Soy más subversivo que usted

-Pedro Lemebel-

I

De Guanajuato no sabía nada más que era una palabra que sonaba bien, en esa noche de adultos casi sustentables, en que nos emborrachamos en el atajo de una carretera. Menares fumaba y yo pensaba en esas tantas canciones que decía tener y que nunca escuché. Se las pedía y se le olvidaban al querer tocarlas, pero sí las contaba. Una se trataba de hombres y mujeres que salían a caminar por el centro de Guanajuato a las tres de la mañana, y se encontraban en una plaza que no hacía falta describir, porque lo importante en la obra invisible de Menares eran las personas.

II

Guanajuato no era opción para nosotros frente al Google de un computador sucio, porque como buenos chilenos de apellidos normales y pantalones con parches, sucumbíamos a Nueva York y a las postales de Scorsese y Ford Coppola. Más por hueás visuales que por otra cosa, decía Menares, que en su cabeza tenía cientos de películas al lado de cientos de canciones que son parte del legado imaginario.

III

Hablamos de Guanajuato en los pastos de la USACH, antes de que los guardias nos pidieran credencial. Era la época en que las mejores movidas estaban ahí, en la universidad que envidiábamos, comprando promociones de cervezas de litro en la calle Matucana. Hasta opciones con chiquillas pueden salir, decía Menares con esa sonrisa apurada que esperaba respuesta. Te apaño Menares, porque fuimos visionarios: nosotros fuimos hueones culturales antes de Internet. Vimos películas viejas gratis en el Montecarmelo y en el Cine UC, y nos creíamos bacanes por eso.

IV

Y nos encontramos con Guanajuato en esa película de Buñuel, en la que un hueón entero loco le quería coser la vagina a su mujer. La mansa volaíta, decía Menares; hay hueones celosos desde la época del blanco y negro. Buñuel fue hallazgo de Menares en VHS, antes de Taringa y de Netflix. Íbamos a comprar los cassettes a esas tiendas improvisadas que resistieron en Santiago más que Blockbuster.

V

Vamos a Guanajuato, Menares, a quebrarnos de que éramos chilenos culturales a pesar de nuestras diferencias de estatura. A contarle a los mexicanos que un día un hueón te quería pegar, solo porque medías 1.90, y te pusiste a mear en el urinario de al lado. No tengo los traumas que tienen los hueones cagados del mate, me dijiste cuando te pregunté qué había pasado, y nos reímos pero ni tanto; había que seguir inventando.

VI

Y Guanajuato nos perseguía como la edad tridimensional, cuando cachamos que en el antro de la calle Vergara había un poster de la ciudad. Y conocimos el Teatro Juárez y la Giganta de Cuevas, y un pedazo de esa plaza con los árboles que siempre vamos a envidiar. Y Menares se acordaba de la Giganta cuando fumaba marihuana; y se acordaba de la película de Buñuel, aunque para ese entonces se había cambiado al Buñuel francés.

VII

Vamos a Guanajuato, Menares, y contémosle a los mexicanos que nosotros además de pasarnos películas, sabíamos de películas, aunque los abajistas con casa en la playa nos miraban con asco, porque nos veían tomando el bus en el paradero. Vamos a Guanajuato, Menares, a contar que nosotros iniciamos las tertulias sobre Mistral y Neruda, y nos ganamos la cruz de unos viejos barbones por valorarla más a ella que a él.

VIII

En Guanajuato, Menares, vamos a conocer las famosas callejoneadas y nos vamos a cagar de la risa. Vamos a sacarnos fotos con el Pípila que en tu película lo haría Gael García. Vamos a sacarnos fotos con ese fondo que se parece a Valparaíso. Y vamos a ver si es verdad que hay una pieza de hotel que se llama Neruda; y que tres de las cinco mil escuelas que se llaman Gabriela Mistral en México, están en Guanajuato.

IX

En el peor de los casos, Menares, vamos a Guanajuato a sacarnos fotos con ese doble del Quijote que anda por el Jardín de la Unión, y lo ayudamos con unas monedas comprándole poemas. De paso le contamos que el Quijote de Picasso se vende hasta en las ferias más pobres de Chile, y que aunque España nos odie, pa nosotros Buñuel es más mexicano que español.

X

Vamos a Guanajuato, Menares, a explicar nuestras palabras marginales, para que ellos y nosotros leamos igual de motivados, y sepan todos en Guanajuato que lo nuestro con la RAE es un problema interminable.

Por Víctor Hugo Ortega C.

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