Por Baruch Martínez Treviño• y Libertad Chavez-Rodriguez

Han pasado más de tres años, tres años y a la vez más de tres, más de treinta mil, mucho más que números. Hay un más que nos consume: más tiempo, más espacio, más temblores, más recuerdos. Ese más que “nos consume” es el esfuerzo que requiere muchas manos, para sostener nuestro tiempo, un tiempo en el que nuestra voz llame a la memoria. Un más del cual somos dueños. Somos dueños del más, pero de uno que suma vida en los espacios que estamos abordando. Hoy que los sismos del 7 y 19 de septiembre, como eventos que cimbran lo que aún no termina de doblarse, también nos llaman: es nuestro el trabajo del espacio.

Quisiéramos compartirles en esta entrega un llamado que nos convoque a una línea transversal del tiempo a tres años de la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa. Una línea transversal que cruza desde el recuerdo la proyección a futuro de nuestro espacio. Hacemos un llamado a nuestras manos que trabajan cuerpo a cuerpo en el entretejido de la voz, en el espacio de la memoria, memoria necesaria que dé sentido constante a dicha proyección.

¿De qué espacios hablamos? El de la memoria que marca espacios en el entorno haciéndonos a la vez espacio también. Esto es: somos la marca que resiste el espacio de las palabras oficiales, diciendo, tres años después, con más de treinta mil personas desaparecidas, que “fue el Estado”. Fue el Estado desde hace casi 50 años con la desaparición de Epifanio Avilés en Coyuca de Catalán, Guerrero en 1969.

A tres años de la desaparición forzada de los estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” quisiéramos no tener que escribir esta editorial. Pero hay que marcarnos las voces con la fuerza del recuerdo. Por eso a tres años del crimen de lesa humanidad volteamos a ver más allá (y aquí) desde el trabajo que realizan los familiares, las amigas y amigos solidarios, diversas organizaciones en defensa de los derechos humanos, periodistas y la gente de a pie que informamos, nos informamos y continuamos abriendo el espacio, un más allá diario que dice: presentación con vida.

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FUNDENL, no al olvido. Foto: Radio Zapote

 

El espacio es nuestra vida, es pues, la vida vinculada con el familiar, ¿qué es un hijo, una madre, un hermano, una abuela, una hermana sino el vínculo de nuestra existencia? Pero, ¿dónde están? Estar es habitar el espacio con otros, ¿dónde estás hermano, dónde estás hermana, dónde estás hijo, dónde estás hija? Y, ¿por qué te llevaron? ¿Por qué nos arrebataron de nuestro espacio, el íntimo, el del vínculo? Hablamos de espacios que fueron arrebatados por la violencia de una guerra no pedida. Espacios abiertos y que nos llaman al encuentro. Por eso, buscar vida es ir al encuentro en espacios que nos pertenecen. Por eso necesitamos adueñarnos del espacio con la voz de la fuerza de la búsqueda, ¿en dónde buscamos, en qué espacios? Tanto en nuestro cuerpo al decirnos, al sentirnos, como en lo externo pero haciéndolos nuestros: ranchos, terrenos baldíos, burocracia y archivos empolvados por la negligencia del no-trabajo de quienes por ley están obligados a hacerlo y rendir cuentas.

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AMORES el Día del Padre. Foto: Cadhac

Así, esta editorial busca espaciarnos juntos en el hacer nuestra historia tiempo constante. Buscamos a más de tres años más de 43 desaparecidos y desaparecidas por nuestro compromiso político por la vida como su propia existencia: ¿Dónde están? Por ahora hay que seguir exigiendo, poniendo día a día la verdad sobre la mesa: fue una desaparición forzada; que se abran los cuarteles militares, que venga la historia como testiga del olvido al que nos lanzó la violencia estructural del Estado. Hay que seguir exigiendo, día a día, continuar con la búsqueda, con la demanda de presentación con vida, con la exigencia de verdad, justicia, no repetición y reparación del daño.

*Publicado en Vozes43

Es psicoterapeuta, maestro en psicología social de grupos e instituciones por la UAM Xochimilco, autor de la tesis de maestría “Búsqueda de vida”. Activista y acompañante de búsqueda de familiares de desaparecidos y en Nuevo León.

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