Había una vez una sala de cine que se llamaba Latino. Estaba ubicada cerca del Ángel de la Independencia, en pleno Paseo de la Reforma, corazón del antes Distrito Federal, ahora Ciudad de México. Era una tarde de 1989 y me encontraba sentado cómodamente en una de las butacas del ya desparecido cine. Estábamos como 20 personas esparcidas a lo largo y ancho del recinto. La razón de nuestra asistencia era muy importante: el estreno de la película-documental Rattle and Hum de U2, que trata sobre la gira del grupo por toda la unión americana en promoción su disco The Joshua Tree, lanzado un año antes.

Todos callados, casi sin respirar, miramos con enorme interés la proyección, en su mayoría en blanco y negro. Su paso por Estados Unidos en la “Joshua Tree Tour”, paisajes aderezados con música nueva y momentos en vivo tocando música de sus producciones anteriores y algunos covers de canciones de los Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan, Jimmi Hendrix, entre otros. Nos dimos un agasajo visual y musical. Al salir del recinto me lancé a las tiendas de discos de por ahí cerca para ver si encontraba el disco de la película, pero mi búsqueda fue infructuosa, hasta que lo merqué semanas después en el interminable tianguis de San Felipe de Jesús, un barrio de la Delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México. En la portada del acetato tenía un parche que decía: “Material Promocional, Prohibida su venta”, misma que despegaron cuando quise replicar.

Tenía pocos años de haber escuchado a U2 por primera vez. Ya me habían atrapado porque después de escuchar a tanto ruco, pues ya era justo de hacerme fan de un grupo contemporáneo. Decidí seguirle la pista desde que sacaron el Unforgettable Fire, allá por 1984, cuando escuché la canción esa que se llama “Pride (In the Name of Love)”, su humilde homenaje a Marthin Luther King. Después, como todo melómano, me dispuse a revisar su discografía, llegando a la conclusión de que estos muchachitos de Dublin les gustaba grabar un disco en vivo de la gira de la producción que se encontraban promocionando. Por ejemplo, del disco War hicieron el War Tour, resultando Under a Red Blood Sky; luego grabaron el ya mencionado Unforgettable Fire y en la gira salió el mini LP Wide Awake in America, con sólo 4 canciones: dos en vivo y dos producciones nuevas. Posteriormente grabaron The Joshua Tree, y de la gira salieron la película y el disco Rattle and Hum. Por mí no había problema, pero algo no le gustó al grupo, así que lanzaron un aviso a la comunidad.

El documental visual fue un gran éxito, mas no así el disco, que recibió muchas críticas duras: decían que el grupo no escondía su fascinación por el blues, el folk, el soul y el country estadounidense, ocasionando que bajaran sus ventas en forma considerable. Eso les preocupó un poco, por lo que en 1990, durante una gira llamada Love Town Tour (una extensión del Joshua Tree Tour), decidieron comunicar a todo el público (bueno, a los que estaban ahí) que se tomaban un descanso y que regresarían con algo nuevo. La razón era algunas inconformidades entre los integrantes del grupo, entre ellas los problemas maritales por los que estaba pasando el guitarrista The Edge, y que a Bono le estaba fallando la voz. De hecho, durante las presentaciones se sentía un ambiente como de gira de despedida.

Luego ya no se escuchaba nada. La prensa irlandesa decía que estaban peleados y que se hablaba hasta de una separación.

Hasta que a finales de 1991, cuando el que esto escribe ya había perdido toda esperanza, la desaparecida estación de radio capitalina Rock 101 anunció un nuevo disco de U2. Para celebrar el glorioso retorno, dedicarían todo un día de su programación a transmitir canciones del grupo, intercalando entre ellas las nuevas rolas del disco que acababan de sacar y que se llamaba Achtung Baby.

¡Wow, baby! Me fui corriendo por un casete de esos de 120 minutos para atrapar las nuevas canciones para escucharlas, y sí, la pesca fue exitosa, pero el sonido de U2 había cambiado; había evolucionado como dicen los que saben. En la placa sonora podía encontrarse rock alternativo, electrónica e industrial, contrastando con las canciones antiguas que metí en la cinta que quedaba vacía para no desperdiciar. Me acuerdo (porque ya no tengo la cinta) que la primera canción que grabé de esa transmisión fue “One”, una hermosa oda al amor y de total pertenencia, superando de hecho a la balada “With or Without You”, que está escrita para cortar a alguien o dejar algún vicio (como el alcohol o las drogas); también dicen que es una plática con dios, pero Bono asegura que cada quien la interprete como quiera.

El cambio se estaba dando porque el grupo se estaba reinventado para recibir a la nueva década, en parte porque sentían que era hora de cambiar el rumbo. De ahí se fueron por toda la década de los 90 con el tripetle “Achtung-Zoo-Pop” (Achtung Baby [1991], Zooropa [1993] y Pop [1997]). Ya no había muchas guitarras. Bueno si había, pero también había samplers, efectos de sonido y música disco. En las giras pasaron de escenarios austeros a un despliegue de tecnología muy novedosa para la época, como los cochecitos alemanes marca Trabant colgados y pantallas gigantes, televisores, hasta una U al revés amarilla que muchos vieron parecida a la M de McDonald’s. También en pleno show Bono solía hacer llamadas telefónicas, adoptando personalidades como The Fly, Mr. Mirrior Ball y Mac Phisto. Cabe destacar que desde ahí adoptó esos característicos lentes oscuros que ya no se quita ni para dormir. Eso sí, nunca dejaron el apoyo a las causas sociales y la preocupación por el bienestar del mundo.

Aunque para unos fue lo máximo, para mí fue la década perdida porque dejé de seguirlos (esa expresión tan “millenial”). ¿Dónde quedaron esos cuatro chavos que, basándose en el post-punk, iniciaron su conquista del mundo para posteriormente irle variando hasta llegar al rock más clásico? Soy un anticuado, lo sé, pero a pesar de que su historia musical ha sido construida sobre una base de instrumentales melódicos, destacados por la destreza y virtuosismo de The Edge y la voz expresiva de Bono, a las que se suma la poderosa base rítmica de la batería de Mullen y el bajo de Clayton, ya no me atraían tanto.

Pero llegaron los 2000s, y con el inició de la década regresaron un poco a sus raíces: medio rock, medio pop, justo con All That You Can’t Leave Behind. ¿Algo nos querían decir respecto a su frívolo pasado? De ahí agarraron carrera y se pusieron a tocar buen rocanrol. Claro que sus conciertos siguen siendo monumentales y tienen millones de seguidores en todo el mundo, pero ahí está la esencia de la banda, que sigue a la fecha (y hasta regalaron un disquín en iTunes). Por eso: U2, con o sin ti, puedo vivir. Nos vemos donde las calles no tienen nombre.

Por Alex Fulanowsky

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