Te hechicé porque eres mía

Será mejor que detengas las cosas que haces

No miento, no, no estoy mintiendo,

No puedo soportarlo nena,

La forma en que siempre estas corriendo

No puedo soportarlo, la forma en que siempre me dejas, te hechicé porque eres mía

Te hechicé porque eres mía.

Las letras con que empezamos esta historia corresponden, aunque no lo crean, a una canción de amor. Se lee muy posesiva y desgarradora a la vez. Esta canción es muy popular pero a la vez desconocida, y más en su versión original. Me refiero al tema “I Put I Spell on You” (“Te hechicé”), escrita y “gritada” literalmente por el gran Screaming Jay Hawkins, el Bluesman más original de la historia.

Grupos como Kiss, Alice Cooper, Black Sabbath, Ted Nugent, Ozzy Osbourne, Marilyn Manson, Misfits, Gwar, La Suciedad de las Sirvientas Puercas, Dr. Fanatik y otros más se inspiraron en Screaming Jay Hawkins para hacer de sus presentaciones en vivo actos meramente basados en temas referidos al vudú, el demonio y diversos rituales entre el terror y la parodia.

Pero ¿quién fue este gran artista precursor del rock teatral, mejor conocido como shock rock? (Aquel en la que en cada presentación pública los involucrados utilizan diferentes elementos como lumbre, murciélagos de plástico, pintura corporal, aparatos de tortura, calaveras, disfraces y otros elementos tétricos para impresionar.)

Un 18 de Julio de 1929, una señora de identidad desconocida caminaba presurosa por las calles de Washington D.C., por cuestiones conocidas por nadie. De pronto fue abordada por unos sujetos que le propinaron una golpiza y la subieron a un autobús que iba a Cleveland. Ahí llegó justo a tiempo para parir a su hijo e ingresarlo en un orfanato, y luego desaparecer de forma tan misteriosa como llegó. Ese niño, bautizado con el nombre Jalacy J. Hawkins, después de vivir 18 meses en el hospicio, fue acogido por unos indios pies negros. Como entonces no había tantas trabas para adoptar un niño, su padre adoptiva lo llevó a vivir junto con sus 15 hijos, cada uno de padre distinto.

Desde niño aprendió a tocar el piano y a componer música (siempre quiso dedicarse a la opera). Se metió al conservatorio de Ohio a estudiar piano, pero también creció observando, fascinado, los rituales de magia y vudú que realizaba su madre adoptiva. Ya con 14 años, empezó su vida salvaje dejando el instituto y comenzando a boxear. No conforme con esto, entró al ejército mintiendo sobre su edad (sólo aceptaban gente a partir de 15 años), todo con la finalidad de participar en la Segunda Guerra Mundial. Ahí comenzó a tocar el saxofón, dedicándose a entretener a las tropas americanas en los Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Japón y Corea. Pero fue herido y, un tanto decepcionado de la vida militar, regresó a su Cleveland natal, donde abundaban los problemas raciales y económicos, ya que la vida era muy dura a finales de los ’40.

De esta forma, Screamin’ encontró nuevamente en el boxeo una manera de sobrevivir, convirtiéndose pronto en un sobresaliente campeón amateur peso medio. En 1947 fue convocado nuevamente al ejército durante la Guerra de Corea, pero esta vez se hizo pasar por loco en los exámenes médicos, empleando las escenas de vudú que había visto en su infancia. Las autoridades lo consideraron “no apto” y fue trasladado a Virginia, donde el blues lo estaba esperando.

Screamin’ tocaba y cantaba de vez en cuando en bares de mala muerte. Su voz rasposa y grave llamaba mucho la atención por emplear métodos algo distintos y muy raros al interpretar cada canción.

Puse un hechizo en ti

Como buen músico, Screamin’ se la pasaba tocando con quien podía, cambiando de banda de manera muy frecuente. Estuvo en el grupo de Fats Domino, pero lo batearon porque su vestuario desentonaba con la vestimenta del resto del grupo; Screamin’ a menudo salía al escenario con un traje color piel de leopardo y un turbante. Pero la gente comenzó a hablar de él.

En noviembre de 1955 grabó su canción más famosa, “I Put a Spell on You”, para el sello Grand Recrods. La canción era netamente de amor, a manera de balada, dedicada a una ex-novia para que volviese con él. Se distribuyeron algunas copias hasta que en diciembre de 1955 Screamin’ Jay firmó de manera oficial con el sello Okeh, una subsidiaria de Columbia Records. El productor Arnold Maxim le propuso volver a grabar “I Put A Spell On You”, esta vez como un blues, para que sonara más salvaje. Hawkins se negó, así que Maxim, haciendo un poco de trampa, organizó un picnic en el estudio justo antes de la grabación. Corrieron litros de cerveza, de vino y de whiskey, además de cantidades enormes de costillas, pollo y papas asadas. Hawkins y los músicos se pusieron un atracón bárbaro. Después de la comilona y una gran cruda, Screamin’ no recordaba nada de la grabación del día anterior). Cuando escucha la grabación, no puede creer que es él quien canta, pero quedó convencido al ver las fotos tomadas durante la sesión. De todos modos no había quedado muy conforme con la grabación; hasta quemó una copia del disco.

“I Put A Spell on You” fue un parte aguas en la carrera de Hawkins. Antes era sólo Jay Hawkins, pero después del enorme trancazo quedó bautizado para la historia como el auténtico Screamin’ Jay Hawkins. Al principio la canción fue prohibida en las estaciones de radio de toda la Unión Americana, ya que los radioescuchas decían que se les enchinaba la piel nada mas de escucharla; les sonaba bien “caníbal,” como si un hombre se estuviera comiendo a alguien, una volcánica balada repleta de aullidos, carcajadas, semejando una posesión infernal. Así que recortaron las partes ofensivas, y se convirtió en un gran éxito.

La rola en cuestión tiene, además, un extraño record: cuenta con casi 40 versiones distintas, entre las que destacan las del Creedence Clearwater Revival (un viajesote cósmico y la mejor versión para mi), Nina Simone (muy cachondona ideal para “ese” momento), Annie Lennox (buena, pero un poco empalagosa), Marilyn Manson, David Gilmour y una nueva versión grabada en los ’80 por el propio Hawkins.

Momentos Screamin’ Jay Hawkins

Cuando hablamos de los recursos un poco inusuales que empleaba en el escenario el singular Screamin’, cualquiera puede decir que se trata de un vociferante esquizofrénico escapado del manicomio. Su vestimenta tampoco le ayudaba en mucho: pieles de leopardo, cuero en diversos tonos chillones y llamativos, mallas, huesos; se hacía acompañar de su calavera Henry, con la que platicaba cómo si fuera real. Vamos, era como un Little Richard pero más psicótico, toda una escatología sonora.

En 1953 cantaba en un tugurio de Virginia: “Había en el público una mujer enorme”, contó Screamin’ en una entrevista del diario francés Libération. “Era obesa, bestial, no paraba de tomar whiskey Black & White y Jack Daniels (de los dos al mismo tiempo). No me quitaba la vista de encima y me gritaba: Scream, baby. Scream Jay. Yo me dije a mi mismo: ‘¿Buscabas un nombre artístico? Bueno, lo acabas de encontrar’”.

En diciembre de 1956, Screamin’ actuó en un programa especial de Navidad de Alan Freed —un respetable disc jockey (así se llamaban los locutores en la antigüedad, niños) que le dio el nombre al rock ‘n’ roll— en Nueva York. Apareció en el escenario dentro de un ataúd envuelto en llamas. También usó para la ocasión una serpiente de goma, esqueletos, una maquina de humo y una capa de satín negro. Eso sí, sin perder el espíritu navideño.

En un principio a Hawkins no le emocionaba la idea de aparecer dentro del ataúd, pero Alan Freed le ofreció 2 mil dólares si lo hacía. El acto se convirtió en todo un clásico de sus presentaciones, pero también en todo un fastidio, ya que ni las funerarias ni los fabricantes querían vendérselos por el uso “irrelevante” que les daba. Aparte, a menudo los asustaba.

Para evitar quedarse atrapado en los ataúdes, Screamin’ colocaba una caja de fósforos en el mecanismo de cierre para evitar que el pestillo quedara insertado. En una ocasión, en el Teatro Apollo, pidió a un miembro de los Drifters (sí, aquellos que cantaban la de “Under the Boardwalk” y que aquí en nuestro país la coverearon poniéndole muy atinadamente el nombre de “Fue en un café”) para que colocase la caja de fósforos pero creo que al tipo se le olvidó colocarlo. Screamin’ se metió al ataúd, lo sacaron al escenario, y se dio cuenta de que no podía salir, y empezó a llorar, gritar y a pegar patadas, lo que hizo que el ataúd cayera al suelo y se abriese. El publico pensó que era parte del espectáculo, pero él, encabronadísimo, se le olvidó que estaba en público y empezó a golpear a todos los miembros de los Drifters que podía y no volvieron a hablarse en siete años.

En 1958 grabó su primer LP, At Home With Screamin’ Jay Hawkins, e hizo una gira de promoción por los Estados Unidos con los blueseros Chuck Willis y Nappy Brown, cada uno con un cadillac y una caja de Whiskey, Bourbon y Brandy, parándose en el plena calle y en cualquier esquina para improvisar un bar.

En la misma gira, durante la actuación de Nueva York, Hawkins salió del ataúd llorando y rascándose. Habían metido un mono con él en el ataúd, y el pobre animal tenía diarrea.

En el show de Chicago, el propietario del club donde se presentó no quiso pagar los honorarios correspondientes, así que Screamin’ puso tres veces más pólvora para los efectos especiales, cuando le dijeron que prendiese fuego a la mecha…

Desde el ’59 al ’62, estuvo 22 meses en prisión por motivos que a la fecha se desconocen.

Cuando Shoutin’ Pat (su ex-novia) se enteró de que Screamin’ se casaba con su primera esposa, la cual había conocido en Honolulu, Hawái, lo atacó con un cuchillo de carnicero de 22 cm, perforándole el diafragma y un pulmón, lo que lo mandó al Hospital por un tiempo, el mismo que aprovechó para componer canciones, entre ellas “Constipation Blues” (“El blues de estreñimiento”), que se ha convertido en un clásico del rythm’ n’ blues y que habla de sus problemas intestinales: “Me encontraba constipado desde hacía cuatro días. Tenía el vientre hinchado como un perro envenenado. Yo gritaba del dolor y compuse una canción que me dio buen dinero”.

En 1981 actuó como telonero de los shows de los Rolling Stone. En un concierto en el Madison Square Garden, en 1983, apareció en la televisión francesa cantando sus éxitos y también salió de gira por Australia con Nick Cave en 1985.

Y no sólo se dedicó al negocio de la música, también trabajó como actor en películas de directores tales como Jim Jarmusch y Alex de la Iglesia.

Se rumora que cuando falleció, el 12 de febrero de 2000, Screamin’ dejó 57 hijos huérfanos, según sus propias cuentas. La gran mayoría de ellos ni los conoció, pero también ya aparecieron más de 75 en todo el mundo, y hay un sitio en Internet para seguir buscando. Es increíble pero hay gente que cree que es heredero del bluesman Screamin’ Jay Hawkins. En los últimos años de su vida, Screamin’ había declarado al mundo entero que había echado mucho más que un hechizo en las mujeres que se le habían acercado a lo largo de cuatro décadas de carrera musical, y hay que creerle.

Antes de despedirnos quisiera presentarles la letra de ese tremendo tema titulado “Constipation Blues”. Escatología pura. No cabe duda que ese Screamin’ Jay Hawkins era todo un loquillo. 

Damas y caballeros, la mayoría de la gente graba canciones sobre el amor,
el desamor, la soledad, el romperse… nadie salió y
grabó una canción sobre el dolor real. La banda y yo acabamos de regresar
del hospital general donde agarramos a un hombre en la posición correcta.
Nombramos esta canción: “El Blues de la constipación”.
Umm-ummmh, aeoh
Umm-uoomh
¡Oh!
!Oh!
Uh uh
Aaah
Uah aah
¡Déjalo ir! ¡Déjalo ir! ¡Déjalo ir! ¡Déjalo ir!
No creo que pueda tomar mucho más
Déjalo ir
Aah
Tengo un dolor en el interior
No se negará
Si cada vez que intento
No puedo estar satisfecho
¡Déjalo ir!
Woah, ummh
Déjalo, déjalo ir!
Oh!
Waaaaoooh!
Este dolor en el interior
Simplemente no me deja estar satisfecho
¡Déjalo ir!
¡¡¡Chapoteo!!! Spshhh
Siento, ah, me siento bien
Sí, estoy empezando a sentirme bien
¡¡¡Chapoteo!!! Shpsh

Te digo que todo va a estar bien
¡Chapoteo!
Enjuagar
Uf
Uf
Uf…
Se Siente bien.

Por Alex Fulanowsky 

 

El Blues salvaje de Screamin jay HawkinsDibujo por: Alejandro Daniel H.C.

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