Se dice que el blues es la base del rock, que sin el primero no existiría el segundo. También se dice que si Robert Johnson jamás se hubiera aparecido por ahí, quizá el mismo blues no tendría algún significado musical.

Cuenta la leyenda (esa que se escribe con letras de oro en la historia de la música) que de la noche a la mañana, Robert Johnson se convirtió en el Rey del Blues del Delta. ¿Y cómo fue eso posible? Pues según cuentan, recibió clases de guitarra de ni más ni menos que del gran acá, o sea del Diablo, y el aula fue un cruce de caminos, ahí nomás.

Este hombre, al que se le veía muy a menudo con su acústica Gibson L-1, quizá no sea el bluesman más innovador pero sí el más influyente y legendario de la historia del género. Fue concebido y educado en el Delta del Mississippi a principios del siglo xix, donde convivía con los trabajadores que exteriorizaban su sentir, de una melancolía frecuente. Johnson escuchaba sus tristes historias mientras trabajaban en los campos, específicamente en las plantaciones de algodón.

El alumno

Johnson nació el 8 de mayo de 1911 en la localidad de Hazlehurst, Mississippi (Estados Unidos). Bautizado Robert Leroy Johnson, era hijo de Julie Ann Majors, una hija de esclavos que tuvo a su hijo con un jornalero que andaba de paso por esas tierras llamado Noah Johnson. Julie se había separado por un tiempo de su esposo Charles Dodds Jr., que se dedicaba a la carpintería y también era hijo de esclavos, el cual había salido adelante para tener su casa propia.

Robert dejó de manera temprana sus estudios para dedicarse a la pizca de algodón en una plantación en Robinsonville, al sur de Memphis. Ahí fue que inició su afición por el blues. Comenzó a tocar la armónica con gran habilidad, aunque él prefería aprender a tocar la guitarra como sus ídolos Son House, Willie Brown, Lonnie Johnson, Ike Zinneman, Charly Patton o Skip James.

En febrero de 1929, Robert contrajo nupcias con una joven llamada Virginia Travis, quien falleció a los 16 años, justo en el momento del parto. Eso golpeó muy duro a Johnson, ocasionando que desapareciera durante un buen tiempo del mapa, refugiándose en el blues y convirtiéndose en una alma errante.

Se fue por un tiempo a Hazlehurst, Missisipi. Ahí se casó con una mujer bastante mayor que él llamada Callie Craft, para ver si se le olvidaba un poco su dolor. Pero la unión no resultó y se regresó a Robinsonville, tocando en todo tipo de lugares de mala muerte, combinando su afición por la música con su gusto por las mujeres y el alcohol en exceso.

Aquí el problema era que Johnson sabía tocar muy bien la armónica pero con la guitarra no era muy hábil que digamos. El cantante Willie Brown, quien le enseñó algo de guitarra, le presentó al músico de blues Son House, a quien Johnson admiraba, sobre todo por la forma de tocar la guitarra y los sonidos que de ella producía. Rápido, Son House lo metió a que tocara antes de cada presentación en la que él era el estelar, pero no era muy del agrado del público, y éste le reclamaban a House. House intentó convencer a Johnson de que tocara la armónica, pero él no quería soplar aquella cajita. Lo que quería era tocar el blues con su guitarra. Más adelante, House se tragaría sus palabras de convencimiento.

La metamorfosis

En 1931, Robert Johnson salió en busca de su verdadero padre, pero lo que no sabía era que durante su travesía se convertiría en la leyenda más grande del blues. Después de un período significativo de ausencia, Johnson se presentó nuevamente con Son House y le pidió que lo dejara tocar con él. Antes de que Son pudiera decirle algo, el bluesman cogió su guitarra y comenzó a tocar. Lo que tocó no sonó horrible, como antes. Su sonido había mejorado, y la técnica era diferente, derrochando un talento nunca antes visto. House, que antes no quería ni escucharlo, se quedó de a seis, y encontró sólo pudo encontrar una explicación lógica “Ha vendido su alma al Diablo para tocar así”.

La noticia comenzó a correr de boca en boca y así arrancó la leyenda, que iba más o menos así: “En su viaje, Robert Johnson se había reunido con el Diablo en el cruce de las autopistas 49 y 61 en Clarksdale, Mississippi, y le vendió su alma a cambio de dominar la guitarra como nadie antes lo había hecho. Ahí, en ese cruce, fue el escenario donde en una medianoche, un hombre vestido de negro cogió la guitarra del bluesman y la afinó a cambio del módico precio de su alma”.

Robert Johnson era consciente de todos estos rumores, pero en lugar de negarlos, se aprovechó de ellos y guardó silencio respecto al tema para llevar consigo ese halo de misterio y también para hacerse propaganda con canciones como “Me and the Devil Blues”, “Hell Hound in My Tail” y “Cross Road Blues”, las cuales sirvieron para hacer más grande la leyenda… Pero ¿realmente fue el mismísimo Satanás quién otorgó este nuevo don al guitarrista?

La respuesta es NO. El demonio que instruyó a Robert Johnson no procedía del Infierno, sino de Alabama, y su nombre era Ike Zinnerman, un músico de blues que aprendió a tocar la guitarra bajo la luz de la luna de medianoche en los cementerios. Zinnerman fue el maestro que logró que, a base de mucha práctica, Johnson llegara a ser el Rey del Blues.Robert Johnson

El cobro de la deuda

Sin embargo, el Diablo se “cobraría” su deuda demasiado pronto. En 1938, Robert Johnson, que sólo grabó 29 históricos temas, entre ellos “Terraplane Blues”, “Sweet Home Chicago”, “Preachin’ Blues”, “Kind Hearted Woman Blues”, “Stop Breaking Down”, “Come on in My Kitchen”, “Love in Vain” y “Rambling on My Mind” falleció en forma trágica.

Mientras actuaba junto a “Honey Boy” Edwards en el local Three Forks, ubicado en Grenwood, un pueblo de Mississippi, Johnson se había ligado a una guapa joven que resultó estar casada. El marido, ofendido, envenenó el whisky de Robert.

En la agonía de su muerte, que duró como tres días, Robert Johnson se convulsionaba y aullaba como un lobo. Falleció el 16 de agosto de 1938, a los 27 años. Dejó este mundo como uno de los primeros músicos en unirse al Club de los 27.

Aunque grabó pocas canciones, Johnson dejó un testamento sonoro, esencial para el crecimiento del blues, influenciando a gente como Elmore James, B. B. King o Muddy Waters, y tambipen del rock, haciéndose seguidores suyos de gigantes de la talla de Eric Clapton, Jimi Hendrix, Brian Jones o Keith Richards.

Muchos de sus admiradores versionaron temas suyos. Entre ellos están los Rolling Stones (“Love in Vain” y “Stop Breaking Down”), Bob Dylan (“Kind Hearted Woman Blues”), los Allman Brothers (“Come on in My Kitchen”), Stephen Stills (“Crossroads”), Led Zeppelin (“Travelling Riverside Blues”), Greatful Dead (“Walking Blues”), The White Stripes (“Stop Breaking Down”), Beck (“Last Fair Deal Gone Down”) y, por supuesto, el citado Eric Clapton, que adaptó a su estilo casi todas las canciones de Johnson.

Por Alex Fulanowsky

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