estado, y de pronto cuando te encuentras con un grupo de migrantes que no son ni ciudadanos, ni que forman parte de tu mismo grupo nacional, te empiezas a dar cuenta de una gama mucho más amplia de posibilidades de identificación y de construcción de relaciones sociales, fuera de las instituciones y de los esquemas habituales del poder.

            En una época en que el poder político está muy desgastado, las instituciones del Estado están débiles y asediadas por todos lados: por la comunicación en redes sociales y por la falta de certidumbre, de qué es verdad y qué no, qué cuenta y qué no cuenta como corrupción y no sé qué. El imaginar otras maneras de ejercer el poder es urgente y el tema de la migración permite hacerlo, abre una avenida para hacerlo.

 

KN: ¿Cuál es la disciplina o el medio que ha sido más efectiva para realizar estos proyectos? ¿Arquitectura, fotografía…?

 

PL: Parte de lo que estamos tratando de hacer es cuestionar los espacios habituales de los expertos, especialmente en las acciones del Estado. Está de moda traer un experto acá y acá y trabajamos y la gente que son los sujetos de esas políticas difícilmente se les pregunta.

            Nuestro punto de partida es que los principales expertos sobre la migración son los migrantes. No las personas con cuatro doctorados sobre migración, sino las personas que ya han cruzado fronteras, que han estado en un país como migrantes, saben lo que eso implica. En el momento en que el que escuchamos a ellos, todos los enfoques disciplinarios se tienen que responder a esa realidad.

            También es un reposicionamiento político el repensar quiénes son los expertos sobre los fenómenos sociales en el país y realmente personas que quizás no tienen estudios. Entonces no les van a preguntar porque escriben con muchas faltas de ortografía porque no acabaron la escuela primaria, pues resulta que ellos son los expertos sobre estos temas; hay que escuchar, no solamente llegar con un micrófono y decir “Oye ¿tú qué piensas?”, sino entablar un diálogo que les permita manifestar qué es lo que ellos saben, independientemente de las preguntas que nosotros podamos hacer. Implica un esfuerzo de escucha muy atenta, porque muchas veces ya en la pregunta hay muchísima información de la persona que está preguntando o hay muchos conocimientos.

            Entonces de pronto es encontrar la manera de escuchar para realmente escuchar qué es lo que ellos saben y qué es lo que ellos quieren expresar. Eso es lo que hemos tratado de hacer.

 

KN: Me imagino que has tenido sorpresas muy lindas en las cinco ciudades y siete talleres que han realizado, y que han recorrido muchísimas narrativas de migrantes. ¿Tienen un estimado de con cuántos migrantes habrán hablado?

 

PL: Íjole, no. Ni idea, porque es algo que va a empezar a pasar en este taller que apenas estamos arrancando. La semana pasada hicimos una visita todos juntos a Lamentos Escuchados, esta semana vamos todos juntos a Casa Nicolás, pero pronto la gente va a empezar a hacer sus propios procesos de investigación. Entonces la idea es que el taller se convierta en un espacio en donde la gente diga “pues fui a no sé dónde y o que encontré es tal”.

 

KN: ¿Entonces te parece muy difícil una cifra?

 

PL: Sí. Imposible.

 

KN: ¿Más de mil?

 

PL: Sí. Yo no, pero entre todos los del taller sí, fácil. Sí, mucho más. Luego lo que ha pasado en otros talleres es que la gente se sigue trabajando. Lo que sucedió en el taller anterior de Monterrey fue que un grupo se puso a trabajar en conformar una biblioteca para El Refugio, que es un albergue del DIF. Entonces lo que estuvieron haciendo después de conformar esta biblioteca es ir a hacer lectura en voz alta. Ya se había acabado el taller y ellas seguían yendo a hacer este proceso de lectura y seguían juntando libros. Y de hecho juntaron muchísimos libros, les donaron de la Casa del Libro de la UANL varios, entonces también formaron una biblioteca en Casa Nicolás. Y esto ya fue mucho después del taller, ya había pasado meses de que pasó el taller pero seguían activos. Y lo mismo ha pasado en otras ciudades.

 

KN: ¿Has tenido en estas narrativas y en estos recorridos alguna sorpresa?

 

PL: Una de las cosas muy claras es que cada ciudad tiene una dinámica distinta y la dinámica de la migración cambia constantemente. El primer taller de Tijuana no es igual que el segundo ni primer taller de Monterrey,  no es igual que el segundo porque de pronto ya llega un grupo distinto o ya abrió un nuevo espacio que visibiliza un grupo que antes estaba un poco perdido. 

            Los momentos así como más emocionantes cuando hemos tenido la oportunidad de trabajar con gente no sólo verlos en el albergue pero seguir trabajando con ellos. En el segundo taller de Tijuana nos encontramos con un grupo de chavos de la India y Pakistán, estábamos platicando con ellos y se nos ocurrió llevarlos a la mezquita porque era Ramadán y pues ellos tenían viajando un año y no habían visitado a una mezquita en un año, estaban muy contentos de haber descubierto que ahí estaban esta mezquita y pues se sumaron al taller. Estaban ahí esperando en Tijuana, descansando del momento en que iban a cruzar a Estados Unidos, entonces empezaron a ir a la sesiones del taller, iban con nosotros a los albergues, participaban de nuestras conversaciones, obviamente medio en señas porque ellos hablaban un poco de inglés, un poco de español.

            Y para el cierre del taller lo que hicimos fue una cena con ellos, porque resulta que tampoco habían comido nada de su país en muchos meses ¿cómo conseguimos, dónde hacemos? Entonces fuimos al súper, nos prestaron un restaurant que cerraba en las noches y cocinaron una comida muy elaborada, increíblemente buena con los ingredientes mexicanos que no te imaginas que salgan esos sabores, ellos sacaron esos sabores de la comida pakistaní, y nos sentamos en la mesa como cerca de 30 personas a comer juntos.

            Entonces fue como un momento muy emotivo que sentarse a la mesa y compartir ese espacio.

 

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