Si el pasado está lleno de errores, me apena decir que nuestro presente traerá de regreso las equivocaciones hechas por nuestros predecesores.

La política hoy en día es una comedia, es el juego de quien tiene el poder y la gloria por los próximos seis años, es la presencia de un gobierno impune a los delitos de los allegados para mostrar el poderío y la riqueza, que nosotros mismos dejamos que pase delante de nosotros. La política hoy en día está infestada de una corrupción que cargamos los mexicanos desde hace más de 400 años, y por más independencias y revoluciones que hagamos, y que a consecuencia de estas cambiemos a las personas que tenían el poder, solamente es una ilusión para que el nuevo poder se ponga la misma máscara corroída por los deseos primitivos de roedores que han estado antes en el poder.

Este presente equivocado se verá en las próximas elecciones presidenciales de México, y nos veremos afectados ya que vivimos en los tiempos de la posverdad, tiempos de la desinformación mediática, transmitida por los medios de comunicación, las redes sociales, e inclusive por nosotros mismos al no informarnos correctamente sobre un tema de tal importancia para la decisión del futuro de México.

Hace unos días, me encontraba conversando con amigos de la infancia, observábamos y analizábamos sobre las próximas elecciones y como podría llegar a ser el futuro de nuestro país. Entre frases filosóficas, puntos de vistas y análisis mediáticos, llegamos a la conclusión que la ciudadanía votará por la opción menos peor. Votarán por aquella persona que a través de la desinformación que genera sobre sus intenciones o sobre la venta de su imagen o partido, te pueda “obsequiar” con palabras acarameladas el cielo y las estrellas, pero detrás de ese cielo estrellado, hay una pequeña cantidad de impunidad y violencia que se aproxima. Esa desinformación pintada para la venta de las masas generará que ese próximo sexenio quede reflejado en los libros de historia como muchos presidentes que han pasado a la historia de nuestro país por sus relativamente buenas acciones, y la mayoría serán recordados por sus atroces acciones.

La desinformación ha crecido en los últimos tiempos por el auge de las redes sociales y el impulso irracional de los usuarios por compartir fake news y noticias manipuladas por los precandidatos para ser el líder que tenga la oportunidad de guiar al país. Hablamos entonces que la posverdad, se encuentra en el momento más crítico, en plena época de decisiones cruciales para nuestro país.

Las personas con tanta información basura y comprada, no saben por quién votar; medios televisivos nos venden que López Obrador es la mejor opción, medios radiofónicos nos dicen que Anaya, y medios impresos argumentan que Meade, y en su soledad se encuentra Marichuy cuya única forma de darse a conocer es por redes sociales. No olvidemos a todos los independientes que buscan luchar por un lugar para ser la cabeza que represente a México, sin embargo no sabemos de su existencia, ya que los medios masivos mantienen el foco escénico en los candidatos más conocidos, sin darles cobertura a los que aspiran ocasionar un cambio.

La próxima cabeza de México puede ser una serpiente que nos siga envenenado, un lobo que nos descuartice o un dinosaurio que nos destruya con su próxima oleada de meteoros; en fin, las opciones van de mal en peor, las opiniones están disparatas, las personas consideran que son conocedores de política por leer una reseña de un candidato. Este es el punto crucial de la opinión, la preocupación ante la falta de comprensión del funcionamiento de los medios, a la falta de alfabetización mediática para procesar de una manera racional que no todo lo que vemos, escuchamos y decimos es cierto, que tenemos que usar nuestra habilidad para discernir y entender que la situación está mal, y si está mal tenemos que dar el primer paso para hacer algo bien, y el paso que nos corresponde como ciudadanos es dejar de desinformarnos con contenidos controlados para hacernos “creer” que la mejor opción es el candidato de cierto partido. Tenemos que dejar de desinformarnos para así no desinformar a los demás, y empezar nosotros a informarnos, a conocer, a comprender y saber quién puede ser tu mejor opción, o quien puede ser la opción que no haga tanto daño al país.

Y es por ello que los invito a razonar con lo siguiente, si tu querías votar nulo, una ley realizada por el gobierno hace ineficaz el voto nulo, es decir que si tú decides “votar nulo” como protesta a la impunidad, a la corrupción, a la falta de derechos humanos, y a todos los demás conflictos que apreciamos en la historia de gobiernos pasados; me apena informar que tu voto nulo, es eso, nulo, no aporta en ningún aspecto al cambio, porque el total de votos nulos se reparten entre los candidatos que superan el tres por ciento de las votaciones y así, tu voto se volvió obsoleto, apoyando a la opción que posiblemente sea la terrible.

¿Debemos de sentir enojo? Si, ¿de estar indignados? Si, ¿de darle un alto a la corrupción? Sí, pero para esto debemos ir paso a paso, podemos tener el producto interno bruto en el onceavo lugar, pero seguimos siendo unos recién nacidos en tema de política y democracia, así que debemos ir gateando para luego caminar.

¿Debemos informarnos? Es el primer paso para empezar a gatear, y darnos cuenta que no debemos de creer todo lo que leemos, escuchamos y hasta decimos, ¡tu puedes estar desinformado también!

¿Debemos votar? Sí, hay que votar, es mejor luchar por un cambio social, que quedarse sentado en la nada, criticando un gobierno que tu ayudaste a construir; es mejor decir que votaste e intentaste, que mencionar que no votaste cuando pudiste ser un factor decisivo para no tener una serpiente, un lobo o un dinosaurio en la cabeza representante de México, nuestro México.

Por Shady Mohamed Reinoso

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