Entrevista con Jorge Luis Borges

Por Joaquín Soler Serrano

Joaquín Soler Serrano: Cuando dicen que usted es todo mente y sólo mente, pienso que se está cometiendo una exageración.

Jorge Luis Borges: En efecto, se trata de una de tantas falsedades que la gente pone en circulación respecto a mí. Soy un sentimental, yo diría que desagradablemente sentimental, y muy sensible y vulnerable. Lo que sucede es que cuando escribo, lo hago por medio de símbolos. Nunca me confieso directamente: la gente supone que esa álgebra corresponde a una frialdad interior, pero no es así, amigo mío, sino todo lo contrario: esa álgebra es una forma del pudor y de la emoción.

JSS: Convertir los sentimientos en matemáticas debe de ser complicado.

JLB: Pero ésa es la tarea del arte: transformar todo lo que nos ocurre continuamente, transformarlo en símbolos, transformarlo en música, transformarlo en algo que pueda perdurar en la memoria de los hombres.

JSS: Todo hombre recibe al nacer, primaria, elementalmente, esa sensibilidad que el artista debe transformar, ¿no es eso?

JLB: Sí, es un deber gozoso, la mayoría de las veces, de transmutarlo todo en símbolos: colores, formas, sonidos. Y palabras, palabras de fábulas, relatos, poesías. Y la tarea del poeta es continua. No se trata de trabajar de tal a tal hora, ya que continuamente está uno recibiendo mensajes del mundo externo: todo tiene que ser permutado, en cualquier momento puede y debe producirse la revelación. Continuamente, incluso cuando se sueña. En mi reciente libro La moneda de hierro hay un poema en el que sólo puse sueños. No es muy valioso, pero ofrece esa curiosidad sicológica.

JSS: Poemas del mundo onírico. ¿Cómo los halla, los trasmuta, los conserva? Cuando dicen que es usted algo brujo…

JLB: Me desperté con él clavado en la memoria. Inmediatamente lo dicté. No supe si tenía o no algún valor, pedí al cabo de unos días que me lo releyeran, y comprobé que era un poema decoroso, que podía publicarse, aunque debiera explicarse que era un regalo del sueño. Y me acordé de Coleridge, que soñó un poema, todo un largo poema extraordinario. En mi caso se trata de un breve poema sin otro valor que el de ser, como le dije, una curiosidad sicológica, que el de ser un don del sueño, posiblemente un presente griego.

Errar es necesario

JSS: Usted gusta de decir que ha cometido todos los errores posibles.

JLB: Eso creo. Al cabo de mis setenta y siete años he llegado a algunos aciertos, y he acabado por descartar muchos errores, aunque algunos también los haya repetido, todo hay que decirlo.

JSS: Quiere decir que errar es necesario…

JLB: Sí, absolutamente necesario. Y creo que si llegara a vivir doscientos años, quizá llegaría a saber algo del arte de escribir, pero por el momento voy aprendiendo, equivocándome y aprendiendo.

JSS: Usted nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899, hijo de don Jorge Luis Borges Asían y doña Leonor de Acevedo, y provenía usted de una antigua familia argentina que había sido pionera de la Independencia.

JLB: Y puedo aún ir más lejos. Soy descendiente de Juan de Garay, fundador de la ciudad de Buenos Aires, y de Cabrera, fundador de la ciudad de Córdoba. Desciendo de conquistadores españoles, y luego de soldados argentinos que se batieron contra los españoles, cosa que era natural que sucediera. En fin: una familia de soldados la mía. Mi abuela inglesa pertenece a una familia de pastores protestantes, lo cual también me parece bien, porque quiere decir que llevo la Biblia en la sangre. Mi abuelo, el coronel Francisco Borges, se hizo matar deliberadamente después del combate de La Verde. Por una serie de circunstancias políticas, él deseaba la muerte, ya se había rendido el general Mitre, y entonces montó a caballo. Era un tordillo, se puso un poncho blanco y al trote avanzó hacia el enemigo ofreciéndoles un blanco espléndido. Le alcanzaron dos balas de fusiles Remington de los tiradores adversarios, y cayó muerto.

JSS: A pesar de ser heredero de esa dinastía de sangres ardientes y bélicas, usted fue más bien un escéptico en esa materia.

JLB: Es cierto. Pero ahora pienso que debí de estar equivocado durante mucho tiempo. Creo que el ejercicio de las armas es verdaderamente honroso, más allá del hecho de ejercerlo por unas u otras causas. La misión del soldado es algo noble, y sé que al decir esto me enemisto con mucha gente. No tengo interés en enemistarme ni en congraciarme con nadie, pero hay que pensar que la poesía empieza con la épica. En todas las culturas del mundo se empieza siempre con las armas.

JSS: Usted blasona de decir siempre lo que piensa.

JLB: Por eso soy indiscreto muchas veces, pero hoy hablo, se lo juro, con una sinceridad total.

JSS: Su hermana Mora ha contado en ocasiones que recuerda cómo usted, cuando niño, estaba siempre tumbado boca abajo leyendo sin cesar.

JLB: Es una memoria exacta.

JSS: ¿Y leía usted todo lo que caía en sus manos?

JLB: Creo que soy un lector hedónico; leía sólo lo que me gustaba. Mi padre nunca me señaló ningún libro. No me dijo, por ejemplo: “Éste es el Quijote, una obra maestra”. Yo leía lo que me placía, sin que nadie me dirigiera. Mi padre nunca discutió de literatura conmigo.

JSS: Y como escritor, ¿qué le parece don Miguel [de Cervantes]?

JLB: Una vez, hablando con Ernesto Sabato, me dijo una cosa que me pareció muy justa: “Siempre se dice que Cervantes escribía mal, como siempre se dice que Dostoievski escribía mal, pero si es escribir mal dejarnos un libro como el Quijote o como Crimen y castigo, es que no escribían tan mal, escribían lo necesario para sus fines”.

JSS: Pero esa es una opinión de Sabato.

JLB: De acuerdo, pero me parece que no podemos censurar desde el punto de vista retórico lo que Cervantes escribía. Desde luego, Quevedo hubiera podido corregir cualquier página de Cervantes, y también don Diego de Saavedra Fajardo, y Lope de Vega… pero no hubieran podido escribirla. Corregir una página es fácil, pero escribirla, ¡ah, amigo!, eso es lo difícil.

JSS: Me dicen que está usted preocupado por su vida, por su salud, y por su longevidad, la longevidad tradicional de su familia…

JLB: Sí, sí me dieran la noticia de que voy a morirme esta noche, creo que me sentiría muy feliz. La Sagrada Escritura aconseja 70 años, yo ya cumplí los 79, mi madre murió a los 99, mi tía murió a los 100 años y diez días… No puedo tenerlo peor, ¿eh? Yo creo que es durar mucho.

JSS: Y a usted no le apetece…

JLB: No. Ahora bien, como yo descreo de la otra vida, siempre me queda la esperanza de la muerte como un fin total. Y espero ser olvidado después de mi muerte.

JSS: Está usted de moda en todas partes, ahora se vive una fiebre Borges en los Estados Unidos, y no digamos lo que es usted para los hispanoamericanos…

JLB: Es muy raro lo que pasa conmigo. Yo no he buscado nunca la celebridad, y la celebridad me ha llegado. Quizá por eso, porque no la buscaba. Mejor es no buscar las cosas, y dejar que lleguen solas.

JSS: Entonces, quedamos en que la muerte es para usted…

JLB: Una esperanza, el fin de todo, esperémoslo así. Sería espantoso tener que seguir, ¿eh?

*Fragmento de Escritores a fondo (1986)

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