En ocasiones anteriores, analizamos lo vital que es el espacio público, así como el crecimiento acelerado de la ciudad y las implicaciones en la movilidad

Este texto pretende genrar un análisis con tres temas inherentes al crecimiento urbano y condiciones de vida de sus habitantes como son, en primer lugar, las condiciones demográficas de reordenamiento; la rehabilitación de espacios habitacionales y, por último, el desarrollo sin parangón de la industria de la construcción.

Es sabido por muchos habitantes de Guadalajara el proceso de transformación de los céntricos barrios convertidos en “barrios de moda”, del crecimiento de la periferia de la ciudad, la multiplicación de fraccionamientos en el área conurbada, así como de un aumento sorpresivo y excesivo de edificios en zonas residenciales con alta  plusvalía, tanto para fines empresariales como unidades habitacionales, que pintan para la ciudad un futuro muy complejo en materia de densidad poblacional y de bienes y servicios, tema que no es nuevo y sí muy problemático para varias de las ciudades del país.

Las zonas habitacionales transforman su rostro

De acuerdo con datos censales realizados por el Instituto de Información, Estadística y Geografía (IIEG), hasta el 2015, tres de los cinco municipios más poblados que conforman el área metropolitana han crecido de manera más o menos similar a excepción de Tlajomulco (el municipio que más hectáreas a incorporado al desarrollo urbano) y –Guadalajara y Zapopan–, los municipios con mayores problemas de gentrificación y un evidente boom inmobiliario que construye-reconstruye espacios a diestra y siniestra con una tendencia al crecimiento vertical, mediante complejos de oficinas y viviendas que redensifican los centros urbanos.

La gentrificación  es un fenómeno mediante el cual se transforman y rehabilitan colonias consideradas populares y céntricas, en colonias de moda, donde el interés del capital inmobiliario por las características de infraestructura (buena ubicación, servicios de transporte, salud, educación, agua potable, entre otros) se hace patente, lo que genera un cambio en la imagen de la colonia, las condiciones de construcción, la plusvalía y el poder adquisitivo de los habitantes de la zona; expulsando así, a los pobladores originales y al comercio local hacia zonas más alejadas de sus centros de trabajo y de los servicios que solían tener y ofrecer, razón por la cual se produce un abandono paulatino del lugar que es ocupado por nuevos residentes.

Este abandono repercute en un crecimiento hacia la periferia de las ciudades y en un constante desarrollo inmobiliario privado y público hacia zona con pocas capacidades de sustentabilidad en materia de infraestructura, como es en este caso Tlajomulco.

Es así que a partir de esta premisa se presentan aspectos a valorar y atender a nivel demográfico para la sana “convivencia social” como: la concentración heterogénea de los habitantes, la desigualdad socioeconómica, la calidad y cantidad de los bienes y servicios que se ofrecen, tanto para el centro como para la periferia, que al ser diferentes merman el desarrollo educativo,  cultural y productivo de las zonas conurbadas, puesto que esta desigualdad disminuye oportunidades laborales de ciertos sectores poblacionales que tienden a provocar el desplazamiento diario hacia puntos centrales de mayor efervescencia económica.

En este sentido, el crecimiento de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) se caracterizó por un proceso de anexión espacio-funcional, que fue incrementando paulatinamente la urbanización, provocando así un desdoblamiento poblacional que se concentra en la periferia con un crecimiento desordenado de unidades habitacionales para distintos grupos sociales (donde se  ubican la mayoría de asentamientos de origen irregular), mismos que contribuyen a construir una perspectiva antropológica de nuestras urbes y nuestra cosmovisión cultural, caracterizada por el “desorden” y la “irregularidad” perfecto caldo de cultivo para problemas de inseguridad y climatológicos.

Una ciudad donde impera el desorden

El ritmo de crecimiento de la ZMG es resultado de una falta de planeación urbana integral, supeditada a la extensión territorial de los municipios que la conforman y directamente relacionado con el cambio de uso de suelo, razón por la cual se ha generado una tendencia de crecimiento de las ciudades que apuesta por la  construcción vertical, a pesar de la aglomeración de una importante cantidad de personas viviendo o trabajando en una zona determinada y la complejidad en materia de movilidad que esto supone, así como la proyección de un plan de desarrollo de bienes y servicios cercanos a estos espacios: áreas recreativas, servicios de agua potable y estacionamientos que para algunas zonas tradicionalmente habitacionales ha representado un impacto negativo en su calidad de vida y seguridad.

No obstante, también  hay  puntos a favor por quienes ven en éste tipo de propuestas una optimización del espacio –sobre todo a partir del modelo de “ciudades compactas”– y del mejor uso de los recursos, además de ser una industria floreciente pero contradictoria, pues el sector inmobiliario muestra desde hace dos años signos positivos y un reposicionamiento de la industria con mayor aportación al  Producto Interno Bruto (PIB), en tanto, los costos de estos espacios habitacionales y de oficina son estratosféricos para los sueldos promedio de los habitantes de la ciudad; lo cual de nuevo evidencia contradicciones sociales, de ahí que haya casas sin gente y gente sin casa… tan solo en Guadalajara en zona centro había un promedio de 10 mil fincas en alquiler y un 20% se encontraba sin uso y la tasa en el país asciende a 5 millones de casas abandonadas, según datos del Infonavit.

El tema no es peccata minuta, implica el desarrollo sustentable y estrategias que disminuyan el impacto ambiental así como la instalación irregular en zonas de riesgo, que a mediano o largo plazo terminarán por afectar la salud, la convivencia social y la calidad de vida. El crecimiento y desarrollo de la ZMG debe ser ordenado en aras de una mejor convivencia social y bienestar económico para todos, es así que aún hay mucho por hacer en esta matera comenzando por regular el uso de suelo, respetar la naturaleza y pensar en el porvenir colectivo. 

Por Araceli Fabian

*Publicado en Okupo+

 

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