OBRA: Los 43 de Iguala. México: verdad y reto de los estudiantes desaparecidos

AUTOR: Sergio González Rodríguez

EDITORIAL: Anagrama

AÑO: 2015

Sergio González Rodríguez (Ciudad de México, 1950) es un escritor y periodista mexicano, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de Méxic, reconocido por registrar a través de sus libros episodios oscuros de la historia de México. Uno de los libros que más prestigio le ha proporcionado, sobre todo por los datos que ahí aparecen, es la reconstrucción que realiza de los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua. Otra faceta artística de Sergio González es su participación como músico el grupo de rock y jazz Enigma.

En 2015, Sergio González eligió otro tema controvertido para la historia nacional mexicana: la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

Es sabido que de este tema se han escrito numerosos libros, informes, artículos, entre los cuales se mezclan la realidad con la ficción, o mejor dicho, la verdad con la mentira, la luz con la oscuridad, los inocentes con los culpables, las victimas con los victimarios, la verdad histórica con la simple verdad, etc.

He leído el informe oficial del gobierno mexicano acerca del suceso. He leído también el “Dictamen sobre el basurero en Cocula” presentado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF, 2016), el “Informe Ayotzinapa” publicado por el grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI, 2015) y múltiples artículos en revistas y periódicos. Sin embargo, Los 43 de Iguala. México: verdad y reto de los estudiantes desaparecidos es un libro diferente. Muestra este horrible suceso reconstruyendo lo social y lo político como categorías que permiten una construcción más amplia de la situación de Iguala y de Guerrero, sumadas al contexto de ingobernabilidad que sufren algunos otros estados del país.

Para González, lo acontecido en Iguala no es un hecho aislado. Cientos han muerto y han desaparecido en Guerrero y nadie había dicho nada. Miles han muerto y desaparecido en todo el país a raíz de la llamada Guerra contra el narcotráfico y pocos de estos crímenes se denuncian o se persiguen. Para muchos (y me parece que también para nuestro autor) el Estado ha omitido por años a estos actos delictivos perpetrados por grupos criminales bajo los ojos de las autoridades.

Otro elemento diferente en el texto de González es el análisis que hace acerca de los actos delictivos que en muchas ocasiones los estudiantes de las normales del país, y en especial los de Ayotzinapa, realizan, perjudicando a la población en general. Por ejemplo: la toma de carreteras, el cobro de peaje en las casetas de las autopistas, el cierre de instalaciones y rutas importantes para el comercio y el turismo, etc. Es decir, el libro expone los claroscuros en la tragedia de los estudiantes de Ayotzinapa, el adoctrinamiento político que existe en algunas normales rurales, los rituales de iniciación, la exclusión de las mujeres, el destino desconocido que tienen todo el dinero que recaudan en casetas y cooperaciones “voluntarias”, etc.

Por supuesto, nada de lo anterior justifica el terrible destino que los estudiantes tuvieron, pero sí evidencia la omisión de las autoridades, el hartazgo social y la participación soterrada de grupos criminales y agencias de inteligencia internacionales (la CIA, por poner un ejemplo).

El texto también proporciona una reconstrucción de Guerrero como la cuna de dos de los más importantes guerrilleros mexicanos: Lucio Cabañas y Genaro Vásquez, los dos egresados de la Normal de Ayotzinapa. Esta historia guerrillera parece, según el autor, haber marcado a buena parte de la población pobre y rural guerrerense, quien al parecer ha encontrado en la cuota del sacrificio y la sangre un pretexto ideológico para la insurrección contra el Estado.

Finalmente, alguien debe saber qué les pasó a los estudiantes de Ayotzinapa. Mientras la verdad no salga a la luz, seguiremos escuchando variadas e increíbles versiones de unos hechos que continuaran avergonzando a los mexicanos por generaciones.

Por ahora recuerdo la canción de “Violeta Parra”, en voz de Mercedes Sosa:

Que vivan los estudiantes

Jardín de nuestra alegría,

Son aves que no se asustan

De animal ni policía

Y no le asustan las balas

Ni el ladrar de la jauría

Caramba y zamba la cosa

Que viva la astronomía

Por Elsa María Blancas Moreno

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

Comments

comments