Entrevista con un regio venido del otro lado

Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

Ramiro Eliseo Garza Salinas es un neolonés criado en Estados Unidos. Se describe a sí mismo como una persona muy platicadora, a la que le sobra saliva. Es también sobrino de Don Lorenzo Garza, un ferviente fanático de las películas de Cantinflas y ex-policía de Ohio. En la entrega anterior, se discutieron temas como el 9/11, Vietnam y el patriotismo en tanto México como en Estados Unidos. En esta ocasión, la conversación gira en torno a los presidentes Reagan y Trump, su experiencia como maestro de español, el racismo y hasta su antiguo programa en la radio, “Dominguito Alegre”.

Sergio Valdés: Usted estuvo bastantes décadas en Estados Unidos, pero ¿escuchaba de México? ¿Se enteraba de lo que pasaba en México?

Ramiro Garza: Poco, porque no mucho entra para allá; se limitaba mucho la información.

SV: ¿Y cómo se sentía? ¿No sentía melancolía…?

RG: Sentía pena y a veces que alcanzaba agarrar la radio de México, por onda corta, que no era muy seguido. Oíamos algo en el noticiero, pero eran muy cortos. Cuando fue el terremoto de México a mí me tocó estar en Houston. Recuerdo que hicieron muchos vuelos gratis de aviones comerciales a México con mercancía, con muchas cosas y nunca llegaron a México. ¿A dónde se perdieron? Quién sabe.

SV: ¿Y usted viajó a México durante su tiempo en Estados Unidos?

RG: No, hasta que regresé. Yo era el gerente de Aeroméxico en Houston, por eso sé de todos esos borlotes. Mandamos aviones con generadores, con alimentos, con comida; y el aeropuerto “No pues el avión ya lo vaciaron”. ¿Pero dónde quedó la mercancía? Quién sabe. La movieron y la gente no la recibió. ¿Qué pasó? Quién sabe. ¿En qué bodega se echaron a perder? Quién sabe.

SV: A su parecer ¿cuál fue el presidente de Estados Unidos que más le llamó la atención?

RG: Reagan. El presidente Reagan.

SV: ¿Por qué?

RG: Porque a pesar de que muchos pensaban fue un actor mentiroso, hizo muchas cosas por los hispanos. Mucho. Ayudó a que se reevaluara la moneda mexicana, abrió mucho mejor las fronteras y quitó las tarifas aduanales, que había muchas y eran muy caras. Y permitió que mucha gente emigrara.

SV: ¿Y qué opina del presidente Trump? ¿Usted creyó que pudiera ser presidente?

RG: Nadie pensaba que iba a ser presidente pero, compró la presidencia con sus millones. Pero no le va a salir bien, ya se dio cuenta que la economía de Estados Unidos va para abajo. Inclusive muchos millonarios hispanos tienen mucha inversión allá en Estados Unidos. Slim es el hombre más rico del mundo y es de raza hispana y se armó de pleito con el presidente. “Sigues hablando mal de los mexicanos y te apago los satélites. A ver cómo le vas a hacer”. Imagínate.

SV: También dice que en algún punto fue maestro de español en Estados Unidos. ¿Cómo pasó eso? ¿En qué momento fue?

RG: En Ohio había muchos estudiantes que, como va mucha gente inmigrante para allá, había muchos problemas de comunicación, y los mismos americanos decían “Bueno, ¿cómo nos entendemos? Vamos a poner a alguien que nos enseñe español”, y viendo que yo tenía educación aquí, que ya estaba en la universidad y platicando y, ya ves que soy bien platicador, me metieron a mí al programa [ríe].

SV: ¿Y cómo fue su experiencia como docente?

RG: Fui nada más voluntario, y luego vieron que estaba trabajando bien y me mandaron a una escuela, me mandaron a una universidad; saqué un diploma y tengo el diploma de maestro de allá. Ese diploma me valió aquí cuando entre a Secretaría, de volada me contrataron. Pero lo que tiene la secretaría es que no enseña inglés, enseña la gramática ¿y eso de qué me sirve? ¿De qué me sirve el A, B, C cuando si ni siquiera se pronuncia así cuando estás hablándolo? De nada, nomás para cantarlo.

SV: ¿Cuánto tiempo estuvo siendo maestro?

RG: Cuatro años.

SV: ¿Y después de ahí que siguió?

RG: Fui maestro y era policía también. Lo de maestro era más de voluntario. Pero seguía siendo policía en Ohio; el único policía hispano en todo el estado. Un día tenía una novia y vengo a Kentucky, porque era de Kentucky, nomás paso al estado y me arresta un policía de Kentucky. Son racistas. “¿Y a dónde la llevas?” A su casa. “La está secuestrando”. Es mi novia. “¿Cómo si tú eres…?” Me empezó a insultar y decir beaner, lo que tú quieras. Mojado y qué… Bueno, okey. Le dije soy policía de Ohio. “Tú no eres nada, te la estás robando”. Bueno, me llevaron a la cárcel, y le digo a mi novia habla a mi departamento y avísales lo que está pasando. En la noche habla mi jefe al condado donde me habían arrestado. ¿Tienes al oficial Garza ahí? “¿Cuál oficial Garza?” Ramiro Garza “Tengo un Garza pero no sé si será policía. Y para mí que no es policía. Y además yo soy el jefe de él”, y luego me insultó. Al otro día, en la mañana, a primera hora llega mi jefe con todo su uniforme completo; su uniforme negro, sus insignias. “¿Cómo le dijiste en el teléfono? Él es el mejor oficial que tengo, es el único oficial mexicano que tengo en mí condado”. Me sacó de volada [ríe y truena sus dedos].

SV: ¿Experimentó más casos así de racismo?

RG: Fuera del estado de Ohio. En Ohio no hay discriminación. En Indiana había áreas que eran muy racistas. Allá se viven por condados, como decir Guadalupe y Monterrey, cruzas la calle y ya estás en otro municipio y ya es otra cosa diferente. Varios policías negros e hispanos fuimos a un bar a cenar y por más que le decíamos al mesero nunca nos atendía. ¿Qué está pasando? Entonces pasó alguien que dice “Aquí no sirven a negros y mojados”. Y se enojó uno de los policías y empezó a hacer… Hizo un borlote. Total que salimos del bar corriendo y llegó la policía. Nosotros éramos policías pero andábamos en carros civiles. Llegamos a un área federal que es del ferrocarril y ya estaban los federales esperándonos. Entramos y llegan los policías de que bien enojados, que nos iban a arrestar a todos porque éramos mojados y que esto y que el otro… negros y que la basura; equis, lo que tú quieras. “¿Sabes qué? Estás en propiedad federal, y aquí no puede entrar tú. Y además tú perteneces de aquel ladito de la calle, no de este lado de la calle”. Así se ponen las líneas. Entras a una colonia china y no puedes entrar. Entras a una colonia árabe… tienen sus límites. A menos que te conozcan, oye está bien.

SV: Usted se casó.

RG: Dos veces.

SV: Con mexicanas, me había comentado.

RG: La primera era de aquí de Monterrey. Cuando regresé a Monterrey la primera vez, me llevé a vivir a mi primera esposa para allá. La llevé como residente y luego le di la ciudadanía americana. Después ya tuvo la ciudadanía, y a volar paloma; cada quién [ríe]. Me caso otra vez al siguiente día que me divorcio. No quería estar solo. Ohio es muy frío para quedarme solo todo el invierno. Primero me casé en agosto 2 y luego le pregunté pues cuándo y me dijo mañana. ¿Estás segura? Dijo sí. Me trajo a Texas porque ya no quería vivir en Ohio. Mejor por un rancho. También. Agarró su residencia y… Ella pensaba que el rancho era de ella; no era de ella, se lo deje mis hijos. Cada quién.

SV: ¿Y cómo fue regresar a Monterrey?

RG: Para mí era un gusto tremendo, ya después me dio una decepción tremenda. Mira, yo venía en mi carro; siempre traía mi carro para acá y cada que salía de mi casa me topaba un tránsito. ¿Está en regla? “Sí”. Tenga para el café. Hasta que una vez le dije oye ¿cuál café tomas? Te lo compró [ríe]. Sale caro. “¿Usted es de Monterrey?” ¿Pues dónde crees que vivo? Nomás que vengo con placas americanas. Sí, le llegué a decir al policía, ¿sabes qué? Vamos al Oxxo, me sale más barato [ríe]. A ese punto llegué, dije ya fue mucho. Y mejor fui y lo dejé allá. Ya se acabó el problema. Pero para mí Monterrey es un orgullo muy grande. Porque aquí nací y aquí… Inclusive mis hijos saben que me van a enterrar aquí. Me van a cremar, tengo mi tumba en panteón el Carmen. Igual, seguir la tradición de la familia. Ahí tengo a mi papá y a mi mamá.

SV: Cuénteme de su tío.

RG: ¿De quién? ¿De Don Lorenzo Garza? Pues que nació en 1904, creo yo porque eso es lo que dice el video…

SV: No, lo que usted sabe de él.

RG: Fue uno de los mejores toreros de México. El murió en el ’78, yo no estaba en México. Nos fuimos en septiembre del ’72, o sea yo ya no vi cuando murió. Era muy enérgico y muy enojón. Si alguien le tiraba una maldición, se la contestaba. Varias veces fue a la cárcel porque se le enfrentaba al público. Imagínate que ves un artista cantando y te mientan, y luego tú se la contestas. Te bajan a pedradas [ríe]. Pero fue un símbolo muy grande y dejó una memoria muy grande aquí en Monterrey. Inclusive me gustaría que buscaras en Facebook Lorenzo Garza Arrambide en la fiesta taurina. Búscalo y viene todo el documental de él. La vida de él y las cosas que tuvo.

SV: Me imagino que de niño ustedes iban a…

RG: Yo iba a la Plaza de Toros. Lo alcancé a ver en el ’76. Vino El Cordobés. Manuel Benítez Cordobés, que ya murió. Era un torero jovencito, era como Eloy Cavazos en aquellos años. Viene y reta a Lorenzo Garza a un mano a mano. Lo reta a torear de rodillas cuando Lorenzo Garza fue el que hizo el primer pase de rodillas. “¿Me quieren enseñar a mí lo que yo invente?”. Y se puso el viejito de rodillas y lo avergonzó a él [ríe]. ¿Nunca has visto la estatua?

SV: Sí, sí, supongo que sí.

RG: Ahí está, ahí está.

SV: ¿Es la que está en la plaza de… [los desparecidos]? ¿O está aquí…?

RG: Es la que está aquí luego luego.

Karla Canizales: ¿En frente de correos?

RG: ¿Mande?

KC: ¿En frente de correos?

RG: Right.

SV: ¿Sí, verdad? Ah, sí, sí, sí.

RG: La monumental de toros se llama Plaza Monumental Lorenzo Garza. Querían ponerle Monumental Lorenzo Garza Eloy Cavazos y dijeron que no porque Eloy Cavazos no es ni siquiera de Monterrey, es de Guadalupe. Tiene su plaza en Guadalupe. Aquí en Monterrey es de Lorenzo Garza o Manolo Martín.

SV: Sí, sí. Entonces sí la he visto. Volviendo con el tema, usted regresa aquí ¿y se dedica a…?

RG: Me metí al magisterio luego luego. Fui a Secretaría y de volada me contrataron. Me dieron escuelas pero el sistema es muy lento. Me aburría yo con el programa que me enseñaban a mí. Y luego entré a la universidad y lo mismo que enseñaban en la primaria, enseñaban… No avanzan. No hay conversación, no hay comprensión de palabras. Lo mismo todo el tiempo nomás. This is your book, stand up, sit down y es todo. Window, book, básicas. No había conversación, no había nada de nada y eso pues no tiene gracia. Yo quiero que los niños comprendan y que sepan hacer una conversación completa. O sea que hagan una conversación completa y que sepan entender lo que están hablando. Una vez aquí en la Macroplaza estaba yo caminando y se baja un gringo del taxi. Y dice ¿cuánto es? ¨Cincuenta¨. Y el gringo le da cincuenta dólares. Y le digo ven para acá son cincuenta pesos. Dice el taxista ¨no se meta¨. Le dije es que le estás robando. Dice ¨gracias¨. Eran cinco dólares, en vez de cincuenta dólares. Y así pasa. En primera, el gringo no sabe. Dices cincuenta y te da cincuenta. ¿Cuánto vale el dólar? Quién sabe. Imagínate que fueran euros (ríe). Es diferente.

SV: ¿Y después? ¿Siguió ahí en el magisterio?

RG: Seguí dos años. Ya, ya después me retiré. Después trabajé en seguridad, que era mi base, y pues es aburrido pero bueno. Me va bien. Ahorita ya me retiré. Ahorita ya me salí de trabajar. Sí, me dice mi hija “Ya para qué trabajas si ya me voy a vivir allá”. Me quiere llevar a Durango porque le regalaron un rancho muy bonito para allá. “Ya tengo tu casa lista. Tengo tu cuarto, tengo todo”. Le digo pero mija, a mí me gusta pedir permiso. Dice “Ya sé, papi” [ríe]. Cada quién. Ya es una mujer ya grande. Tiene 39 años mi hija, la mayor.

SV: ¿Entonces su plan es ir allá?

RG: Mi plan es quedarme aquí pero si ella quiere que vaya para allá, iré por dos semanas. Ir y venir nada más. No ir a quedarme allá a vivir. Es muy tranquilo, eso sí. Hermosísimo. Es como estar aquí en la placita pero no hay nada de ruido.

SV: Me llama mucho la atención el hecho de que, una vez más, regresa a Monterrey y pues creo que lo ve diferente ¿no? Lo ve cambiado.

RG: Lo veo diferente porque la gente ya no es como era antes. Si le preguntas a alguien una cosa, no te saben decir o te sacan la vuelta. Simplemente el hecho de preguntar ¿cómo te llamas? “Qué le importa”. Oye, ¿qué falta de respeto es esa? Una; aparte, a otros les preguntas una cosa y salen con una tontera que… Unas palabras altisonantes que yo no uso y aquí es muy común para mucha gente. No te las voy a decir pero yo creo que ya te las imaginas.

SV: Pero, usted me dice que le han pasado casos de lo quieren asaltar y así…

RG: Ah, bueno sí pero nunca me ha pasado nada. Al menos yo prefiero andar solo que acompañado.

SV: Si pudiera describir la sociedad de Estados Unidos en una frase…

RG: Que es muy amable.

SV: ¿Y la de México?

RG: Es muy desconfiada. Bueno, en el caso tuyo no porque te conocí (ríe). Habemos pocos todavía.

SV: Cuénteme de su programa de radio.

RG: Tenía muchas críticas.

SV: ¿Cómo fue que…?

RG: Fue así como tú y yo, platicando. Conocí a mi compañero, que fue el inventor, platicando en la casa. “Me gusta cómo hablas” y esto y lo otro. Y yo llevaba mucha música mexicana de Los Panchos, música antigua. “Me encanta tu música. ¿Por qué no hacemos un programa de radio?” Bueno. Llevamos varios discos y sin querer me puso al aire. De repente empiezan a hablar por teléfono. “¿Y el locutor quién es? ¿De qué están hablando? ¿Qué están oyendo?”, y ahí se me quitó el miedo. A mí no me gustaba hablar en público. Hasta acólito me hicieron [ríe]. Tenía que leer el misal en la misa en español y pues ya ves. A mí no me gustaba hablar en público pero ya no. Fue una cosa de unos 10 años que estuvimos de locutores. Tuvimos un programa muy exitoso que, cuando nosotros salimos, cerró la estación.

SV: ¿Cómo se llamaba?

RG: Dominguito alegre. Con Narciso Rodríguez y Ramiro Garza. Allá [en Ohio] no hay mucha gente hispana pero la poca que había le encantaba el programa. Había dos, tres estaciones que nos competían pero no sabían ni dar el reporte del clima ni dar reportaje de noticas en español. No sabían hacer nada. Todo era en la noche. Era un programa de dos horas en la noche. Lo grababa el sábado y ya lo llevaban en cinta. Lo que eran en vivo eran las llamadas telefónicas, la grabación era ya pregrabada porque ya ves que te equivocas al estar leyendo continuamente. Haces una grabación, la pruebas que ya está, la editas y órale, esa es la que va a salir al aire.

SV: Algún comentario, pensamiento o reflexión que te gustaría compartir a la audiencia que vaya a leer esto.

RG: Pues, como le digo a mis hijos, yo lo que quiero es conocer México. Pero conocerlo por carretera, no por avión. Quiero conocerlo por mí. A mí me encanta ir por carretera. Si veo árboles, me gusta, me paro. Algún sabor sabroso, quiero probarlo. No que vas en avión… Yo fui a Acapulco; en 3 horas estaba en Acapulco y no vi nada. Es más bonito y es más relajante viajar en carro. Lejos. Porque en el carro, ves el paisaje y observas todo. En cambio, ves todo de arriba y no ves nada. A la altura a la que vas no ves nada [ríe], está muy alto. Y no disfrutas el viaje, la mera verdad. Me gusta más ir por tierra.

SV: Me imagino que a usted le gusta mucho caminar, ¿no?

RG: Me encanta caminar. Me he ido de aquí hasta mi casa, San Nicolás, caminando. Nomás por el gusto de caminar. Y ya tengo marcado que hago dos horas y media, de aquí hasta Citadel. Claro, con botas no. Es muy incómodo con las botas [ríe].

SV: Y en su trayecto en el que camina, me imagino que tiene…

RG: Recuerdos, porque voy acordándome de mis colonias, de mis tiempos y todo eso.

SV: Y también interactúa con algunas personas, ¿no? Así como fue conmigo.

RG: Saludo, gente; yeah.

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